Explicar el funcionamiento y finalidad del Coliseo de la Cábala no es complicado. Solo hay que pensar en los míticos Circos Romanos. Solo que además de gladiadores y leones tenemos hechiceros y bichos muy raros y feos venidos de oscuras dimensiones. Lo normal. Y la finalidad, como pasa con todo en el mundo, es el dinero.
Aquel día el Coliseo estaba especialmente abarrotado, pues los actuales campeones de la Cábala, Oli y Granizea, estaban a punto de batir un record de victorias.
La pareja favorita del coliseo se preparaba para su próximo combate mientras en la arena tenía lugar un duelo titánico. Un hechicero, ataviado con una gran capa roja, hacía pareja con una enorme serpiente con cabeza de cerdo (la serpicerdo) y se enfrentaban a un guerrero de brillante armadura plateada y a su pareja, un avestruz con un gorrito de fiesta en su pequeña cabeza.
Oli observaba el encarnizado encuentro en silencio.
-Los combates cada vez son más duros… -observó, en una actitud tan solemne como sería, sin apartar su mirada de la ventanilla desde la que veía el combate-. Cada día la Cábala recluta guerreros mas bravos y poderosos –En ningún momento el chico obtuvo respuesta alguna, por lo que sonrió-. No tienes por qué estar tan callada, sé que estás nerviosa, yo también. Pero recuerda lo que hemos estado hablando. Este será nuestro último combate. Solo este y obtendremos el record de victorias, nos darán un pastón y podremos dejar las arenas para irnos a vivir a una isla paradisiaca –se giro para volverse hacia el banco que tenía detrás, donde se encontraba sentada su fiel compañera-.Tú y yo.
No obtuvo respuesta. Con un suspiro de resignación Oli se acercó a ella y se sentó a su lado. Tomó entre sus brazos a Granizea, que no era más que un muñeco de tamaño humano. Una especie de espantapájaros ataviado con un largo vestido blanco. Su cabeza era un enorme balón de goma con una cara sonriente pintada en el centro, enmarcada por las guedejas negras de la peluca que tenía pegada.
-Jo, Granizea ¿Por qué no me hablas últimamente? Vamos, anímate, pronto saldremos de aquí y todo cambiará.
Cuando la serpicerdo se comió al guerrero y al avestruz el árbitro considero dar el encuentro por terminado, haciendo sonar la campana que marcaba el fin de la lucha.
Oli se puso en pie y tomó aire.
-Nos toca –dijo, con serio talante.
Tomó a Granizea de la mano y la arrastró hasta la arena.
Marcos, el comentarista más dicharachero del coliseo comenzó a hacer la presentación del próximo combate a través de una megafonía venida de sabe dios donde.
-Damas y caballeros. El momento que tanto habían estado esperando por fin ha llegado. El combate final de la modalidad por parejas en la que tendremos a los campeones imbatidos de la Cábala: ¡Oli y Granizea!
El coliseo estalló en aplausos y bitores.
El enorme portón enrejado de oscuro metal comenzó a alzarse y de él salió Oli, arrastrando a la inerte Granizea de un brazo y saludando efusivamente al público con una mano.
Se colocó en el centro de la pista e hizo que Granizea moviese un brazo.
-Saluda, Granizea, mira lo que nos quieren.
La voz de Marcos continuó con la presentación.
-Pero eso no es todo, señoras y señores, no señor. Bien saben ustedes que a la Cábala le gusta sorprender ¿Y que mejor manera de ponerle la guinda a este campeonato que dándoles a todos los presentes un espectáculo totalmente innovador en este esperadísimo encuentro final?
Los gritos no se hicieron de esperar, el eufórico público estallo en una ola de alabanzas hacia la Cábala.
-Tal y como lo han oído, hoy serán testigos de un nuevo capítulo en la historia de las arenas de la Cábala. La pareja imbatida y favorita de la Cábala se enfrentara a un único combatiente, nuestro nuevo campeón ¡Barquín!
