¡Destruiremos al ángel y someteremos a ese reino maldito! ¡Esto es una
guerra…!
El mando a distancia
destrozó la pantalla de la nueva tele de plasma.
-Creo que debería dejar de
hacer eso… -se dijo Oli, enclaustrado en su sillón. Hecho una furia se
levantó-. No se saldrán con la suya… ¡Willy! ¿Willy…?
El ángel ya se
disponía a salir por la puerta, llevaba
una maleta en la mano con una pegatina en la que podía leerse “Abu Dabi”.
-¡Eh! ¡¿A dónde crees que
vas?!
-¡¿Cómo que ha donde voy?!
¡Lejos! ¡Muy lejos!
-Vamos, ni que fuese tan
grave.
El ángel dejó caer la
maleta, alucinado de la gilipollez que acababa de escuchar.
-¡¿Que no es tan grave?!
¡¿Es que no lo has visto?! ¡Esos cabrones han convencido a todo el mundo para
acabar conmigo! ¡Hasta han forjado un arma para matarme! ¡Y por tu culpa! ¡Por
mandarme ir a matar a comosellame!
-No te preocupes, tengo un
plan.
-Y yo. Me iré a vivir a
otro continente. Me cambiaré el nombre y empezaré una nueva vida. Con las
pintas que tengo ahora quizá me den trabajo en un circo o algo así.
-Joder, mira que eres
melodramático.
-¡¿Y qué ostias sugieres
que haga?!
-Primero dejar de
preocuparte. ¿Es que no lo ves? Ellos vendrán aquí, a mi territorio. Un
territorio que yo mismo he creado y en el que soy invencible. Aquí tengo material suficiente para crear lo
que quiera. Además ¿Para qué coño te piensas que creé un ejército?
-Porque te aburrías.
-En parte. Pero también por
si esto pasaba. Bien, esos pobres infelices pronto estarán aquí. Yo mismo
saldré a darles a la bienvenida y a hacerles una advertencia (que eso le dará
más chicha a la historia). Y como Aarón es tan cabezota no me escuchará y entrarán
en Olilandia y entonces… -risa retorcida de malo cabrón-. ¡Entonces se darán de
morros con mi ejército! ¡Mi ejercito de seres invencibles! ¡Es fantástico! ¡Acabaré
con la Cábala y con Aarón de un solo golpe! ¡Y sin moverme de casa! ¡Esta vez
mi pueril venganza carente de sentido será consumada! ¡Acabaré con Barquín!
Willy, que había hecho como
que escuchaba muy atentamente con una fingida sonrisa, ladeo la cabeza y frunció
el ceño.
-¿Con quién?
(Tres días después…)
-Pues si que tardan los
chiquillos… -murmuró Oli, que llevaba tres días sentado sobre una roca en los
lindes del bosque de Olilandia.
-¡QUE VAYAIS MÁS RAPIDO HE
DICHO!
Aquel atronador ladrido
llegó a oídos de Oli. Esos estridentes alaridos solo podían provenir de dos
sitios: De una panchonera pejina en pleno ataque de histeria, o de Aarón.
Oli se quitó las telarañas
de encima y se levantó de un salto.
-¡Ya están aquí! ¡Ja!
¡Están perdidos!
El ejército de la alianza
entre Froxá y la Cábala se cernía ya sobre las Tierras de Pesadilla,
vulgarmente conocidas como Olilandia.
Aarón abría la marcha,
montando a Jerry (Tom seguía de baja por empacho). Cara Pedrusco iba a su lado.
Detrás de ellos, Tiburón, el burro gigante, tiraba del carromato con la jaula
de Barquín, en la cual el susodicho se entretenía haciendo un collar de macarrones.
Murga, caminaba delante de Tiburón, tirando de sus riendas y calmándole cada
vez que la compañía de su “carga” se volvía demasiado difícil de sobrellevar.
