viernes, 17 de junio de 2011

Capítulo 6: Reencuentro Fraternal

Se había cercado un buen trecho del terreno circundante al coliseo, y allí se presentaban los voluntarios que querían labrarse un futuro en el terreno de la construcción, y nada menos que como mano de obra para el nuevo gran coliseo de Cábala ¿Había una oportunidad mejor?

Unos guardias ocupaban la entrada al recinto, tomando los datos de los voluntarios.

Un chaval, moreno y barbudo, que llevaba –casi a rastras- a un burro, se presentó ante uno de los guardias cuando ya llegó su turno.

-No se permiten animales –le informó el guardia, mirando de reojo al burro.

-Ah, pues me parece muy bien –respondió el chaval, con una radiante sonrisa-. ¿Le doy ya mis datos?

-No podrá pasar con eso –insistió el guardia.

-¿Con qué?

El guardia señaló al burro.

-Con ese burro.

-¡Ah! Pero si no es un burro, es mi hermano.

El guardia se les quedó mirando durante un buen rato, paseando su mirada del burro al chico, del chico al burro.

-Oh, en ese caso está bien –dijo finalmente el guardia, encogiéndose de hombros y centrando ahora su atención en los papeles que tenía en la mano-. ¿Nombres?

-Yo Murga, y él piraña.

-¿Para qué trabajo están capacitados? ¿Alguna especialidad?

Murga sopeso la pregunta durante un momento, en una pose pensativa digna de ver. Pero al final se limitó a negar con la cabeza, enérgicamente.

-No, ninguna. Pero creo que estamos capacitados para cualquier trabajo.

-De acuerdo, peones de mierda –dijo el guardia, mientras terminaba de apuntar datos-. Pueden pasar.

-¡Gracias!

Y así, más feliz que nadie, Murga entró en el recinto, arrastrando a su fiel compañero. Lo cierto era que no sabía si sentirse bien por el hecho de que había logrado engañar al guardia o sentirse profundamente ofendido porque habían confundido al burro con su hermano. En cualquier caso, Murga no pecaba precisamente por su discreción, asique, una vez hubo entrado, se dio la vuelta y comenzó a hacer cortes de mangas a los guardias.

-¡Tontos! –Les decía, riéndose-. ¡Que sepáis que no es mi hermano, es un burro!

Tras unos segundos de silencio absoluto en todo el lugar el guardia que lo había atendido dijo:

-Apresadlo.

Un grupo de cuatro guardias, con sus armas preparadas, se acercaba a ellos.

-Oh-oh…

-¡No están permitidos los animales! –Soltó uno de los guardias, descargando su espada sobre piraña, que cayó al suelo, sangrando abundantemente.

Murga se arrodillo a su lado.

-¡Oh, no! ¡Piraña!

El guardia iba a golpear ahora a Murga cuando algo se lo llevó por delante. El hombre cayó al suelo, fulminado.

Aarón observaba el cuerpo inerte, irritado.

-¡Eh, tú! –Dijo otro de los guardias-. ¡¿Qué crees que estás haciendo?!

-¡¿Quién le manda ponerse en medio?! –Se defendió Aarón.

El bárbaro reparó entonces en la presencia de Murga, a sus pies, tratando de detener la hemorragia del pobre piraña.

Sin saber muy bien porqué, alzó su báculo de madera y cerró los ojos. Imágenes de un frondoso y hermoso bosque llenaron su mente. Asustado, volvió a abrirlos, soltando una maldición y creyendo que se había comido algo en mal estado. Su báculo ahora brillaba con una intensa luz verde.

Encogiéndose de hombros, golpeó al burro con él. Hubo una explosión de destellos verdes que obligó a todos los presentes a protegerse los ojos. Cuando la ola de luz cesó vieron, asombrados, al burro en pie, solo que ahora era el doble de grande.

Murga se puso en pie y observó a piraña, con los ojos como platos, y lo palpó durante un rato antes de volverse hacia Aarón, que estaba mirando su vara con evidente desconcierto.

-¡Gracias! ¡Lo has salvado!

-¡Pero si yo intentaba rematarlo para que no sufriese más!

Uno de los obreros que habían visto lo ocurrido se acercó, señalándolo.

-¡Es un mago!

Una ola de gente se le unió, rodeando a Aarón. Comenzaron a hacerle peticiones.

-¡Cúreme el brazo, señor mago!

-¡Y a mí las cataratas!

-¡Hágame rubio!

-¡Limpie mi casa!

-¡Mate a mi suegra! ¡Y a mí mujer!

-¡Larga vida al mago!

-¡Que me dejéis en paz, joder! ¡Que no soy un mago! –Gritaba Aarón, dando golpes al aire con la vara para alejarlos.

Tras una larga y tendida explicación por parte de Aarón para aclarar que no era un mago (en la que hubo más de un herido), el bárbaro por fin llegaba a la puertas del coliseo. Acompañado de Murga, que había decidido acoplársele.

-A partir de ahora te llamaré tiburón –le decía Murga a su ahora enorme burro. Volvió a centrar su atención en Aarón-. Por cierto ¿Has venido aquí en busca de trabajo? ¿Participarás la construcción del nuevo Coliseo?

Aarón lo miro, molesto.

-¡No! He venido aquí a buscar a mí hermana.

-¿Es que ella quiere trabajar en la obra?

-¡Que nadie quiere trabajar en la puta obra! He venido a salvarla. La Cábala la secuestro.

-Ams… ¿Y cómo piensas rescatarla?

