viernes, 17 de febrero de 2012

Capítulo 20: El Pacto

Barquín, Aarón, Cara Pedrusco, Murga y Marcos se hallaban en la sala de audiencias del Patriarca, donde el susodicho ocupaba su trono de negro y retorcido metal.

-Bien, hablaré claro –dijo Juan-. Aarón, quiero que tú y yo nos unamos.

-¡Y yo quiero un castillo hecho de oro, no te jode!

-Ahora tenemos un enemigo común, necesitamos unir fuerzas para derrotarle.

-¡No necesito ayuda!

-Deja de ser tan obstinado. Nos enfrentamos a un enemigo muy fuerte. Debemos unirnos y destruir al ángel.

-¿Pero de dónde ha salido? –Preguntó Murga.

-He estado mirando en mi bola de cristal y he dado con sus orígenes –respondió el Patriarca-. En el norte ha emergido, en cuestión de un día, todo un reino.

-¿Pero cómo? –Quiso saber ahora Cara Pedrusco-. ¿Acaso allí hay otro Gitani?

-O eso o ahora venden semillas instantáneas de reinos –rió Murga.

-Ni lo uno ni lo otro –habló de nuevo Juan-. Todo es obra de Oli.

Aquel nombre pareció ser familiar para todos los presentes, excepto para Aarón, que se distraía mirando mal a todos los presentes.

-¿De qué me suena ese nombre? –Se preguntaba Murga.

-Fue el anterior campeón de la Cábala –contestó Marcos-. Hasta que Barquín lo derrotó a él y a su… pelele…

-¿Y cómo es que tiene semejante poder?

-No lo sé –respondió ahora el Patriarca-. Pero ha sido capaz de crear un ser que ha logrado colarse en mi nuevo Coliseo y darles una buena zurra a los dos campeones.

-¡Me pilló distraído! ¡Y encima mi palo se volvió loco! ¡Ya verás cuando le vuelva a pillar! –Estalló Aarón, furioso.

-Sea como sea, debemos acabar con Oli para que no siga extendiendo su reino –declaró Juan-. Y para eso debemos acabar primero con el ángel.

-¿Y cómo hacemos eso? –Preguntó Marcos.

Juan mostró una siniestra sonrisa.

-No os preocupéis, lo tengo todo pensado.

De nuevo, en las arenas del Coliseo, había una gran conmoción. El Patriarca había salido a escena, acompañado de los dos campeones y sus hombres. Al parecer iban a dar una noticia de suma importancia.

Unos ogros enormes hicieron acto de presencia, portaban una enorme fragua, que depositaron en el centro de la arena y encendieron con una antorcha. Después, dos goblins, portando cada uno un enorme estuche negro, los depositaron junto a la fragua.

Juan se situó junto a la ardiente fragua y hablo, proyectando mágicamente su voz a todo el Coliseo:

-Mi querido público. Hoy es un día que pasará a formar parte de nuestra historia. Hoy, en este día, la Cábala y el bosque de Froxá se unirán para hacer frente a un enemigo común.

-¡Eh! ¡Que yo he dicho que no! –Gritó Aarón, pero Juan le ignoró.

-En el norte ha crecido una amenaza como nadie se imagina. Pero no debéis preocuparos. Nosotros la destruiremos.

Aunque no entendían muy bien de qué iba la cosa, el público vitoreaba al Patriarca. Juan prosiguió con su discurso.

-Nuestro enemigo es inmortal pero… -Juan abrió un de los estuches, y extrajo de él una espada negra y retorcida-. He aquí a Espina del Diablo, la espada maldita con la que en su día fui campeón de las arenas –la gente aplaudía, eufórica. Juan abrió el otro estuche y extrajo otra espada, más grande y basta-. Y he aquí a Mata Estúpidos, la espada con la que Aarón se convirtió en una leyenda viva de los fosos.

-¡Eh, mi otra espada! ¡Así que la tenías tú! ¡Ladrón! ¡Dámela!

Pero los ensordecedores gritos del público taparon las sonoras demandas de Aarón.

Juan arrojó ambas espadas al interior de la ardiente fragua. Una columna de luz roja y sombras salieron eyectadas del interior, como un geiser. El público enmudeció ante tan increíble espectáculo.

A los pocos segundos, una nueva y enorme espada negra emergió del interior de la fragua, flotando frente a Juan, rodeada de un aura de fuego y sombras.

Juan la tomó por la empuñadura y la alzó.

-¡Observad a Segadora Letal! ¡En esta espada están aunados el ardiente poder rojo de las montañas y el negro poder de los pantanos de los que emergió la Cábala! ¡Juntos, eclipsaran y destruirán la luz del ángel asesino!

Más gritos de satisfacción por parte del público.

-¡Ahora, la Cábala y Froxá partirán al norte, a las Tierras de Pesadilla, llamadas también Olilandia, el enemigo de esta tierra! ¡Destruiremos al ángel y someteremos a ese reino maldito! ¡Esto es una guerra, mí querido público! Y… ¡Todo el que quiera podrá asistir para verlo en primera fila!

Ahora sí que el griterío se hizo ensordecedor. Aquello sí que merecía la pena ser alabado. Solo al Patriarca podría ocurrírsele convertir una guerra en un espectáculo abierto para los curiosos y los amantes del riesgo.

-¡Señor, esta vez se ha superado a sí mismo! –Saltó Marcos-. ¡Este espectáculo si que será toda un éxito!

-Sí –coincidió el Patriarca, con una sonrisa-. Y no será nada barato. ¡Marcos! ¡Empieza a prepararlo todo!

-¡A sus órdenes!

-¡¿Y yo qué?! ¡¿Qué hago?! –Gritaba Barquín.

-¡A tú jaula!

-Jo…

Todos se marcharon a preparar aquel gran evento. Pero alguien no se movió de allí. Juan sintió la penetrante mirada de Aarón sobre él.

-¿Qué ocurre?

Aarón le mostró su amenazador puño.

-¡Dame mi espada!

Juan sonrió.

-Desde luego, aquí la tienes –y le tendió la espada al bárbaro-. ¿Quién mejor que tú para acabar con el ángel? La gente pagará una fortuna por ver ese encuentro.

-¡Calla! –Aarón miró hacia el cielo, con su amenazadora mirada entrecerrada-. Ahora solo me falta recuperar mi otra espada…

Capítulo 19: Renacer

-¡Que increíble final, damas y caballeros! ¡Los dos hermanos, luchando codo con codo, han logrado hacer retroceder al ángel vengador! ¡Un fuerte aplauso!