La gente, por supuesto, no conocía el nombre. Ni les sonaba de lejos. Pero igualmente y como ya habían entrado en calor, continuaron con aquel ánimo levantado, aplaudiendo y vitoreando desde la gradas. Después de todo Marcos sabía cómo animar el ambiente (o el que le escribía lo que tenía que decir), y además un cambio injustificado en el reglamento siempre era algo nuevo y emocionante. Nunca se había enfrentado una pareja a un luchador individual. Y eso, unido a que al parecer la Cábala tenía un nuevo campeón, prometía ofrecer un espectáculo digno de ver. Después de todo, era bien conocida la habilidad de la imbatida pareja, por lo que ese sujeto, fuese quien fuese, debía ser fuerte.
-Mira tú que bien –suspiro Oli-. Cambian las normas y no nos dicen ni mu.
Pero Granizea tenía aquel día poco hablador.
-¡¿Cuánto tiempo piensas estar sin hablarme?!
No había tiempo para discutir. El otro portón enrejado ya se alzaba, y no tardó de emerger de la oscuridad que había tras él una figura, que caminaba calmadamente hacia ellos. Todo el coliseo guardó silencio, muy atento de quién era el nuevo fichaje de la Cábala.
Un chico, de complexión... vamos a decir normal, vestimentas negras y piel notablemente sucia, se acercó hasta el centro y se colocó ante la pareja.
-¡Agh! ¡¿Quién es este tío?!
Pero como respuesta Oli solo obtuvo una altanera sonrisa por parte de Barquín.
La campana que indicaba el inicio del combate sonó de repente, pillando a Oli por sorpresa que, aterrado, vio como Barquín se lanzaba contra él.
-¡No me toques! –Chilló Oli, haciéndose a un lado.
Barquín movía las manos con rapidez, tratando de alcanzar a Oli, que solo retrocedía, esquivándolo como podía, sin soltar a Granizea de la mano.
-¡¿Qué hacemos?! –Pero no obtuvo respuesta-. ¡Así no me ayudas!
La mano de Barquín estuvo a punto de rozarle la cara.
-¡Mierda! ¡Así no aguantaremos mucho! ¡Vale, estrategia número 5! ¡¿De acuerdo?! –Oli tiro del brazo de Granizea y la lanzo en el aire. Barquín observo como aquella extraña figura se elevaba en el aire. Oli aprovecho esa distracción para agarrarla por los tobillos cuando comenzaba a caer y acto seguido comenzó a sacudir golpes como un loco con el inanimado cuerpo de Granizea-. ¡Estrategia número 5! –Gritó-. ¡Danza devastadora!
Oli descargaba el cuerpo de su amada contra Barquín, como si en vez de en una lucha en el coliseo estuviese en mitad de una lucha de almohadas. Pero tenía fe, esa estrategia ya les había dado muchas victorias.
Barquín lo esquivaba cada vez con más dificultad, los golpes de Oli eran cada vez más rápidos y fuertes.
-¡Estas acabado!
Pero la euforia le duro poco a Oli. Una piedrecilla se le cruzo en el camino, y como no iba mirando por donde iba dio un traspiés, perdiendo momentáneamente el equilibrio pero logrando no caer al suelo.
Barquín aprovecho aquello para hacerse a un lado y agarrar a Oli de un brazo.
Oli lo vio, miro a Barquín, horrorizado, y aparto el brazo violentamente, lanzado un grito y soltando a Granizea en el proceso.
Barquín agarro el cuerpo de Granizea y empezó a hacerle pedazos, con manos y dientes.
Una lluvia de tela y algodón calló sobre Oli, que observaba, helado, la horrible escena.
Barquín dejo caer los últimos restos de Granizea, unos girones de tela, a los pies de Oli, que seguía con la mirada fija en él. Aún sin poder creérselo.
-Granizea… -masculló, presa del shock.
Y de nuevo Barquín aprovecho ese momento de distracción para abalanzarse sobre él y tomar su rostro entre sus dos manos, obligándolo a mirarlo.
-¡Hola! –Le saludo, muy animado.
Durante unos instantes Oli le observó, confuso, pero pronto regreso a la realidad y se aparto rápidamente.
-¡Aaaagh! ¡Me ha tocado! ¡Me ha tocado! –Gritaba mientras se frotaba la cara con las manos, en un desesperado intento por limpiársela.
Mareado y con nauseas se desplomó sobre la arena. Había perdido el combate, y aún peor, había perdido a su único amor. Pero, por encima de todo aquello, ese tal Barquín le había tocado. Deseo morir allí mismo o darse un baño de lejía. Esos fueron sus últimos pensamientos antes de perder la consciencia.
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