-Entrando y llevándomela.

-Buen plan.

Y allí estaban. Los grandes y oscuros portones que conducían al coliseo. Dos guardias los custodiaban.

-El Coliseo aún no abre sus puertas –informó uno.

-¡Y a mí que me importa! –Le escupió Aarón-. He venido a por mi hermana.

Ambos guardias se miraron, confundidos.

-¿Acaso su hermana trabaja aquí? ¿Es la tiquera?

-Es la campeona, por lo que he oído.

Los guardias le miraron, con ceño.

-¡Soy Aarón!

Ante esa revelación los guardias retrocedieron y llevaron su mano a la empuñadura de su espada.

-¡El hermano de Barquín! –Dijo uno de ellos.

-Entonces finalmente ha venido.

-Pero no sabía que tuviese otra hermana.

-¡Que no, que mi hermana es ella! –Aclaró Aarón, comenzando de exasperarse una vez más.

-¿Hermana? –Dijeron los guardias, al unísono, evidentemente confundidos.

-¡Me vais a dejar pasar o tendré que echar la puerta abajo! –Amenazó el bárbaro.

Los guardias volvieron a mirarse, se susurraron algo y asintieron.

-Está bien. La Cábala esperaba tu llegada.

-¡Sandeces!

Los enormes portones se abrieron.

-Bueno, yo mejor me quedo aquí –se despedía Murga, moviendo una mano-. Buena suerte con lo de rescatar a tu hermana y todo eso. Salúdala de mi parte. ¡Ah! Y gracias otras vez por salvar a tiburón.

-¡Bla, bla, bla! –Rezongaba Aarón mientras penetraba en el coliseo.

Aarón cruzaba un enrome pasillos flanqueados por infinidad de puertas. Un montón de trabajadores de la Cábala iban y venían, preparando el próximo espectáculo.

-¡HERMANA! –Rugía Aarón, y su voz llenaba todos los pasillos-. ¡HERMANA!

No muy lejos de allí Marcos se acercaba a la celda del campeón.

-Creo que tienes visita –dijo, abriendo la puerta de la celda y haciéndose a un lado.

Barquín salió del zulo y observó el pasillo con una sonrisa.

-Sí. Tenemos asuntos de zanjar.

-¡Hermana! –Insistía Aarón-. ¡No me hagas ir a buscarte!

Aarón vio como una marejada de gente corría hacia él, chillando. No tardo en ver aparecer a su hermano, que caminaba con paso decidido hacia él. La gente a su paso se apartaba, gritando, vomitando, suicidándose.

Ambos hermanos volvían estar frente a frente.

Aarón lanzo un grito y lo señalo.

-¡Agh! ¡Hermana! ¡¿Qué te han hecho?! –Preguntaba Aarón. Barquín lo miraba sin entender-. ¡Ya no llevas pendientes! ¡Esos bastardos te han convertido en un hombre! ¡Me las pagarán! –Alzó su amenazante puño.

-Ay… Dios… -suspiró Barquín.

-Ya planearemos nuestra venganza más tarde, ahora vámonos.

-No –respondió Barquín, tajante, sin moverse un ápice de donde estaba.

-¡¿Cómo que no?!

-Yo ya no soy tu hermano. Tú mataste a tu hermano. Tu hermano murió el día que… ¡Ay!

La voz de Barquín fue interrumpida cuando Aarón le agarro de la oreja y tiró de él.

-¡Deja de decir tonterías! ¡No vamos!

-¡Que no!

Barquín logró zafarse de él y retrocedió. Todos los allí presentes miraban asombrados a Aarón, que había osado tocar a aquel a quien nadie quería tocar ¡¿Cómo era posible?!

-¡Vámonos ya! ¡No me hagas tener que sacarte de los pelos! –Insistía Aarón, perdiendo la paciencia por momentos. Su color era cada vez más rojo y la vena de su sien amenazaba con una inminente eyección.

-¡Tú hermano a muerto! –Repitió Barquín-. Tuviste la oportunidad de salvarlo y lo dejaste. Ahora ya es demasiado tarde… -añadió, con cierto matiz teatral, para darle más emoción al momento.

-¡Cuento hasta tres!

¡Que no me voy contigo, que me dejes en paz! ¡Ahora soy el campeón de la Cábala y se me ha concedido un trabajo muy importante! ¡Vuelve a tu bosque y olvídate de mí!

-¡Vale, haz lo que te dé la gana! –Tronó Aarón-. ¡Pero ni se te ocurra volverme luego llorando!

Y dicho esto dio media vuelta y se fue de allí.

Salió del Coliseo y atravesó el recinto de los obreros. Cuando llegó a la salida un sonriente guardia le salió al paso.

-¿Quiere que le selle la mano para que pueda volver a entrar?

Aarón lo apartó de un soberano empujón.

-¡Quita, coño!


Capítulo 5: Audiencia Con El Patriarca

Apoyado en la baranda del palco más alto del Coliseo, su amo y señor observaba como su arena se preparaba para un nuevo espectáculo. Las gradas estaban totalmente llenas, y esa espléndida visión solo traía una idea a la cabeza del sumo dirigente, dinero.

El Patriarca de la Cábala, también conocido como el Primero, el Señor Oscuro, el Amo de los Fosos, el portador de la Perdición y, entre sus más allegados, como Juan, veía como aquellas personas engrosaban cada vez más sus ya repletas arcas.