Varios metros más atrás (lo más lejos que podían de Barquín), desfilaba el
resto del ejército y, por detrás de este, iba Marcos, liderando la caravana de
carromatos que transportaban a todos aquellos que habían pagado por ver la
batalla en primera fila (Sí, iba a ser una guerra con público y puestos de
comida rápida…). Marcos hacía gala de su labia para animar a sus clientes,
haciendo de guía turístico y animador a través de aquellas tierras (que por
cierto no conocía). La única persona que no acudió a la guerra fue Juan, que se
había quedado en el Coliseo contando el dinero que habían recaudado con su
brillante idea de cobrar entrada para ver la masacre.
Aarón tiró de las riendas
de Jerry y la serpiente gigante se detuvo, frente a los lindes del bosque de
Olilandia.
Aarón, haciendo gala de su
delicadeza y su don con las palabras tomó aire y…:
-¡EH, TÚ, EL QUE HA CREADO
EL ESTÚPIDO REINO ESTE! ¡SAL INMEDIATAMENTE PARA QUE TE DÉ UNA PALIZA A TI A TU
ESTÚPIDO ÁNGEL! ¡VAMOS! ¡NO ME HAGAIS ENTRAR O SERÁ PEOR!
-Evocadoras palabras… -dijo
Cara Pedrusco, con el dedo metido en su ensordecida oreja.
-¡Gracias!
A los pocos segundos una
figura emergió de entre la espesura. Un tío con rizos y una larga túnica azul
se acercaba a ellos flotando sobre una especie de nube, a ras de suelo, con los
brazos cruzados y una sonrisa de suficiencia dibujada en el rostro.
Marcos se acercó.
-Vaya, vaya, mira por
donde, es Oli –dijo, con una sonrisa. Y usó el hechizo de proyección de voz
para que todo el público lo escuchase-. ¡Damas
y caballeros, parece ser que Oli, ex campeón de la Cábala y creador y soberano
de las tierras de pesadilla ha hecho su entrada en escena! ¡La batalla es
inminente!
Aarón le dio un capón.
-¡Deja de graznar,
comentarista estúpido!
Oli se detuvo ante ellos,
flotando sobre su nube mágica. Le dedicó a Barquín la más desdeñosa, asqueada y
furiosa de las miradas. Por su parte, Barquín le saludó cariñosamente con la
mano desde su jaula.
-Sed bienvenidos a mi reino
–saludó Oli, con una burlona sonrisa y leve reverencia-. Antes de que cometáis
el inmenso error de adentraros en mis tierras, dejad que os advierta de…
-¡Que te calles! -Le cortó Aarón-. ¡Ven aquí para que pueda
darte un par de buenas bofetadas!
El bárbaro se acercó a él
con paso decidido, pero la nube de Oli se elevó lo suficiente para que Aarón no
pudiese alcanzarlo.
-Bien, como os decía
–prosiguió Oli-, Si os atrevéis a entrar en mis dominios os espera una serie de
terribles…
El creador detuvo lo que
iba a ser una arenga al ver que el líder del ejército invasor no le hacía el
menos caso. Aarón estaba muy ocupado tratando de darle alcance a saltos.
-¡Baja! ¡Baja aquí! ¡Ya
verás la somanta de guantazos que te voy a dar! ¡Que bajes he dicho!
Oli dio suspiro.
-Haced lo que queráis.
Y su nube retrocedió,
perdiéndose entre la oscura espesura del bosque.
-¡Bien, lao habéis oído!
–Rugió Aarón-. ¡Ha dicho que hagamos lo que queramos! ¡Así que, desfilando todo
el mundo pa dentro! ¡Apalead a todo el que os encontréis!
Cara Pedrusco se acercó a
él.
-Señor, creo que sería
conveniente que antes trazásemos un…
Un minuto después Cara
Pedrusco, con un chichón en la cabeza, y el resto del ejército entraban en las
Tierras de Pesadilla.
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