Con un gruñido, Oli lanzó el mando a distancia contra su enorme tele de plasma, reventándola.

-¡Vaya mierda! ¡¿Cómo se atreven a hacerle eso a mi creación?! Ese maldito Aarón… ¡Hermano de Barquín tenía que ser! ¡¿Pero qué diablos le he hecho yo a esa familia?!

Se levanto de su sillón, hecho una furia y salió a su enorme balcón, donde observó el cielo del atardecer. Un punto se acercaba. Oli entrecerró los ojos para verlo mejor. Algo revoloteaba torpemente hacía él. Pronto fue adquiriendo forma, conforme se acercaba. Era Willy. Oli retrocedió un poco y el ángel aterrizó, pesadamente, sobre el impoluto suelo de mármol blanco. No tenía piernas, y había comenzado a dejar un charco de sangre a su alrededor.

-¡¿Pero qué estás haciendo?! –Gritó Oli-. ¡Mira cómo me estás poniendo el suelo!

El semblante del ángel pasó del dolor a la sorpresa y luego… a la más absoluta ira homicida.

-¿El suelo…? –Masculló, entre dientes.

Asustado, Oli veía como su creación avanzaba hacia él, con cara de asesino, impulsándose con los brazos, arrastrando sus alas y esparciendo su sangre tras él.

-Qui… Quieto… que estás poniendo el suelo peor… -decía Oli, cada vez más nervioso, al ver esos ojos inyectados en sangre.

-Lo mato… -gruñía el ángel.

-¡Vale, vale, perdona! Vamos, que no es para tanto.

-¡¿Que no es para tanto?! ¡Mírame! ¡Ahora en vez de ser el ángel vengador seré el ángel vendedor de cupones! ¡Por tu culpa, mamón!

-¡¿Por mi culpa?!

-¡Sí, por tu culpa! No me dijiste nada del tipo ese, del… como se llame… del… hermano de este otro… este… ¿Cómo era…?

-Barquín…

-Sí, eso. ¡No me dijiste nada de él! ¡Es una mala bestia! ¡Y tampoco me hablaste del poder que tenía! ¡No me dijiste nada!

-¡¿Cómo iba a saber yo que no sabía nada?!

-¡Tío, que nací ayer!

Oli dio un suspiro.

-Bueno, no es el fin del mundo. Podrás llevar una vida más o menos digna.

-¡ARGH!

Willy agitó las alas y se lanzó sobre él, estrangulándole.

-¡Va… vale…! ¡Te arreglare…! ¡Pero suéltame, que me ahogas…!

El ángel le liberó de su agarre y Oli se puso en pie.

-Está bien. Supongo que aún no eras perfecto, pero eso voy a arreglarlo ahora mismo –miró a su tullida creación, con serio semblante-. ¿Estás dispuesto a…?

-¡Que lo hagas de una puta vez!

-¡Vale, vale, joder! Solo quería darle más dramatismo a la historia. Bien, veamos… -el artista dio un silbido y, al cabo de un par de minutos, un jaguar blanco se presentó en la terraza-. He aquí tus nuevas piernas.

El ángel paseó su mirada del jaguar al creador, con una ceja alzada.

-¿Perdón?

-Si quieres estar completo. Si deseas ser perfecto, toma lo que necesites de ese animal.

-¿Me estás diciendo que le arranque las patas a ese pobre bicho? ¡Tú estás mal!

-No solo las patas. El cuerpo. Todo, menos la cabeza. Vamos.

El ángel observó durante unos segundos al artista con una fría mirada para, a continuación, alzar un puño y tensar sus alas, preparado para arremeter contra su creador y reventarle la cabeza.

-¡Vale, de acuerdo! No hagas nada. Ya me ocupo yo…

Oli se sacó hoja y carboncillo de uno de los bolsillos de su túnica, se sentó en el suelo y comenzó a garabatear en ellas.

-Sitúate junto a él –le indició a su creación.

Willy obedeció y se arrastró hasta el sumiso jaguar, al que acarició la cabeza.

Oli terminó de su dibujo, cerró los ojos y se concentró, aunando todas sus fuerzas en aquel deseo.

Cuando los abrió tenía ante él a su obra definida. Más alto, más letal. Willy, de cintura para arriba seguía igual, pero de cintura para abajo poseía un enorme cuerpo de jaguar. Para haceros una idea… Era como un centauro pero con cuerpo felino.

-Ya está… -dijo Oli, en un suspiro. Aquello le había agotado-. Ahora sí que eres perfecto. El arma perfecta. Contigo como guardián estaré a salvo.

Willy se miraba de arriba abajo, ceñudo.

-Sí, lo que quieras, pero… ¿Qué coño se supone que soy ahora?

-Bueno, pues… Un especie de… ángel-jaguar-centauro… Aunque, de perfil, tiras más a esfinge.

-Y tú tiras a tonto. A tonto del culo.

Oli se puso en pie.

-Bien, ahora sí que serás invencible. ¡La próxima vez matarás a Barquín!

-¿A quién?

Capítulo 18: Un Enemigo Común

Marcos llegó dando saltos hasta el palco de honor del Patriarca, desde donde el absoluto dirigente de la Cábala estaba observando el combate.

-Señor ¿Y ahora qué hacemos? –Preguntó el invocador, que se había quedado sin ideas.

Juan observaba la blanca figura que había osado irrumpir en su Coliseo, con neutro semblante.

-Que el espectáculo continúe –declaró.

-Pero…

Juan le fulminó con la mirada y Marcos se marchó de allí como una flecha, entre nerviosas risitas.

Mientras, en la arena, el ángel seguía observando, con curiosidad, al público, que aún le miraba en completo mutismo. Nadie entendía que había pasado.

-¡Eh, tú!

Dándose por aludido, el ángel plegó sus alas y se volvió hacia Aarón, mirándole como si acabara de reparar en su presencia.

-¡Nadie le pega a mi hermana!

El ángel sonrió.

-He venido a matar a… a… -pareció quedarse en blanco.

-¡Señoras y señores, tenemos a un nuevo luchador! –Marcos pegó un saltó y aterrizó sobre la arena. Luego corrió hasta el ángel-. ¿Puede decirme su nombre?

-Willy.

-¡Willy, el ángel! ¡Que acaba de darle un buen golpe a nuestro capeón, Barquín!

-¡Sí, eso, Barquín! –Saltó de pronto Willy, que parecía haber logrado desentrañar una gran incógnita personal. Observó el maltrecho cuerpo que se retorcía a unos metros de él con una sonrisa-. Menos mal que no me equivoqué.

Con un suspiro de alivio y recuperando su sonrisa, el ángel desenvainó su enorme espadón y camino hacía Barquín. Marcos hizo mutis de allí y regresó a las gradas.

-¡Parece que el ángel está dispuesto a rematar su tarea!

Cuando Willy ya se cernía sobre él, Barquín se movió y el ángel pudo verle bien. Rápidamente retrocedió de un salto y dejó caer su espada, espantado.

-¡Oh, dios! ¡¿Qué es eso?! –Se hincó sobre una rodilla y comenzó a frotarse la pierna-. ¡Qué asco! ¡Le he tocado! ¡Tendré que desinfectarme con lejía!

Barquín aprovecho ese momento para ponerse en pie y mirar mejor a su agresor.

-¿Quién eres…? –Preguntó, aún dolorido-. ¿Y por qué me has hecho eso?

Con un gesto de sumo asco, el ángel recogió su espada y se puso en pie.

-Verás, como ya habrás oído de ese que anda graznando por ahí yo soy Willy. Y… Me han creado para matarte –concluyó, con una sonrisa.

-Oh… pues vaya… -respondió Barquín, retrocediendo poco a poco. En la perrera donde le criaron no le habían enseñado a combatir contra ángeles y se sentía un poco descolocado.

Willy se acercaba a él conforme este retrocedía.

-Créeme, no es nada personal. Es más, preferiría no tener que acercarme a ti pero… así están las cosas.

El ángel agitó su espadón frente a él, haciendo un par de cabriolas, para luego alzarla, preparada para segar la vida de aquel a quien debía matar.

Pero un súbito y devastador golpe por la espalda lo hizo caer de morros al suelo.

-¡Que a mi hermana no la pega nadie excepto yo! ¡Y a mí no se me ignora!

Aarón, vara en mano, había irrumpido en la escena, y lucía más que cabreado.

El ángel se levantó y se hizo crujir los huesos del cuello. Miró a Aarón con cara de pocos amigos.

-Au…

-¡¿Qué les parece eso?! ¡Menudo cambio de trama! ¡Ahora los dos hermanos están unidos para hacer frente a un enemigo inmortal! ¡Hagan sus apuestas!

-¡Hermano, me has salvado! ¡Te quiero! –Gritó Barquín, con lágrimas de felicidad.

-¡Tú a callar! En cuanto me encargue de este verás la que te espera.

-¿Y quién eres tú? –Preguntó el ángel.

-¡Tú peor pesadilla!

Aarón tenía la costumbre de no contestar nunca a las preguntas que se le hacían…

-Él es mi hermano –respondió entonces Barquín-. Aarón, el campeón de los fosos y ahora señor de los bosques de Froxá.

El ángel se volvió ahora hacia Barquín, algo confundido.

-Aha… ¿Y tú eras…?

-Barquín…

-Sí, eso, Barquín, es verdad. Aquel al que debo matar. En fin… Vamos a ello.

Y volvió a alzar su espada. Pero Aarón, cada vez más harto de que ese sujeto le ignorase, volvió a descargar su vara sobre él. Pero esta vez el ángel se giró de improvisto y detuvo la vara con la mano para, a continuación, propinarle a Aarón una patada que lo lanzó por los aires (Lo sé, difícil de creer que esto le pase a Aarón, pero hay que darle interés a la historia…).

Willy, que se había quedado con la vara del bárbaro en la mano, la arrojó lejos y volvió a centrar su atención en Barquín, que ya estaba arrodillado en el suelo rezando un padre nuestro.

Con un grito de furia, el bárbaro se levanto y se lanzó a por el ángel, que volvió a girarse sobre sí mismo para hacerle frente.

-Oye, que a mi nadie me ha mandado matarte ¡Deja que acabe mi trabajo, leches!

-¡Y un jamón! ¡Que a mi hermana solo la pego yo!

Y se lanzó sobre Willy. Ambos rodaron por el suelo, el bárbaro logró quedar encima pero el ángel no tardó en zafarse du su agarre. Se levanto de un salto y abrió sus imponentes alas, que lo alzaron lo suficiente para pasar sobre Aarón y propinarle otra patada que lo derribó.

Barquín aprovechó el momento en que aterrizó para acercársele y… abrazarlo.

-¡Ja! Siente el abrazo de la muerte.

-¡Argh! ¡Suéltame! ¡Qué asco!

De un manotazo se lo quitó de encima. Barquín rodó por el suelo y Willy comenzó a tratar de limpiarse con las manos, entre arcadas. Pero Aarón aprovecho ese momento para ir hasta él y propinarle una serie de golpes que lo derribaron. Entonces el bárbaro recuperó su vara, justo en el momento en que el ángel se ponía de nuevo en pie, espada en mano. Aarón cargó de nuevo contra él, pero Willy batió las alas, levantando una ola de arena que cegó al señor de Froxá. Aprovechando esto, el ángel se elevó un poco y se lanzó de nuevo sobre Barquín, con la espada preparada para matar. El campeón de la Cábala soltó un chillido histérico, viendo su inminente final. Pero entonces Aarón se tiró sobre ángel, agarrándole de las piernas y haciéndole caer al suelo justo en el momento en el que este iba a descargar su espada sobre su hermano. Aunque no pudo evitar que la afilada punta del arma rozase el hombro de Barquín, haciéndole un arañazo.

Cada vez más cansado de la situación, Willy se sacudió a Aarón de una patada y se puso de nuevo en pie, ahora ya cabreado. Barquín se retorcía en el suelo, taponándose aquel rasguño del que apenas habían salido dos gotitas de sangre.

-¡Ay, qué dolor! ¡Me muero, me desangro! ¡Adiós mundo cruel!

Willy miró su espada, en la punta aún había restos de la sangre de Barquín.

-¡Puaj! Esto ya es para tirar…

Y dejó caer la espada.

-¡Ahá! –Gritó entonces Aarón-. ¡Mala jugada! ¡Tontolculo!

Y arremetió contra él, vara en mano. Willy volvió a frenar aquella brutal embestida con sus propias manos. Ahora ambos contrincantes sujetaban la vara y luchaban por hacerse con ella.

-Que pesadito eres –gruñó el ángel.

-¡Deja a mi hermana en paz!

-¡Si me encantaría! ¡¿Tú sabes el yuyu que da?! ¡Pero es que me han creado para matarle!

-¡Entonces acabaré contigo!