-No hay mayor negocio que la diversión –murmuró para sí mismo. Paso un dedo por el tallo de unas de las plantas decorativas que adornaban su palco de honor, y esta se seco al instante. Observó con una siniestra sonrisa como la planta se pudría y añadió-: Si sabes darles lo que quieren y hacer que quieran lo que tú digas.

Dio media vuelta y descendió los cuatro escalones que conducían a su estancia privada. Allí había dos guardias vestidos de negro, custodiando la puerta de entrada.

Alguien llamó a la puerta y a continuación se oyó una voz del otro lado.

-Se presenta Barquín.

El Patriarca asintió y dio la orden a sus guardias de que abriesen la puerta. Una vez estuvieron abiertas Juan pudo ver como los otros guardias que habían escoltado a Barquín hasta su presencia salían corriendo por el pasillo, como alma que lleva el diablo.

Cuando el nuevo campeón de la Cábala entró los guardias personales del Patriarca también se apartaron a una distancia, con cara de asco.

Barquín se detuvo en el centro de la sala, y se hincó sobre una rodilla.

-Ya está aquí la Cábala –se presentó Barquín, con el saludo protocolario.

-La Cábala está dónde yo diga –respondió Juan.

El Patriarca comenzó a caminar alrededor de él, como un ave carroñera a expensas de que su futuro almuerzo diese su último suspiro. Más por la cara de repugnancia que tenía Juan el plato no era precisamente de su agrado.

Se volvió hacia los guardias.

-Dejadnos.

Como si les hubiesen dado unas vacaciones pagadas, los dos hombres abandonaron la estancia a toda prisa y sumamente contentos, cerrando las puertas tras ellos. Ahora el Patriarca de la Cábala y su campeón estaban solos.

Barquín, abochornado por la presencia de su amo y señor no se atrevía a alzar la vista, aunque eso resultaba una tarea difícil con el Patriarca dando vueltas alrededor suyo, escrutándolo con rostro severo (y asqueado). A pesar de haber sido fichado como luchador por él en persona, era la primera vez que Barquín veía al Patriarca, y se sentía muy contento de que por fin hubiese reparado en su existencia.

-En pie –ordenó el Patriarca.

Barquín obedeció al instante y ambos quedaron de frente el uno del otro.

Juan mostró una sonrisa (que le costó soberanos esfuerzos sacar).

-Dime, hijo mío ¿Sabes por qué te he hecho venir aquí?

-Pues no, aún no me la dicho.

-Eres el nuevo Campeón imbatido de la Cábala, que menos que felicitar en persona a aquel que tanto dine… orgullo nos está trayendo.

Barquín sonrió, de oreja a oreja.

-¡Gracias, señor! No puedo creerlo, el Patriarca me está felicitando en persona ¡Parece un sueño!

-Sin embargo –continuó Juan-. No te he hecho venir solo por eso. Hay algo que quiero pedirte, algo que solo tú puedes hacer.

-¿Yo? –Preguntó Barquín, incrédulo, señalándose a sí mismo.

-Así es.

-¡¿En serio?! ¡Parece un sueño!

El Patriarca volvió a caminar por la estancia mientras seguía hablando (Estar tanto rato cerca de ese tío molestaba bastante).

-¿Sabes, Barquín? La Cábala no es solo una potencia mercantil, y yo no soy un mero empresario. La Cábala es una religión, un estilo de vida, y yo soy su viva representación –se volvió hacía él y alzó su mano-. Yo puedo destruir cualquier cosa viva –o que haya estado viva- que roce mi piel. Salvo una. Tan solo existe una cosa que no puedo destruir, y eres tú.

Barquín no cabía en su asombro.

-¿No puede tocarme?

-No quiero tocarte –le corrigió el Patriarca-. Que es distinto.

-¿Insinúa usted que soy invencible? –Pregunto Barquín, tiñendo sus palabras de viciosa satisfacción.

-¡No! ¡Si hasta el más mínimo roce podría…!

-Invencible… -le cortó el campeón, sumido en sus propias fantasías.

El Patriarca dejó escapar un suspiro y le dio por perdido.

-Como te iba diciendo, la Cábala es una religión, y como buena religión, también es un negocio. Debemos expandir nuestras fronteras y nuestras arcas, debemos ganar más fieles y beneficios ¡Debemos ser objeto de adoración y de inversión!

-Entiendo –mintió Barquín.

-Por eso, hijo mío, convertiremos la Cábala en el mayor espectáculo del mundo. La gente que adora religiones que solo exigen sacrificios acaban aburriéndose de ellas y caen inevitablemente en el olvido. Pero nuestra religión es distinta, porque ella da –y recibe aún más- lo que la gente de verdad quiere: diversión. Ha llegado la hora de hacer llegar nuestro nombre a oídos de todos.

-¿Y cómo haremos eso?

Juan fue hasta su escritorio de metal y tomó un par de guantes del mismo material allí dispuestos, a continuación se sacó un papel del algún bolsillo interno de la túnica y lo checó.

-De momento construyendo un nuevo coliseo, grande y hermoso. Aquí tengo el presupuesto. Lo construiremos sobre el pantano de la Rabia.

-¿No es demasiado complicado construirlo sobre un pantano? –Se atrevió a preguntar Barquín, con algo de temor.

-Sí, bueno, pero la zona es muy bonita.

-¿Y qué tengo que hacer yo?

-Tú serás el encargado de construirlo.

-¡¿Yo solo?!

-Sí, tú solo, piedra a piedra, aunque primero tendrás que drenar el pantano. Y no quiero una maldita queja.

-Pero… si yo… no…

Se echó a llorar.

-¡Vale, está bien! ¡Te daré mano de obra y materiales! ¡Pero deja de llorar!

Barquín pasó del llanto a la felicidad en cuestión de milésimas.

-¡Es usted tan bueno!

-Y ahora vete. Pronto te daré más indicaciones.

-¡Sí, señor!

Y salió de allí dando brincos de alegría.

En cuando cerró la puerta el Patriarca se puso a vomitar en una maceta.

Volvieron a llamar a la puerta.

-¡¿Qué?!

-Soy Marcos.

El Patriarca puso los ojos en blanco al oír la voz del invocador.

-Pasa anda…

Marcos entró con una pletórica sonrisa.

-Acabo de cruzarme con Barquín (y casi me roza). Al parecer ya se lo has contado.

-Sí.

-Ha sido una gran idea. Tardará cientos de miles de años en construirlo él solo –decía Marcos, con una más que evidente complacencia-. No le volveremos a ver el muuuuucho tiempo.

-Le he dicho que le daría mano de obra y materiales.

-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!

-¡Porque no aguantaba más tenerle delante! Me da mucho yuyu. Encima se puso a llorar y se pone muy feo.

-Vaya chasco…

-Es igual, un coliseo no se construye de un día para otro. Tendremos tiempo de sobra para pensar en otra misión imposible que le aleje cuantos más años mejor.

-No creo que tenga idea alguna de dirigir una obra. Vamos a perder mucho dinero con esta inversión –observó Marcos, con preocupación.

-¿Quieres acompañarle?

-¡Agh! ¡No!

-En cualquier caso, seguro que terminará delegando la supervisión de la construcción en alguno de los arquitectos, no creo que sea tan estúpido como para arruinar mi coliseo.

-Otro coliseo… ¡Sera un bombazo! ¡No forraremos!

-Pronto la Cábala dominara el mundo.

-¿No había una frase más tipificada?

Juan se le quedo mirando, pensativo, y de pronto pareció llegar a la conclusión de algo.

-¡Un momento!

-¿Qué pasa? –Preguntó Marcos, extrañado.

-¡¿Qué coño hago yo hablando contigo?!

-¡Ah! Pues no sé, yo te estaba dando coba y como me seguiste el juego… -Trataba de explicarse Marcos, entre risitas nerviosas.

-¡Largo de aquí!

-Joe, macho, como te pones por nada.

Juan se quitó un guante y fue hacia él, dispuesto a ponerle la mano encima.

-¡Que te vayas!

Marcos salió corriendo por la puerta, agitando los brazos.

-¡Ya me voy, ya me voy!


sábado, 11 de junio de 2011

Capítulo 4: En El Corazón De Froxa

Aarón, sentado sobre una roca, observaba en silencio y algo apesadumbrado el cadáver de 3ga, ahora devorado por las moscas. Cuando había vuelto a por su hermana esta ya no se encontraba donde él la había dejado, y por más que la había buscado, llamado, gritado, insultado y amenazado, esta no había aparecido ¿Dónde se habría metido?

Aarón…

Una voz, como de ultratumba le llamaba. Al oír su nombre se levantó de un salto, mirando en todas direcciones.

Aarón…

Por más que buscaba no encontraba a quién fuese que le estuviese llamando.

-¡¿Qué?! –Soltó por fin, molesto-. ¡¿Qué quieres?!

Te necesitamos, Aarón…

-¡¿A mí?! ¡¿Pa qué?!

Aarón, te necesitamos…

-¡¿Quién coño eres?!

Una especie de hombrecillo, menudo y de piel grisácea y, aparentemente, dura, salió de entre los arbustos tras él. Moviendo por delante de su rostro sus manos, que parecían casi una especie de pinzas.

-¡Agh! ¡¿Qué coño se supone que eres tú?!

-Soy un tontuko.

Aarón se echo a reír a carcajadas y eso no parecía gustarle mucho al tontuko.

-¿Y que es un tontuko? ¿Los habitantes de centro especial que hay allí detrás?

Más risas.

-No, los tontukos somos seres que habitamos este bosque. Y ahora te necesitamos.

-¿Y para que me necesitáis a mí?

-Para que salves Froxa. Salva Froxaaa –añadió, adoptando de nuevo ese tono fantasmal con el que se había presentando y moviendo las pinzas como si tratara hipnotizar a Aarón con ellas.

Aarón lo miró por unos segundos.

-¡No quiero! –Saltó de pronto.

-Pero debes hacerlo, insistió el tontuko. Debes destruir la Cábala y así podrás también rescatar a tu hermano –volvió a hacer bailotear sus pinzas para añadir con su tono fantasmagórico-: Destruye la Cáaaaabalaaaa…

-¡¿Mi hermana?!

-Tu hermano.

-¡¿Y qué tiene que ver ella con la Cábala?!

-Ellos se le llevaron. Se le llevaaaaroooon…

-¡Malditos sean esos de la Cábala! –Dijo, cerrando con fuerza un puño y entrecerrando los ojos-. Se llevaron a mi hermana, herida. ¡Tengo que salvarla!

