Aarón no recordaba haber tenido en su vida semejante cabreo. Caminaba a grandes zancadas de nuevo al bosque de Froxá, gruñendo de vez en cuando. Había ido a salvar a su hermana, a la que había creído muerta, y esta le había desdeñado. ¿Cómo podía ser tan desagradecida? Tan solo la había cortado de lado a lado su espada, y sin querer ¡No había sido para tanto! Sin embargo ella era muy rencorosa. Y para colmo, como si no tuviese ya suficientes cosas para cabrearse, esos desgraciados de la Cábala la había convertido en un hombre… ¡¿Cómo había osado?!
Puede que Aarón estuviese cabreado con hermana y esta ya no mereciese ser rescatada por él después de cómo lo trató la última vez. Sin embargo, esa gente de la Cábala pagaría por lo que la habían hecho. Por el simple hecho de tocar lo que no era suyo. Así lo pensó el bárbaro y así lo haría.
Ahora debía volver a ese retorcido bosque parlante y discutir con él hasta que le devolviese su preciada espada. Y usaría la fuerza si fuese necesario. Una vez recuperase su arma volvería al Coliseo y les daría un buen repaso a todos. Eso calmaría su irrefrenable ira.
Cuando Aarón llegó al bosque de Froxá procuró acelerar el paso para llegar a su centro lo antes posible. Según avanzaba entre la espesura fue cayendo en la cuenta de que no estaba como recordaba haberlo dejado. Los árboles se habían multiplicado de forma exagerada, y ahora median docenas de metros más. La maleza lo cubría todo casi como si de verdes arenas movedizas se tratasen. Aquel bosque había crecido y mutado, transformándose en un estrafalario océano de retorcida vegetación.
Pero, por supuesto, no fue el bosque lo único que había cambiado. Las criaturas que lo habitaban también. Se había hechos más grandes y fieras. Incluso algunas se habían cruzado con otras originando extraños variopintos especímenes que parecían sacados de una mente enferma. Había insectos gigantes, ardillas con alas de murciélago y garras de halcón, los tontukos se habían convertido en tontísimos… Y había cientos de especies más que Aarón ni conocía ni tenía el más mínimo interés en conocer. Él continuaba su avance, imperturbable, casi arrastrando las piernas entre aquella profunda alfombra verde. Ni tan siquiera prestaba atención a las alimañas que salían a su encuentro a las que, simplemente, aplastaba. Aunque le advirtiesen que tuviese cuidado por donde pisaba. Y si alguna criatura de mayor tamaño le salía al paso, su vara daba buena cuenta de ella. No paso mucho tiempo hasta que la fauna mutante froxana consideró la opción de no acercarse a él. El propio bosque y sus criaturas habían comenzado a sentir el latente poder que ardía en interior del bárbaro. Un poder que les intimidaba en la misma medida que los atraía. Un poder que el mismísimo bosque le había otorgado. Un poder que lo situaba como el nuevo e indiscutible líder del bosque. (Eso y que era muy bestia).
Finalmente, y después de un largo camino, llegó hasta su destino. Aunque lo que había frente a él no le hizo gracia alguna. El montículo donde estaba el cadáver de Rafatus, que anteriormente había crecido hasta convertirse en una pequeña montaña, ahora era enorme montaña, de forma cónica, muy similar a la de un volcán, y totalmente cubierta de árboles muertos y pútrida vegetación.
-¡Me cawen la…!
Por si no tenía ya bastante con su cabreo ahora tenía escalar aquella montaña. Aquel sí que había sido un mal día.
Aarón trepó la empinada colina con manos y dientes, cagándose en todo lo cagable. Cuando por fin alcanzó la cumbre observó el inmenso agujero ante él, el cráter que albergaba el cuerpo sin vida del Rafatus y… su espada. El epicentro del poder del renacido bosque de Froxá.
-¡Eh! ¡Bosque estúpido! –Gritó Aarón al interior del oscuro agujero-. ¡Quiero mi espada a la de ya!
-Así que has vuelto, Aarón –respondió aquella profunda y mística voz desde sabe dios donde.
-¡Sí! ¡He vuelto a por mí espada! ¡Así que o me la das o bajo a por ella!
-¿Qué hay del regalo que te di?
-¡¿Este palo de mierda?! ¡Toma!