-Qué cruz…

De pronto las manos del ángel, que asían con fuerza la vara de Aarón, comenzaron a destilar una luz blanca, mientras que la propia vara refulgía con su luz verde. Ambas energías habían colisionado. La energía de luz del maná blanco que insuflaba la vida, y la energía vital del maná verde, que hacía crecer la vida. Ambas fuerzas eran afines por lo que, por ende, hacían que Willy se hiciese cada vez más fuerte.

-¡Anda! ¡Esto no está tan mal! –Dijo el ángel.

-¡Devuélveme mi palo de mierda! ¡O esa estúpida voz no me devolverá mi espada!

Aarón hizo acopió de todas sus fuerzas para arrancarle su vara de las manos al ángel, pero este cada vez se hacía más fuerte gracias al poder de la misma.

-Me tienes hasta las narices con tu palito –dijo el ángel-. ¿Lo quieres? ¡Pues para ti!

Lo soltó de una mano y, con la misma, partió la vara en dos.

Gran error…

Hubo un tremendo fogonazo de luz verde que hizo que Aarón volase a varios metros de allí. El bárbaro, mascullando improperios, se puso de nuevo en pie, para darle a ese ángel un buen escarmiento. Pero al parecer eso no iba a ser necesario.

Willy estaba atrapado dentro de una fuente de llamas verdes que emergían de los dos extremos de vara partida. Sin habérselo propuesto había fusionado su propia energía con la energía del bosque de Froxá y ahora no lograba despegarse de ella. Maldijo para sus adentros a su creador por no darle una nociones básicas sobre la energía de los distintos manás.

El ángel trataba de elevarse en él aire, de escapar de esas llamar que se retorcían en torno a su cuerpo y tiraban de él. Agitó sus alas con todas y sus fuerzas y, tras un esfuerzo final, logró alzar el vuelo. Pero se dejó algo por el camino…

Las piernas del ángel se habían quedado ahí, arrancadas de cuajo. Con una maldición a pleno pulmón, el tullido ángel se perdió de vista en el cielo.

Aarón se acercó hasta los vestigios de lo que fue su vara, que se consumieron entre llamas verdes juntos a las extremidades perdidas del ángel, hasta desaparecer.

Silencio absoluto. El público ni pestañaba. Aún estaban alucinando con el espectáculo que acaban de presenciar.

Tuvo que ser Marcos el que avivara de nuevo las llamas del show.

-¡Que increíble final, damas y caballeros! ¡Los dos hermanos, luchando codo con codo, han logrado hacer retroceder al ángel vengador! ¡Un fuerte aplauso!

Y ahora sí. El público estalló de nuevo en gritos y alabanzas hacia los campeones.

Pero había alguien que no sonreía. Juan, el Patriarca de la Cábala, estaba realmente preocupado. Al parecer Aarón y Barquín no eras los únicos baches en su camino.

Llamó mentalmente a Marcos, que se presentó de inmediato en el palco de honor.

-¿Señor?

-Tengo que hablar con Aarón…

Capítulo 17: El Combate Del Siglo

Tal y como Cara Pedrusco había dicho, el Pantano de la Rabia se había convertido en una feria. Y al parecer aquel era el día de su inauguración pues la multitud de gente hacían muy difícil el transito. Sobre todo si llevabas contigo a un ejército de enormes monstruos.

Aarón, montado sobre Jerry y con Cara Pedrusco a su lado, amenazaba con su vara a todo aquel que osara acercársele para venderle algo.

-¡Señor, pruebe mis albóndigas! ¡Son de carne gallinoceronte! ¿Eh? ¡ARGH!

Tom lo devoró de un solo bocado y cayó pesadamente al suelo. La pobre serpiente azul tenía el cuerpo lleno de enormes protuberancias que se movían. Voces salían del interior del cuerpo del reptil, algunas charlando animadamente entre ellas.

-¡Eh, tú! ¡Serpiente estúpida! ¡Levanta!

-Ya no puede más –dijo Cara Pedrusco-. Le ordenó que devorara a todo el que se pusiese por delante y… hemos entrado en una feria.

-¡Tú a callar! ¡Y tú, levanta!

Pero Tom solo pudo emitir dos moribundos siseos.

-Será mejor que descanse –aconsejó el centauro.

-¡Será mejor que nos callemos! –El bárbaro soltó un gruñido-. ¡Vosotros! –Dijo señalando a dos enormes elfos mutantes-. Llevareis a Tom ¡A rastras si hace falta! Sigamos, ahora yo abriré la marcha.

-¡Señor, pruebe nuestras salchichas! ¡Son de carne bufadrilo!

Pero el vendedor solo obtuvo un varazo en mitad de la cara.

-¡Que me dejéis en paz! ¡Que no quiero nada! ¡Apartaos de mi camino!

Y así, a base de varazo limpio, llegaron hasta las puertas del Coliseo.

Aarón se detuvo frente a una de las ventanillas, donde había una chica que se limaba distraídamente las uñas.

-Bienvenido a nuevo Coliseo de la Cábala ¿Desea una entrada para el espectáculo de hoy?

-¡No quiero entradas! ¡He venido a destruir la Cábala!

-¿Desea grada vip o grada normal?

-¡Deseo hacer pedazos a todos los de la Cábala!

-Grada quince oeste, centrado ¿Le parece?

-¡Bailaré sobre sus cadáveres!

-Le hacemos un 15% de descuento si presenta su Cábala Card ¿Posee una Cábala Card?

-¡NO!

-Son cinco monedas de oro.

-¡Cinco ostias que te voy a dar!

Aarón le pegó una soberana patada a los grandes portones y los echó abajo, indicándoles a continuación a sus subordinados que lo siguiesen.

-Muchas gracias y que disfrute del espectáculo ¿Siguiente, por favor?

Aarón atravesaba la galería que conducía a la entrada de las gradas, pero alguien les esperaba en mitad del camino.

-Sed bienvenidos –saludó el sonriente Marcos, con una leve inclinación de cabeza-. Os estábamos esperando.

-¡O te quitas o te quito! –Bramó Aarón.

-Me temo que no os puedo dejar pasar. Al menos a tu ejército.

-¡Sandeces! ¡Fuera de ahí!

-Vamos, Aarón, no te pongas así. Eres el invitado de honor. O, mejor dicho, la atracción principal.

-¡¿Quieres que te arree, verdad?!

-Has venido a por tu hermano ¿no? Pues lo hemos dispuesto todo para que os encontréis. Es más, todo el público esta esperándoos. Si haces salir a tu ejército de aquí podrás pasar y vértelas con él. Si no… Bueno, tendremos que sacar a los nuestros.

-¡Y me los comeré!

-No seas estúpido, no desperdicies una oportunidad como esta. ¿Sabes la de gente que ha pagado para ver esto?

Aarón parecía estar pensándoselo. Sin duda Marcos era un genio del embauco.

Cara Pedrusco se acercó a su líder.

-Señor, no creo que sea una buena idea, puede ser una trampa y…

-¡¿Me pagareis?!

Marcos sonrió, complacido.

-Claro, un montón de dinero.

-¡Ja! Mi señor no se dejará tentar por algo tan banal como el dinero –presumió el centauro.

-¡Hecho! –Saltó Aarón, dejando mudo a su capitán. Se bajo de Jerry-. Y vosotros... ale ¡A hacer puñetas por ahí!

Gruñendo, sumamente molestos, los guerreros de Aarón salieron del Coliseo.

-Vamos, te conduciré hasta tu habitación para que te prepares –le indicó el invocador.

Aarón fue conducido hacia una especie de zulo, que conectaba directamente con la arena. Allí era donde los combatientes se preparaban. Un grupo de sirvientes le trajeron ropas de batalla y armas.

-¡No quiero nada de eso! ¡Dejadme! ¡¿Dónde está mi hermana?!

La campana no tardó en oírse sonar.

Fuera, en el centro del Coliseo, las atestadas gradas rugían de impaciencia. La gente estaba deseosa de ver el combate del siglo.

Marcos se paseaba dando saltos entre las gradas y su voz era proyectada por medio de la magia por todo el Coliseo.

-¡Damas y Caballeros! ¡El momento que tanto han estado esperando por fin ha llegado! ¡El combate entre Barquín, actual campeón de la Cábala, contra su hermano, Aarón, el retirado campeón de los fosos! ¡Una lucha a muerte entre los dos hermanos! ¡Sí, lo han oído bien, a muerte!

El público estalló en vítores aún más fuertes. No cabían de la emoción.

Las puerta de reja ascendieron y los combatientes salieron a la arena. Barquín entró saludando efusivamente con la mano al público. Aarón les exigía que se callasen la boca, amenazándoles con el puño, pero los gritos del público eran tan ensordecedores que incluso tapaban los rugidos del bárbaro.

Ahora estaban frente a frente. A penas un metro les separaba.

-Ha llegado el momento, hermano –dijo Barquín, con una sombría sonrisa.

-Sí, el momento de que te unos buenos azotes y te lleva pa casa ¡gamberra!

-¡Y dale! ¡Que no soy una mujer! Marcos bueno… ¡¿Pero yo?!

-¡A callar! ¡Tú serás lo que yo diga!

-¡Hagan sus apuestas, damas y caballeros! ¡¿Quien sobrevivirá a esta encarnizada reyerta?! ¡¿El intocable Barquín?! ¡¿O el invencible Aarón?! ¡Apuesten sin miedo!

El mensaje de Marcos hizo que la gente pronto comenzase a salir en estampida hacia las ventanillas de apuestas, que pronto quedaron anuladas ante el 100% absoluto a favor de Aarón.

-¡Empezad!

Ambos contrincantes se colocaron en posición, tanteándose.

-No te molestes, hermano –decía Barquín, con suficiencia-. Ya sabes que nadie puede tocarme. Pronto sabrás lo que es…

Aquel bofetón resonó por todo el Coliseo, en el que se hizo el absoluto silencio. Algunas personas incluso hicieron gestos de dolor al ver semejante guantazo. Aarón le había cruzado la cara a Barquín de un tortazo, y este se retorcía en el suelo, agarrándose su dolorido rostro entre penosos gemidos de dolor.

Pronto el asombro se adueñó del Coliseo, y poco a poco empezaron los murmullos tales como:

-Es increíble…

-¡La ha tocado, ha tocado al intocable!

-Y sigue vivo…

-Ni tan siquiera ha vomitado.

-Vaya estómago.

-Si me están dando nauseas hasta a mí…

Marcos observó el asombro general algo preocupado, no podía permitir que el ánimo del público mermase.

-¡Esto sí que ha sido un grito brutal de los acontecimientos! ¡Pero no den nada por hecho aún, señoras y señores! ¡Este combate solo acaba de empezar!

Con dificultad Barquín se levantó del suelo y encaró de nuevo a su hermano.

-Muy bien, hermano, no me dejas más opción que ponerme serio –amenazó el campeón de la Cábala-. Ahora voy a mostrarte lo que soy capaz de…

Un nuevo y devastador golpe ensordeció el Coliseo de nuevo. Algo había bajado en picado desde el aire a una velocidad de espanto y había impactado sobre Barquín, golpeándole en la espalda y mandándole casi al otro extremo de la arena.

Todos contemplaban, absortos, al nuevo integrante del combate.

El ángel observó a su alrededor y sonrió.

jueves, 16 de febrero de 2012

Capítulo 16: Su Fuerte Brazo Izquierdo

Oli se hallaba en medio del gran coliseo de la Cábala. Era de noche y estaba totalmente vacío.

Miró en todas direcciones. Nada.

-Pues qué bien…

-¡Hola!

Aquella horrible y desagradable voz le hizo dar un bote. Se dio la vuelta para encontrarse él. Con el mayor de sus temores.

-¡Tú! –Gritó, asustado, retrocediendo.

-¡Sí! ¡Soy yo! ¡Barquín! ¡¿Te acuerdas de mí?! –Respondió el otro, que parecía muy contento de ver a Oli.

-¡Argh! ¡No te me acerques!

-Vamos, no seas así ¡Dame abrazos!

-¡No! ¡Socorro! -Echó a correr hacía las gradas, pero todas las salidas estaban bloqueadas-. ¡Mierda! ¡¿Seré desgraciao?!

El pobre Oli solo podía correr en círculos alrededor de la arena, gritando desesperadamente, mientras Barquín le iba pisando los talones.

-¡Jo, no corras! ¡Solo quiero que seamos amigos!

-¡Que me dejes en paz!

Oli ya no podía más. Se dejó caer sobre la fría arena y se abandonó su funesto destino. Mientras veía Barquín se acercaba rápidamente a él (con clara intención de tirársele encima en plancha), evocó el único recuerdo alegre que conservaba en su atormentada mente: Granizea.

Murmuró su nombre, cuando aquel repulsivo ser ya cernía sobre él, con los brazos abiertos.

Entonces ocurrió algo insólito. Un haz de luz descendió del cielo, cayendo sobre Barquín y derribándolo. Oli solo pudo protegerse los ojos de tan cegadora energía. Cuando volvió a mirar se encontró a Barquín en el suelo y a una imponente figura de pie, junto a él. Estaba totalmente cubierta de una luz blanca, lo que hacía imposible perder verla con claridad. Aquella perfecta silueta tenía complexión humana, la más exquisita que Oli había visto jamás, y un par de alas plegadas, igual que un ángel.

El dolorido Barquín se levanto, con dificultad, quejándose del dolor. Observó aquella figura y sus ojos se abrieron de par en par.

-Ala… ¿Tú también quieres ser mi amigo? –Dijo, señalándole.

Por toda respuesta el ángel de luz desenvainó un enorme espadón y de un solo tajo cercenó el brazo con el que Barquín le señalaba. El campeón de la Cábala pareció tardar unos segundos en ser consciente de lo que había ocurrido. Pero cuando su cerebro terminó de procesar toda la información… los alaridos histéricos y los lloriqueos ridículos no se hicieron de esperar.

-¡Au! ¡¿Por qué me has hecho eso?! ¡Me duele! ¡Buaaa! –Lloriqueaba.

Aquella figura hecha de pura luz lo agarró con la mano libre del cuello y lo elevó en el aire. Barquín trataba de zafarse del agarre pero pronto su cuerpo comenzó a desintegrarse, como si aquella luz lo disolviese. En cuestión de segundos y tras unos gritos más Barquín había desaparecido.

Oli, que había observado la escena en completo y anonado mutismo, observó como aquel imponente ser envainaba su espadón y caminaba hacia él. Asustado, retrocedió, arrastrándose torpemente por el suelo. Pero no había caso, aquella figura llegó a hasta él.

El acongojado artista se atrevió a alzar la mirada y mirar a ese ser a los ojos. Pero no había ojos, solo luz. Todo era un gran cúmulo de luz con forma humanoide. Pero aquella figura… aquella perfecta anatomía, esa exquisita complexión… Oli los conocía muy bien. Ya no había dudas… ¡Era Granizea! Él la había llamado y ella había vuelto para salvarle de su mortal enemigo.

-Gra… Granizea… -se atrevió a murmurar.

La figura alzó un poco el cuello, como si fuese a hablar. Oli estaba deseando volver a oír (o mejor dicho, oír por primera vez) la voz de su amada, volver a disfrutar de su compañía, decirla todo lo que no la había dicho, compartir con ella…

-¡ACHÚS!

El ser pegó un sonoro estornudo y la luz que lo recubría se desenvolvió de su cuerpo, diseminándose en pequeñas partículas brillantes que se esfumaron en el aire y… dejando a Oli con la boca abierta. Frente a él había un chaval con alas y un piercing en la ceja, que se frotaba la nariz, con molestia.

-Mierda de lucecitas… -gruñó.

-¿Pero quién coño eres tú…? –Susurró Oli, el pobre estaba en shock-. ¡¿Dónde está Granizea?!

El ángel alzó una ceja y le miro con expresión escéptica.

-¿Quién?

-¡Granizea! ¡Mi amada! ¡¿Dónde está?! ¡Yo la llamé, ella me salvó! ¡¿Qué has hecho con ella?!

El ángel lo miraba como si fuese un loco.

-Mira, no sé de qué me hablas pero… -señaló con un brazo todo alrededor-. Estamos aquí solos.

-Entonces… ¿Tú has matado a Barquín?

-¿A quién?

Oli se puso en pie, como un resorte, y adoptó una pose triunfal.

-¡A Barquín, mi archienemigo! ¡Aquel que me arrebató a mi amada! ¡Aquel del que debía vengarme!

-Claro…

-Pero bueno, como ahora ya lo has matado… ¡Ahora solo tendré que vengarme de la Cábala por ser tan cabrones! ¡Hay que ver como se arreglado el día!

Oli se puso a reírse en solo ante la mirada del ángel, que por su rostro parecía que no sabía cómo calificar el estado mental del creador.

-Ya… Verás… Me sabe más decírtelo pero… Esto no es más que un sueño.

Ante aquella revelación Oli solo pudo… deprimirse de nuevo. Le miró, exigiendo saber más.

-¿De verdad que esto es sueño?

-Sip.

-Pues vaya mierda… -se dejó caer de rodillas al suelo-. Entonces… ¿Quién eres?

Aquella pregunta pareció gustarle al ángel que, por toda respuesta, volvió a desenvainar su espadón y lo elevó por encima de la cabeza de Oli, dispuesto a dar un mandoblazo fatal.

-¡¿Pero qué haces?! ¡No! ¡NOOO!

Se incorporó. Estaba en su cama. Aún era de noche. La débil luz de la luna y las estrellas se filtraba desde el gran ventanal abierto. Allá, en la torre más alta de palacio de Olus.

Esperó a que su respiración se normalizara. ¡¿A qué coño había venido todo eso?!

-Joe… Vaya mierda de pesadilla… Creí que… ¡ARGH!

Al ladear la cabeza se encontró con el ángel, que al parecer había vuelto del sueño con él. ¡Y aún seguía con la espada en ristre!

-¡¿Qué haces tú aquí?! –Exigió saber el amo del castillo, señalándole con su… con su… -.¡Argh! ¡Mi brazo! ¡Lo he perdido! –El pobre Oli comenzó a buscar desesperadamente, con el brazo que le quedaba, su extremidad perdida, entre las sabanas-. ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está?! –Lloriqueaba.

-Estoy aquí –contestó en ángel.

Oli volvió a fijar su atención en su invitado, del que al parecer se había olvidado. El sonriente ángel volvió a envainar su espada y se situó frente a los pies de la cama del artista.

-Veamos… A ver cómo te explico esto… -guardó silencio durante unos segundos, intentando encontrar una manera de explicarse, ante la preocupada y dolorida mirada de Oli-. Bueno, en resumen. Yo soy tu nueva creación.

-¡¿Qué?!

-¡Que soy tú nueva creación!

-¡Ya te he oído! Pero quiero que te expliques.

-Manda huevos… me crea él y encima se lo tengo que explicar… –farfulló el ángel, poniendo los ojos en blanco-. A ver. Tú estabas teniendo un sueño, y entonces me creaste a partir de él. Ese sueño guardaba tu mayor deseo. O algo así…

-Sí, ya, eso no me lo creo. Porque si eso fuese así, tú serías Granizea, o al menos tendrías su aspecto. Ella es mi único deseo, mi mayor anhelo. ¡¿De dónde coño sales tú?! ¡¿Por qué no eres Granizea?!

-Me duele ser yo el que te lo diga, pero es porque esa tal Granizea de la que hablas no es…

-Bueno, no importa –le cortó Oli-. Volvamos al sueño. Algo no encaja. Los sueños no son reales. ¡No tenía material para modelar!

-El sueño fue el medio, y el material… -señaló, con una sonrisa, el muñón bajo el hombro izquierdo de Oli, allá donde antes hubo un brazo, ante la aterrada mirada del artista.

-Pero… yo no…

Oli parecía a punto de echarse a llorar. Pero entonces las alas del ángel se abrieron, mostrando sus imponentes dimensiones, se elevó unos centímetros y una cegadora luz blanca cubrió su cuerpo. Y entonces, con una retumbante voz que parecía venir de todos lados, comenzó a hablar (A lo Galadriel xD):

-Me has creado de tu sangre y de tu alma. Por eso yo soy la mayor de tus creaciones. Soy el colofón de tu obra. La guinda de tu pastel. La apoteosis de tu legado. Ya no necesitarás tu brazo pues ahora seré yo quien te defienda. Yo haré llegar tu mensaje a oídos de todos. Yo seré tu voz en este mundo y el brazo que ejecute tu voluntad. Yo purgaré este mundo de tus enemigos y te allanaré el camino hacía tu gloria.

La arenga terminó y ángel volvió a apagarse y a tocar suelo. Oli se había quedado con la boca abierta y los ojos como platos.

-Jo… ¿Todo eso en serio?

-Ah, no sé, es lo que ponía en la etiqueta que tenía pegada –contestó el ángel, arrancándose la susodicha etiqueta del dorso del cuello de su blanca camisa.

Se la tendió a Oli, que la ojeó, ceñudo.

-¿Pagar a contra reembolso?

-Lo dicho, que yo soy tu nueva creación.

Se miraron a los ojos, en completo silencio. Oli parecía querer atravesarle con su dura mirada. El ángel… se mantenía con la ceja arqueada, como si aquel tío le diese muy mal rollo. De pronto, Oli se saltó de la cama y se tiró encima del ángel.

-¡Ladrón! ¡Devuélveme mi brazo! ¡Joputa!

Pero el ángel se zafó de él de un empujón.

-¡Quita, loco!

-Vale, tengo que calmarme y pensar… Quizá no esté tan mal. He perdido un brazo pero he ganado el arma definitiva.

El artista comenzó a frotarse las manos y a reír por lo bajo. El ángel le miraba, preocupado.

-¿Estás bien?

-¿Que si estoy bien? ¡Estoy mejor que bien! ¡Ahora ya nada podrá detenerme! ¡Mi venganza es inminente! ¡Acabaré con Barquín y luego con toda la Cábala! –Señaló al ángel, ahora con su brazo derecho, que era el único que le quedaba-. ¡Y tú serás el que me ayude en mi venganza! ¡Ahora que te tengo podré cumplir mis demenciales ambiciones! –Más risas-. ¡No perdamos más tiempo! ¡Primero a matarás a Barquín!

El ángel ladeó un poco la cabeza y frunció el ceño, como si no le hubiese entendido.

-¿A quién?

-¡A Barquín, joder! ¡Ya te lo he explicado! ¡Mi archienemigo!

-Ah, bueno, como quieras…

-¡Sí, es perfecto! ¡Ahora…! –Cayó-. Un momento… -dijo, volviendo su atención de nuevo al ángel-. Hay algo que sigue sin cuadrarme.

-¿El qué?

-Bueno, no sé, pero… Lo normal hubiese sido que hubiese perdido mi brazo derecho ¿no? Pero he perdido el izquierdo y… ¡Soy zurdo! No lo habrás hecho a posta ¿verdad?

El ángel sonrió y miró hacia otro lado, haciéndose el desentendido.

-¿Yo? Que va…

Oli le fulminó con la mirada.

-Bueno, supongo que necesitas un nombre –se rascó la barbilla, pensativo-. Uhm… ¿Qué tal Akromo, el ángel de la ira?

-¿Qué tal si te rompo la cara? –Contestó el ángel, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Vale, vale, que genio. Pues… Willy.

-Me vale.

-Bien, Willy. Gracias a mis discípulos ya sé lo que se ha estado fraguando en el Pantano de la Rabia. ¡Ja! Que irónico. La gran obra de la Cábala será el lugar de su caída –señaló hacía el ventanal-. ¡Ahora ve! ¡Ve al nuevo Coliseo y destruye a Barquín!

-¿A quién?

Capítulo 15: La Gran Inauguración

Marcos observaba todo a su alrededor, con gesto complacido.

-Vaya… No lo habéis hecho mal.

-¿Verdad? ¡Soy un genio! –Saltó Barquín.

El invocador acababa de llegar al nuevo Coliseo y le había echado un buen vistazo.

-El Patriarca está al llegar –soltó de pronto.

-¡¿Qué?! ¡Ay, Dios! ¡AY, DIOS!

El muy nervioso Barquín comenzó a dar vuelta en el reducido espacio de su jaula.

-Vamos, cálmate, seguro que le gusta –dijo un muy animado Murga.

Marcos observó al tío barbudo y a su burro gigante.

-¿Y estos quiénes son?

-Él es Murga, muy capataz y mejorcísimo amigo –contestó Barquín, con una sonrisa-. Jo, nos llevamos tan bien… Y el burro es Tiburón. ¡Somos muy muy amigos!

-Sí, eso… -respondió Murga, con una forzada sonrisa.

-Ya… que bien… -añadió Marcos, con una sonrisa igual de forzada, sintiéndolo enormemente por Murga.

Pero pronto Barquín volvió a la realidad.

-¡Ah! ¡El Patriarca! ¡¿Cuándo dices que…?!

Unas trompetas le interrumpieron.

-Ya está aquí –respondió Marcos, con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Argh! ¡No estoy presentable! ¡Tengo que arreglarme!

Marcos, Murga y Tiburón se echaron a reír ante la confusa mirada del campeón de la Cábala, que no entendía el motivo de las risas.

No muy lejos de allí el Patriarca desembarcaba en el caldero del Pantano. Observó el imponente Coliseo con una mezcla de satisfacción y desilusión.

-Aún no puedo creerme que lo haya conseguido pero…. ¡El caso es que está genial! ¡La de pasta que voy a ganar! –Reía.

Un carruaje de metal vino a recogerle para llevarle hasta las mismas puertas del Coliseo. Por el camino observaba las tiendas y puestos de comida que habían abierto. El Pantano de la Rabia se había convertido en una feria. Aquello atraería a una inmensa multitud de gente. ¡Dinero, dinero, dinero! Juan se frotaba las manos.