-Sí –coincidió el tontuko, con agradable calma-. Pero en el proceso no olvides destruir la Cábala. Destruuuyelaaaa…

-¡Cállate de una vez! –Aarón intentó reflexionar durante un momento, mientras el tontuko danzaba a su alrededor agitando las pinzas-. Primero tengo que recuperar mi espada… Aunque…

Aquello no le hacía mucha gracia. Después de ver lo que le había a Rafa, a su hermana, a cientos de criaturas del bosque inocentes y posiblemente a 3ga, Aarón se había prometido no volver a empuñar un arma (blanca). Pero ahora no podía mantener esa promesa, no si quería rescatar a su hermana. Estaba decidido, sacaría la espada del cadáver de Rafa e iría a rescatar a su pobre hermana.

Caminó entre la espesura, seguido muy de cerca por el tontuko, que caminaba agitando las pinzas y emitiendo una especie gorgoteo muy molesto.

Cuando por fin Aarón llego hasta donde se suponía que debía de estar el cuerpo de Rafa se quedó petrificado. Donde supuestamente debía estar el cadáver había crecido una pequeña montaña, no demasiado alta, quizá diez metros, pero más que notable, pues Aarón estaba más que seguro de que ese montículo horas antes no estaba ahí.

-Genial ¿Y ahora como recupero mi espada?

-Sube a la cima de la montaña –le dijo el tontuko.

-¿La espada está allí?

-Sí, esa montaña ha nacido de la espada. El bosque ha empezado a cambiar por esa espada.

-¡Chorradas!

Aarón comenzó a caminar hacia el montículo.

-¡Buena suerte, Aarón, salvador de Froxa! –Se despedía el tontuko, agitando las pinzas mientras veía como Aarón se alejaba.

Conforme más se acercaba esta parecía más alta, y Aarón soltó un gruñido de molestia.

-¿Y ahora tengo que subir esto?

Sin muchas ganas avanzó hasta llegar al pie de la montaña y alzo la cabeza para ver su cima. Tampoco era tan alta.

Destrúyelaaa… Destrúyelaaa…

-¡¿Quieres lárgate ya?! –Gritó Aarón dándose la vuelta y mostrándole un puño amenazador al tontuko, que puso pies en polvorosa, agitando las pinzas y chillando como una loca.

Aarón centró de nuevo su atención a la pequeña montaña y empezó a subirla, sin mucho esfuerzo.

Una vez llegó a la cima estuvo a punto de caer en el cráter que había en el centro. Aquello era como el cono de un volcán. El bárbaro hecho un ojo al interior de aquel cráter y entre la oscuridad pudo ver una débil y titilante luz. Debía ser el pomo de la espada del Gitani. Maldiciendo, empezó a dilucidar una manera de descender sin partirse la crisma.

¡Alto, Aarón!

Una voz resonó por todo el bosque. O eso le pareció a Aarón.

Rápidamente, se giró en todas direcciones, con su amenazador puño cerrado preparado y su mirada asesina en ristre.

-¡Como vuelvas a ser tú te la cargas!

-No. No soy el tontuko –respondió la voz.

-¿Pues quién eres?

-El corazón de Froxa.

-¡Anda ya!

-No debes llevarte la espada de Gitani.

-¡Es mía!

-Déjala donde está.

-¡Oblígame!

-Escucha. Esa espada está haciendo crecer al bosque. Gracias a ella está ganando poder. No puedes llevártela.

-¡Ni tú impedírmelo!

-Espera. Te daré algo mejor.

Un tallado de madera emergió del pozo negro, envuelto en una brillante luz verde, y se quedó flotando frente a Aarón.

-¡¿Y qué coño quieres que haga con este palo?! –Espetó Aarón, molesto.

-No es un palo, esta vara contiene todo el poder de Froxa. El poder del bosque. Con el podrás invocar su poder allá donde vayas. En él está el poder de la vida.

-¡¿Me ves cara de atacar haciendo crecer plantas y lanzando floripondios?! ¡Dame mi espada!

-Nadie podrá igualarte mientras portes esta vara y creas en el poder de Froxa. Ve con ella al coliseo de la Cábala y salva a tu hermano. Te prometo que con esta vara podrás ayudarlo.

Ante ese último detalle Aarón se vio obligando a sopesar aquella oferta. Si de verdad podía ayudar a su hermano con esa vara tendría al menos que intentarlo ¿no?

-Está bien, está bien –accedió finalmente, de mala gana-. La probaré.

-Buena suerte, Aarón, puño de Froxa.

-¡Bla, bla, bla! –Rezongaba el bárbaro, mientras se alejaba.

Capítulo 3: Entre Bastidores En El Coliseo

Los gritos de entusiasmo por parte del público aún resonaban en sus oídos. Plenamente satisfecho con su trabajo y pletórico por la fama que tan rápidamente había conseguido, Barquín descansaba plácidamente tumbado sobre su camastro, rememorando sus últimos combates para sus adentros. Ahora él era el nuevo campeón de la Cábala, temido y respetado por todos.

Una voz familiar lo llamó e hizo que se incorporase rápidamente. Por el oscuro y húmedo pasillo llegaba Marcos, con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja.

Barquín se levantó de un salto y corrió hacia él, con los brazos también abiertos.

-¡Marcos, querido amigo! –Grito, entusiasmado.

-¡Barquín!

-¡Marcos!

¡PAF!

Barquín chocó contra los barrotes de su celda. Marcos se acercó, riéndose a carcajada limpia y señalándole con un dedo.

-¿Cómo lo haces para caer siempre en lo mismo? –Preguntó, entre risas.

Barquín se retorcía en el suelo, gimoteando y agarrándose su dolorida cara con ambos manos.

-Ay… mi pobre cara… que dolor…

-Venga, anímate, que te traigo la manduca.

Marcos se agachó en el suelo y posó sobre este la cesta que traía en un brazo. Al oír hablar de comida el hambriento Barquín se incorporó de golpe y prácticamente se tiró sobre los barrotes, una vez más.

-¡Comida!

-¡Argh! –Gritó Marcos, retrocediendo ante la proximidad del otro-. ¡Atrás! ¡Retrocede o no comes!

Triste, Barquín no tuvo otra opción que obedecer y alejarse de los barrotes. Mientras, Marcos sacó de la cesta una pequeña caja de metal, de la que extrajo una especie de tubo del mismo material, de no más de 20 cm. Luego extrajo otro y lo unió al primero, y lo mismo hizo con otros cinco tubos similares hasta lograr construir una barra bastante larga. Como pieza final enroscó en uno de los extremos el último eslabón, un tenedor. Tras esto, extrajo de la cesta un pedazo de carne, lo clavo en el tenedor y, con extremo cuidado (y repulsión) comenzó a extender la vara de metal entre los barrotes, hacia Barquín.

-Ale, buen provecho.

-¡Bien! –Exclamó Barquín, rumiando gustosamente el pedazo de carne.

-¿Sabes? Tengo una buena noticia para ti –le decía Marcos mientras le colocaba otro pedazo de carne en el tenedor de casi dos metros de longitud y se lo alcanzaba.

-¿Vais a sacarme de aquí? –Preguntó Barquín, ilusionado.

-No… En realidad creo que van a cambiarte la puerta por una sin barrotes, y a tapiar el respiradero.

-Jo…

-Bueno, a lo que iba. El patriarca quiere verte.

-¡¿En serio?! –Salto Barquín, arrastrándose velozmente hasta los barrotes y haciendo que Marcos retrocediera con un grito-. ¡¿A mí?!

-¡Que no te acerques! –Marcos espero a que la distancia que les separaba a ambos fuese notablemente mayor para continuar-. Sí, a ti. Después de todo eres el actual campeón de la Cábala. Seguro que tiene en mente algo grande para ti.

-¡¿En serio?! ¡Parece un sueño!

-Ya sabía yo que algo bueno podríamos sacar de ti.

-¡Quizá quiera convertirme en su mano derecha! –Fantaseaba Barquín-. ¡O en su embajador!

-O ahogarte en un pozo negro…

-¿Y cuando le veré?

-En unas horas, después de tu próximo combate.

-Uhm… Una audiencia con al mismísimo Patriarca… -murmuraba para sí mismo-. Tendré que ponerme presentable.

Ante ese último comentario Marcos se dejó caer al suelo, desternillándose de risa ante la incrédula mirada de Barquín, que no entendía que era tan gracioso.

domingo, 5 de junio de 2011

Capítulo 2: Rompiendo Los Esquemas

Explicar el funcionamiento y finalidad del Coliseo de la Cábala no es complicado. Solo hay que pensar en los míticos Circos Romanos. Solo que además de gladiadores y leones tenemos hechiceros y bichos muy raros y feos venidos de oscuras dimensiones. Lo normal. Y la finalidad, como pasa con todo en el mundo, es el dinero.

Aquel día el Coliseo estaba especialmente abarrotado, pues los actuales campeones de la Cábala, Oli y Granizea, estaban a punto de batir un record de victorias.

La pareja favorita del coliseo se preparaba para su próximo combate mientras en la arena tenía lugar un duelo titánico. Un hechicero, ataviado con una gran capa roja, hacía pareja con una enorme serpiente con cabeza de cerdo (la serpicerdo) y se enfrentaban a un guerrero de brillante armadura plateada y a su pareja, un avestruz con un gorrito de fiesta en su pequeña cabeza.

Oli observaba el encarnizado encuentro en silencio.

-Los combates cada vez son más duros… -observó, en una actitud tan solemne como sería, sin apartar su mirada de la ventanilla desde la que veía el combate-. Cada día la Cábala recluta guerreros mas bravos y poderosos –En ningún momento el chico obtuvo respuesta alguna, por lo que sonrió-. No tienes por qué estar tan callada, sé que estás nerviosa, yo también. Pero recuerda lo que hemos estado hablando. Este será nuestro último combate. Solo este y obtendremos el record de victorias, nos darán un pastón y podremos dejar las arenas para irnos a vivir a una isla paradisiaca –se giro para volverse hacia el banco que tenía detrás, donde se encontraba sentada su fiel compañera-.Tú y yo.

No obtuvo respuesta. Con un suspiro de resignación Oli se acercó a ella y se sentó a su lado. Tomó entre sus brazos a Granizea, que no era más que un muñeco de tamaño humano. Una especie de espantapájaros ataviado con un largo vestido blanco. Su cabeza era un enorme balón de goma con una cara sonriente pintada en el centro, enmarcada por las guedejas negras de la peluca que tenía pegada.

-Jo, Granizea ¿Por qué no me hablas últimamente? Vamos, anímate, pronto saldremos de aquí y todo cambiará.

Cuando la serpicerdo se comió al guerrero y al avestruz el árbitro considero dar el encuentro por terminado, haciendo sonar la campana que marcaba el fin de la lucha.

Oli se puso en pie y tomó aire.

-Nos toca –dijo, con serio talante.

Tomó a Granizea de la mano y la arrastró hasta la arena.

Marcos, el comentarista más dicharachero del coliseo comenzó a hacer la presentación del próximo combate a través de una megafonía venida de sabe dios donde.