Y lo lanzó al interior de aquel pozo ciego. Sin embargo, no pasaron ni dos segundos cuando el palo emergió de aquellas oscuras profundidades, yendo de nuevo a la mano de Aarón, que con un gruñido volvió a tirarlo dentro, aunque obtuvo el mismo resultado.
-¡Argh!
El barbaró partió la vara en dos con la rodilla y tiró de nuevo ambos trozos al cráter. No obstante, la vara volvió a emerger de igual manera, de nuevo siendo una única pieza.
-¡Se acabó! ¡Ahora verás!
Y dicho esto se lanzó al interior del foso, pero una rama salió de las profundidades, agarrándole, y volvió a dejarlo al borde del cráter. Aarón se llevo las manos a la cabeza y empezó a gritar de furia.
-Cálmate –susurró la voz del bosque-. No puedo dejar que te llevas la Espada del Gitani.
-¡Es mía! ¡Mía!
-Mira a tu alrededor, Aarón. Observa lo que el Gitani ha conseguido. Ha insuflado de nueva vida el seno del bosque. Ahora somos más fuertes. Y mientras la espada siga aquí nuestra fuerza seguirá aumentando.
-¡Que no me cuentes tu vida! ¡Que me des mi espada! ¡Que me voy a cabrear de verdad!
-¡Piensa, bárbaro! Te he otorgado un poder mucho mayor que él que esa espada pueda darte. Ahora eres capaz de prodigios que jamás lograrías con la Espada del Gitani en tus manos.
-¡¿Pero de qué coño hablas?! –Gritaba Aarón, cada vez más exasperado.
-Ahora el poder de Froxá reside en ti. Tú y el bosque, el bosque y tú, ambos sois uno.
-Que cutrez…
-Mientras el poder del bosque crezca tú poder crecerá. Por eso la espada debe permanecer donde está.
-¡Y una mierda! ¡Devuélvemela!
La voz soltó una especie de suspiro, y casi se lo oyó farfullar algunas palaras por lo bajo, algo así como “este tío es muy tonto”.
-Hagamos un trato.
-¡No quiero tratos!
-Usa una vez más el arma que te di.
-¿El palo de mierda? Úsalo tú si quieres.
-Esa vara tiene el poder de la vida. De la creación.
-¡Pero es que yo no necesito crear! ¡Necesito destruir! ¡Tengo que cargarme a esa gentuza de la Cábala por lo que le hicieron a mi hermana!
-Nunca subestimes el poder de la creación, bárbaro. Muy pocos tienen el privilegio si quiera de saber lo que sentiente al poseerlo.
-¡Chorradas!
-Dices que quieres vengarte de la Cábala, pero para eso necesitarás un ejército.
-¡¿Qué ejército ni que ostias?! ¡Tú devuélveme mi espada y ya verás!
-No es solo la Cábala a lo que te enfrentas. Al norte está creciendo un nuevo peligro. Un peligro como no puedes imaginar.
-¡Bla, bla, bla!
-Cuando esa fuerza y la de la Cábala colisionen Froxá estará en medio. Pero tú puedes impedirlo.
-¡Oblígame!
-Ahora eres el señor de Froxa, te ayudaré a crear un ejército y con él podrás destruir a la Cábala y, llegado el momento, impedir que aquel peligro que se está gestando en el norte llegue a extenderse por todo el continente.
-¡Me estás cansado! ¡Devuélveme mi espada, bosque estúpido!
-Haz lo que te he dicho. Usa el poder que te he dado una vez más. Enfréntate cara a cara con tu hermano.
-Hermana.
-Como sea. Hazlo así, y si no obtienes lo que querías, tú espada te será devuelta. Créeme, tienes más poder del que crees. Ahora debes aprender a usarlo…
Y dichas esas últimas palabras la voz se fue alejando, disolviéndose con la brisa en un lejano eco.
-¡Qué no! ¡Que me devuelvas mi espada! ¡Oye! ¡¿Me está escuchando?! ¡¿Eh?! ¡Eh! –Aarón maldijo para sus adentros-. Voz estúpida, ahora se hace el sordo.
De muy mala gana Aarón comenzó a descender de nuevo la montaña. Haría lo que la voz del bosque le dijo, iría a enfrentarse a su hermana (y ya que estaba a la Cábala entera). Pero de no salir las cosas como él que quería, volvería a por su espada y a rendir cuentas con aquella estúpida y tramposa voz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario