Por si ya tenían pocas
esperanzas de por sí, cuando vieron al ángel-bestia elevarse en el aire y pasar
completamente de las sierpes su moral besó el suelo.
-Ahora sí que estamos
jodiditos… -dijo Cara Pedrusco.
-¡¿Quién necesita a esa
cosa rara con alas?! –Bramó Aarón-. ¡Yo mismo me ocuparé de los bicharracos
esos!
-Muchas ya estarán lejos
–habló ahora Marcos-. La hemos liado pero bien.
-¡Y todo por tu culpa!
–Ladró Aarón, señalando a su hermano-. ¡Ya te puedes ir preparando porque la
que te espera luego va a ser de órdago!
Barquín se echó a temblar.
Una sierpe se abalanzó
sobre ellos. Aarón enarboló su espada con firmeza y descargó un mandoblazo
sobre la parte superior de aquella grotesca boca, causándole a la sierpe un
profundo corte. Pero esta, lejos de retroceder, golpeó al bárbaro con su fuerte
pecho y este cayó hacia atrás, perdiendo su espada. La sierpe volvió a
abalanzarse sobre él. Trataba de engullirlo, pero Aarón, aun en el suelo,
sujetaba aquellas fauces entre sus manos, con fuerza.
-Serás hija puta… -gruñía,
con sumo esfuerzo.
Pero mientras Aarón estaba enfaenado
con su sierpe, otra se abalanzó sobre el resto, dispuesta a devorarles a todos
de un bocado.
-Con lo bien que estaba yo
trotando por el bosque… -dijo Cara Pedrusco, a modo de últimas palabras.
Cerraron los ojos, a espera
del fin, pero… No pasó nada.
Cuando los abrieron
pudieron ver que la sierpe que los atacaba se había esfumado, igual que la que
atacaba a Aarón. Tan solo escucharon a Barquín eructar.
-¿No te las habrás
tragado…? –Preguntó Cara Pedrusco, estupefacto.
Barquín asintió, tan
sorprendido por lo ocurrido como el resto.
-¡¿Pero cómo?! –Saltó ahora
Marcos, igual de confuso-. Solo el Patriarca puede hacer el hechizo de sellado.
-No sé como lo hecho.
Simplemente… desee que estuviesen dentro de mí otra vez–explicó Barquín.
-Eres rarito como tú solo
–dijo Aarón-. Bueno, pues ya estas jalándote el resto ¡Y rápido!
-Tal vez el hechizo aún no
esté roto, por eso Barquín puede volver a introducirlas en su interior –sopesó
Marcos-. ¡Bien, es perfecto! Hazle caso a tu hermano, ponte a tragar sierpes
como si no hubiese mañana.
Cuatro sierpes más reptaban
hacia ellos. Barquín abrió la boca y, como si de una aspiradora se tratase,
empezó a absorber a aquellos monstruos, que empequeñecían al acercarse a la
boca del Campeón de la Cábala hasta perderse en su interior.
-Perfecto, ya llevamos
seis. Solo nos faltan unas mil –dijo Cara Pedrusco.
-Las sierpes siguen
alejándose… -observaba Marcos-. Están empañadas en irse a hacer su vida.
Tenemos que hacer que se reúnan aquí. Atraerlas de alguna manera. O esto no
servirá de nada.
Todos (a excepción de
Aarón, que estaba muy ocupado gritándole a las sierpes) se pusieron a dilucidar
algún tipo de estrategia para atraer a las sierpes hasta ellos.
Entonces Marcos calló en
algo.
-Tal vez él pueda ayudarnos
–dijo, señalando al cielo, donde la figura del ángel se mantenía fija en el
aire.
Cara Pedrusco pareció no
entenderle.
-¿Crees que hablará pársel?
-No, pero quizá pueda usar
a aquella lucecillas que se metieron en vuestras mentes. Si gracias a ellas las
sierpes pudieron ser liberadas tal vez puedan ayudar a encerrarlas otra vez.
-No entiendo como…
-Ni yo, pero vale la pena
intentarlo.
Tanto el invocador como el
centauro comenzaron a llamar al ángel, pero estaba demasiado alto y no podía
oírles. Lo que si consiguieron fue atraer a más de las sierpes que aún rondaban
por los alrededores.
-¡Mierda! –Protestó Cara
Pedrusco.
-¡¿Pero cómo se os va a oír
con esos gritos de nenaza?! ¡Ahora veréis! –Aarón tomó aire, mucho aire. Llenó
sus pulmones y… tomó más aire aún-. ¡EH, TÚ, ÁNGEL ESTÚPIDO, BAJA AQUÍ AHORA
MISMO! ¡VENGA! ¡SI, TÚ, BICHO RARO CON PATAS DE GATO Y ALAS DE GAVIOTA! ¡¿ESQUE
NO ME OYES?! ¡VAMOS, BAJA, ESPECIE DE PECADO CONTRA LA NATURALEZA! ¡CRIATURA
MUTANTE Y FEA! ¡QUE BAJES HE DICHO, BICHARRACO! ¡HOMBRE-GATO-PALOMO –ESTÚPIDO!
¡BAJA! ¡BAJAAAA!
Toda España se había
enterado, pero el ángel seguía sin inmutarse. Sin embargo Aarón no iba a
rendirse, siguió berreando como un poseso, haciendo que más sierpes de la
muerte se aproximasen hacia ellos.
Y allá arriba, en las alturas,
la vena de sien de Willy comenzaba a amenazar con una inminente eyección,
mientras un acentuado tic aparecía en su ojo. No había querido moverse del
sitio, pero había escuchado todas y cada una de las florituras que ese bárbaro
estaba lanzado contra su persona. Pensó que acabaría cansándose de dar gritos,
después de todo ninguna persona normal podía chillar a tanto volumen y durante
tanto tiempo, pero Aarón parecía tener unos pulmones y una garganta fuera de lo
normal.
Apretando la mandíbula con
fuerza se dejó caer en picado. Aterrizando pesadamente sobre el suelo, justo
frente a Aarón.
-¡¿QUÉ?! –Le chillo en
ángel-bestia a la cara, rojo de ira.
-Ah, pues… no lo sé –fue la
respuesta del bárbaro.
Otro tic apareció en el ojo
del ángel.
-Necesitamos tu ayuda
–interrumpió Marcos, antes de que aquello terminase en desastre-. Tenemos una
manera de acabar con las sierpes, pero vamos a necesitarte.
La mirada de Willy se
desvió hacía Barquín.
-¡Tú! –Dijo, desenvainando
su espadón y acercándose amenazadoramente hacia él-. ¡Tú! ¡Tú! Tú… -se paró en
el sitio, con las cejas alzadas y cara de no saber muy bien como seguir.
-Barquín –dijo Barquín.
-¡Sí, eso! –Y volvió a adoptar su amenazadora pose y a acercarse
hacia él-. No puedo completar mi misión de acabar con los bichos esos, pero
bueno. Se supone que fui creado para matarte así que, que no se diga que no
serví para nada.
Ya alzaba su espada cuando
Aarón se puso por medio, el acero de ambos chocó entre sí.
-¡Que te he dicho que a mi
hermana solo la arreo yo!
-Que aburrido me tienes…
-¡Parad ya, leches! –Gritó
Marcos-. Tú –dijo señalando al ángel-. Tienes que hacer que Oli venga.
-¿Qué tengo que hacer venir
a quién? –Preguntó el ángel, sin entender nada.
-A Oli… ¡Tú creador! –Se
vio obligado a añadir al ver que este parecía seguir sin entender.
-Ahhh… Sí, él –dijo
finalmente el ángel. Y entonces pareció caer de pronto en algo importante.
Ahora ya entendía cual era esa presencia que había dejado de sentir momentos
antes-. Creo que esta muerto –dijo, con sencillez.
-¡¿Qué?!