-Damas y caballeros. El momento que tanto habían estado esperando por fin ha llegado. El combate final de la modalidad por parejas en la que tendremos a los campeones imbatidos de la Cábala: ¡Oli y Granizea!

El coliseo estalló en aplausos y bitores.

El enorme portón enrejado de oscuro metal comenzó a alzarse y de él salió Oli, arrastrando a la inerte Granizea de un brazo y saludando efusivamente al público con una mano.

Se colocó en el centro de la pista e hizo que Granizea moviese un brazo.

-Saluda, Granizea, mira lo que nos quieren.

La voz de Marcos continuó con la presentación.

-Pero eso no es todo, señoras y señores, no señor. Bien saben ustedes que a la Cábala le gusta sorprender ¿Y que mejor manera de ponerle la guinda a este campeonato que dándoles a todos los presentes un espectáculo totalmente innovador en este esperadísimo encuentro final?

Los gritos no se hicieron de esperar, el eufórico público estallo en una ola de alabanzas hacia la Cábala.

-Tal y como lo han oído, hoy serán testigos de un nuevo capítulo en la historia de las arenas de la Cábala. La pareja imbatida y favorita de la Cábala se enfrentara a un único combatiente, nuestro nuevo campeón ¡Barquín!

La gente, por supuesto, no conocía el nombre. Ni les sonaba de lejos. Pero igualmente y como ya habían entrado en calor, continuaron con aquel ánimo levantado, aplaudiendo y vitoreando desde la gradas. Después de todo Marcos sabía cómo animar el ambiente (o el que le escribía lo que tenía que decir), y además un cambio injustificado en el reglamento siempre era algo nuevo y emocionante. Nunca se había enfrentado una pareja a un luchador individual. Y eso, unido a que al parecer la Cábala tenía un nuevo campeón, prometía ofrecer un espectáculo digno de ver. Después de todo, era bien conocida la habilidad de la imbatida pareja, por lo que ese sujeto, fuese quien fuese, debía ser fuerte.

-Mira tú que bien –suspiro Oli-. Cambian las normas y no nos dicen ni mu.

Pero Granizea tenía aquel día poco hablador.

-¡¿Cuánto tiempo piensas estar sin hablarme?!

No había tiempo para discutir. El otro portón enrejado ya se alzaba, y no tardó de emerger de la oscuridad que había tras él una figura, que caminaba calmadamente hacia ellos. Todo el coliseo guardó silencio, muy atento de quién era el nuevo fichaje de la Cábala.

Un chico, de complexión... vamos a decir normal, vestimentas negras y piel notablemente sucia, se acercó hasta el centro y se colocó ante la pareja.

-¡Agh! ¡¿Quién es este tío?!

Pero como respuesta Oli solo obtuvo una altanera sonrisa por parte de Barquín.

La campana que indicaba el inicio del combate sonó de repente, pillando a Oli por sorpresa que, aterrado, vio como Barquín se lanzaba contra él.

-¡No me toques! –Chilló Oli, haciéndose a un lado.

Barquín movía las manos con rapidez, tratando de alcanzar a Oli, que solo retrocedía, esquivándolo como podía, sin soltar a Granizea de la mano.

-¡¿Qué hacemos?! –Pero no obtuvo respuesta-. ¡Así no me ayudas!

La mano de Barquín estuvo a punto de rozarle la cara.

-¡Mierda! ¡Así no aguantaremos mucho! ¡Vale, estrategia número 5! ¡¿De acuerdo?! –Oli tiro del brazo de Granizea y la lanzo en el aire. Barquín observo como aquella extraña figura se elevaba en el aire. Oli aprovecho esa distracción para agarrarla por los tobillos cuando comenzaba a caer y acto seguido comenzó a sacudir golpes como un loco con el inanimado cuerpo de Granizea-. ¡Estrategia número 5! –Gritó-. ¡Danza devastadora!

Oli descargaba el cuerpo de su amada contra Barquín, como si en vez de en una lucha en el coliseo estuviese en mitad de una lucha de almohadas. Pero tenía fe, esa estrategia ya les había dado muchas victorias.

Barquín lo esquivaba cada vez con más dificultad, los golpes de Oli eran cada vez más rápidos y fuertes.

-¡Estas acabado!

Pero la euforia le duro poco a Oli. Una piedrecilla se le cruzo en el camino, y como no iba mirando por donde iba dio un traspiés, perdiendo momentáneamente el equilibrio pero logrando no caer al suelo.

Barquín aprovecho aquello para hacerse a un lado y agarrar a Oli de un brazo.

Oli lo vio, miro a Barquín, horrorizado, y aparto el brazo violentamente, lanzado un grito y soltando a Granizea en el proceso.

Barquín agarro el cuerpo de Granizea y empezó a hacerle pedazos, con manos y dientes.

Una lluvia de tela y algodón calló sobre Oli, que observaba, helado, la horrible escena.

Barquín dejo caer los últimos restos de Granizea, unos girones de tela, a los pies de Oli, que seguía con la mirada fija en él. Aún sin poder creérselo.

-Granizea… -masculló, presa del shock.

Y de nuevo Barquín aprovecho ese momento de distracción para abalanzarse sobre él y tomar su rostro entre sus dos manos, obligándolo a mirarlo.

-¡Hola! –Le saludo, muy animado.

Durante unos instantes Oli le observó, confuso, pero pronto regreso a la realidad y se aparto rápidamente.

-¡Aaaagh! ¡Me ha tocado! ¡Me ha tocado! –Gritaba mientras se frotaba la cara con las manos, en un desesperado intento por limpiársela.

Mareado y con nauseas se desplomó sobre la arena. Había perdido el combate, y aún peor, había perdido a su único amor. Pero, por encima de todo aquello, ese tal Barquín le había tocado. Deseo morir allí mismo o darse un baño de lejía. Esos fueron sus últimos pensamientos antes de perder la consciencia.

Capítulo 1: Fin De Una Batalla Jamás Contada

En los lindes del bosque de Froxa concluía una épica batalla que ahora no apetece contar ni resumir. Aarón, el legendaria bárbaro del monte Dobra, había terminado con la vida del coloso Rafa, o también conocido como Rafatus. Aún no está muy claro el motivo de la disputa, pero se habla de apuestas perdidas, deudas monetarias y mucho alcohol de por medio…

Ahora que había terminado con su mortal enemigo, la sangre de Aarón empezó a bajársele de la cabeza, y fue entonces consciente del escarnio que había producido.

-¡Ay, la leche! ¡Que me he cargado Rafa!

Alguien yacía cerca de él, retorciéndose de dolor en el suelo. Era Barquín, su hermano.

-Ay… que dolor… -gimoteaba.

Aarón corrió hasta él.

-¡Hermana!

-¡Que no soy tu hermana, anormal! –Volvió a tenderse y a poner cara de enfermo terminal-. Ay… Hermano… me muero… me has dado un mandoblazo que me has arreglao…

-¿Yo?

-¡Si, tú, puto animal! ¡Qué estás loco! –Adopto de nuevo su pose convaleciente-. Ay… Hermano… Creo que no me queda mucho tiempo…

Aarón lo observaba, turbado, presa de la culpa y la impotencia.

-Pero que he hecho… -dijo mirándose las manos que, momentos antes, empuñaron la espada que ahora empalaba el cuerpo de Rafatus.

Barquín volvió a incorporarse y a fulminarlo con la mirada.

-¡¿Que qué has hecho?! ¡Casi me matas! ¡¿Estas sordo?! –Volvió a retorcerse de dolor-. Ay… pobre de mí… La magia de esa espada me está afectando…

Aarón sopeso durante unos instantes sus posibilidades, que no eran muchas. Y como no voy solución posible en su mano decidió ir a preguntar a alguien.

-¡Aguarda, hermana, se quien puede ayudarnos!

-¡Y dale! ¡Que no soy una mujer!

-¡Pero si llevas pendientes!

-¡Porque es lo habitual en nuestra tribu!

-¡Chorradas!

-Ains…

-¡Espérame aquí, hermana, iré a buscar a 3ga, el poni-centauro! ¡Él sabrá que hacer!

Y dicho esto se perdió entre la espesura del bosque de Froxa.

Barquín se quedó observando el lugar por el que su hermano se había ido.

-Y se va… -enfoco su cansada vista hacia el cielo, ahora semicubierto por la techumbre de hojas que proporcionaban los árboles-. Que mala suerte tengo… La historia está empezando y yo ya me muero…

Unos matorrales se movieron junto a él. Barquín los observó, asustado. ¿Sería un animal salvaje? No, no lo era. De entre la maleza salió un chaval rubio, vestido con ropa negra muy rara y unas gafotas sobre la cabeza, de estás estilo las de los portas de digimon.

-¡Anda, queda uno vivo!

-No por mucho…

-Tío ¿Qué te ha pasado?

-Esa mala bestia que tengo por hermano. Se puso a dar mandoblazos con su espada endemoniada a diestro y siniestro y me pillo dentro de su perímetro de arremetida.

-Anda que… -el tío rubio se puso a pensar durante unos momentos, y entonces pareció haber caído en la cuenta de algo-. ¡¿Tú eres el hermano de Aarón?!

-Eso nos decían en la tribu…

Esa respuesta pareció gustarle al rubio, que se frotaba las manos, con cara de enfermo mental.

-Entonces eso quiere decir que te ha herido con la espada del Gitani. Si su poder ha entrado dentro de ti tal vez podamos hacer algo provechoso contigo.

-¿Eh?

-Te llevaré a la Cábala, allí te curarán.

-No hace falta, mi hermano ha ido a buscar al poni-centauro 3ga, uno de los señores del bosque. Que sabe de medicina y esas cosas.

Marcos alzó los brazos hacía el cielo y comenzó a reír exageradamente ante la confusa y asustada mirada de Barquín.

-¡Muahahaha! Pues buena suerte en su búsqueda ¡Yo acabo de matar a 3ga!

Barquín lo miró, atónito.

-¿Por qué?

-Porque soy malo. Y ahora tú te unirás a nosotros.

-¿Pero quién eres?

-Marcos. Un invocador de demencia.

-Me lo creo…

Aarón se abría paso entre la enmarañada maleza del bosque a estocada limpia. Segando ramas, enredaderas, pequeños animales, y algún turista despistado.

-¡3ga! ¡3ga! –Gritaba. Entonces tropezó con algo que estuvo a punto de hacerlo caer-. Mierda de pedruscos…

Pero cuando Aarón se dio cuenta de aquel pedrusco tenía forma de centauro en miniatura y de que le salía sangre llegó a la conclusión de que algo no iba bien.

Impactado, se agacho rápidamente a su lado.

-¡3ga! ¡Ay, dios! ¡¿No me digas que también te maté yo?! ¡Vaya día llevo!