-Sí, hace un rato sentí
algo extraño y… Bueno, dejé de sentir su presencia. Fue todo muy raro, supongo
que como es mi creador es algo que me viene de fábrica. Creo que fue devorado
por uno de los bichos esos –añadió, señalando a las sierpes.
-Jodiditos… Jodiditos del
todo… -se lamentaba Cara Pedrusco.
-Esperad, aunque Oli ya no
esté quizá el pueda ser de ayuda –dijo Marcos.
Pero Willy le ignoró.
-Bueno –dijo el ángel-.
Cómo… -paró un momento-. Oli. Sí, eso, Oli. Cómo Oli está muerto supongo que
ahora puedo hacer lo que me dé la gana.
Y volvió a avanzar hacia
Barquín, con su arma preparada.
-¡¿Pero que te he hecho
yo?! ¡¿No decías que ahora podías hacer lo que te diese la gana?! ¡Oli ya está
muerto, no tienes porque hacer lo que te mandó! –Suplicaba Barquín,
desesperado.
-Ya, bueno, pero como te
dije fui creado para esto y… -se encogió de hombros-. En fin, algo tengo que
hacer.
-Entonces cumple el último
deseo de tu señor –dijo Marcos, tratando de disuadir al ángel vengador.
Pero Willy le dedicó una mirada
asesina.
-A vosotros sí que no tengo
porque haceros caso.
-¡Espera! –Dijo Barquín. Y
tomando aire adoptó una postura seria, recia y orgullosa. Algo totalmente
inusual en él-. Ayúdanos a acabar con las sierpes, por favor. Cuando todo esto
haya acabado podrás matarme si quieres.
El ángel pareció
pensárselo.
-¡Hermana no puedes hacer
eso! –Gritó Aarón.
-Oh, hermano ¿te preocupas
por mí?
-No, me preocupo porque yo no pienso
enterrarte ¡Te las apañas tú solito!
Barquín dio un suspiro y
centro de nuevo su atención en el ángel, que seguía mascando la idea.
-Vamos, piénsalo. Habrás
cumplido el último deseo de tu creador y luego la misión para la que fuiste
creado. Lo conseguirás todo ¡Quedarás como Dios!
Dándose por vencido, Willy
envainó su espada, con un gruñido.
-¿Y qué puñetas queréis que
haga?
Marcos se acercó a él.
-¿Puedes invocar a las
lucecillas esas que se meten en la cabeza de la gente? –Quiso saber el
invocador.
-¿A los discípulos? Sí,
supongo.
-Perfecto, necesitamos que
invoques a tantos como sea posible. Los suficientes para que se meten en la
cabeza de todas las sierpes y las hagan venir hasta aquí.
-No entiendo que queréis
hacer, pero bueno –dijo el ángel-bestia, mientras comenzaba a elevarse en el
aire, mascullando protestas-: Mata a nosequién, olvídate de nosequién, mata a
las sierpes, ahora me muero yo, ahora hazle caso a la gente esta, llama a los
discípulos… ¡No paro de hacer cosas!
Se elevó muchos metros por
encima del suelo, hasta detenerse a casi la misma altura a la que había estado
momentos antes, observando cómo las sierpes arrasaban todo a su paso.
Una increíble luz blanca
comenzó a rielar de todo su cuerpo. Sus alas se abrieron, cuan largas eran.
Aquella imagen pudo ser admirada desde toda la región. Muchos se detuvieron a
mirar, en mitad del caos. Incluso las propias sierpes fueron llamadas a
observar aquel inmenso destello blanco en mitad del cada vez más oscuro cielo.
Más abajo, Marcos se acercó
a Barquín.
-No puedo creerlo… ¡Has
servido para algo! –Le felicitó-. Y oye ¿De verdad vas a dejar que te mate
después?
-¡No! –Respondió Barquín-.
Me esconderé en algún sitio…
De nuevo, en el cielo,
Willy alzó la cabeza. Parecía que iba a cantar. Toda la región se paró para
observar ese momento. La voz principal del coro celestial iba a dejarse oír en
aquella caótica tierra.
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