El carruaje se detuvo, y en cuanto Juan se bajó de él una multitud le rodeo y se arrodillo, adorándole entre lágrimas de felicidad. Y lanzados gritos de júbilo.

-¡El Patriarca al vuelto!

-¡Estamos salvados!

-¡Señor, tenga piedad de nosotros!

-¡Llévese a ese ser!

-¡No aguantamos más!

-¡O al menos mátenos!

Estaba claro de quién hablaban…

Juan dio un largo suspiro. Nos les culpaba. Es más, hasta se compadecía de ellos.

-Mis queridos obreros –dijo-. Han sido vuestras manos las que han erigido mi nueva casa. Una casa para todos. Solo puedo daros las gracias. Tenéis mi palabra de que seréis recompensados por vuestros esfuerzos y… Por lo que habéis tenido que soportar…

Una nueva ola de vítores siguió a aquellas palabras de aliento.

-¡Alabado sea el Patriarca!

-¡Bendito sea!

-¡Le queremos!

-¡Pero no olvide llevarse a ese ser!

Aquello mejoraba por momentos. La insoportable presencia de Barquín había provocado que sus súbditos le idolatrasen cada vez más. A cada segundo que pasaba Juan estaba más convencido de que al final aquella idea fue aún mejor de lo que creyó en un primer momento. Se sentía hasta de buen humor, cosa inusual en él. Pero eso no duró mucho…

-¡Mi señor!

Aquella vomitiva voz era inconfundible…

Allí estaba. Dentro de su jaula, que era arrastrada por un burro de extrañas proporciones. Marcos y otro sujeto con barbas (que parecía ir golpeando el aire con unas varillas invisibles), caminaban también hacia él, a una distancia prudencial de la jaula.

La gente que se había congregado alrededor del Patriarca salió en estampida de allí. Gritando, pisoteándose entre ellos, vomitando…

El patriarca aprovechó hasta que llegaran hasta él para ensayar alguna sonrisa creíble.

El burro se detuvo a un escaso metro del señor de la Cábala y Barquín, que estaba pegado a los barrotes de su jaula con una desencajada sonrisa de satisfacción, agitaba la mano efusivamente a forma de saludo, a través de los barrotes.

-¡Señor! ¡No sabe cuánto me alegro de verle! ¡¿Ha venido para la inauguración?! ¡No puedo creerlo! ¡Parece un sueño! ¡¿Qué le parece el Coliseo?! ¡¿Le gusta?! ¡Me he esforzado mucho! ¡¿Qué la parece sí…?!

-¡Cállate! –Bramó Juan. Carraspeó y trató de serenarse-. Bien… He decir que me congratula el resultado. Es un hermoso Coliseo ¿A quién debo darle las gracias?

Marcos señaló con el pulgar a Murga, que estaba a su lado.

-A este.

-¡¿Qué?! ¡Pero si el encargado era yo! –Gritaba Barquín, pero nadie la hacía caso.

-¿Cuál es tu nombre?

-Murga. Y este es Tiburón –dijo señalando a su burro gigante-. Usted es el Patriarca de la Cábala ¿no? Es un gran honor, le daría la mano pero… ya sabe, eso me mataría y como que no me hace mucha gracia –y soltó una estúpida carcajada.

-¿Cómo lograste hacer todo esto?

-Al parecer Barquín terminó delegando en él (justo como habíamos pensado) –se tomó Marcos la libertad de contestar.

Juan frunció el ceño, algo escéptico.

-¿Y te escucharon?

-¡Cualquier cosa antes que tener que ir a hablar con eso! –Se oyó una voz a lo lejos.

Miraron en todas direcciones pero no vieron a nadie. Se encogieron de hombros y siguieron con su conversación.

-No es tan sorprendente –contestó Murga-. Tengo buen trato con la gente y había muy buena mano de obra. Fue fácil.

-¿Y de donde sacaste a los feriantes? –Quiso saber ahora al Patriarca-. Yo había pensado en ello cuando el Coliseo estuviese terminado pero aún no había hablado con nadie.

-Ah, pues… Llamé a unos amigos que llamaron a otros amigos, que también eran amigos míos y… Bueno, al final se formó aquí un buen mercado.

Juan sonrió.

-Vaya… interesante…

-¡Eh! ¡¿Y yo qué?! ¡Que me he esforzado mucho! ¡Yo dibujé unos planos! ¡Me costaron mucho! ¡Eh! ¡¿Hola?! ¡Jo! ¡Hacedme caso! –Chillaba Barquín, colgándose de los barrotes y lloriqueando para llamar la atención, pero nadie le hacía ni puto caso.

De pronto un goblin se acercó y le dijo algo a Marcos, que sonrió.

-Señor –dijo Marcos, refiriéndose al Patriarca-. Nos informan de que Aarón viene hacía acá. Al parecer encabezando un ejército salido del Bosque de Froxá.

-Antes de lo que esperábamos –respondió Juan, con una maliciosa sonrisa-. ¿Qué mejor atracción para la inauguración de mi Coliseo que un combate entre el actual campeón de la Cábala y el ex campeón de los fosos? Aarón y Barquín, los dos hermanos enfrentados. Refriegas familiares, sangre… ¡Es perfecto! ¡Vamos! ¡Hay mucho que hacer! Marcos, comienza con la publicidad, ya puedes vender todas las entradas que haya. Quiero el Coliseo lleno.

-Eso está hecho.

-Y tú, Murga. Encárgate de organizar todos los puestos. Diles que pronto llegará una descomunal masa de gente.

-A mandar.

-¡¿Y yo?! ¡Yo que hago!

-¡Callarte la boca! ¡Tú irás a tu mazmorra para prepararte para el combate contra tu hermano!

-Vale.

-Bien… ¡Vosotros! ¡Marcos, Murga y… bueno, y Barquín! –Dijo el Patriarca, señalándoles uno por uno-. ¡Vosotros tres seréis los que convirtáis mi nuevo Coliseo en la mayor atracción del mundo!

Capítulo 14: El Ejército De Pesadilla

Oli se dejó caer sobre el verde pasto, exhausto. Estaba otra vez cubierto de barro de pies a cabeza. Se había pasado el día metido en una poza, modelando a sus criaturas, pero hasta el momento solo había hecho animales, la mayoría corrientes. Jaguares, rinocerontes, águilas, elefantes azules (azulifantes), y otras que se había inventado sobre la marcha. Pero no eran más que eso, simples animales que poblaran sus densos y espléndidos bosques. ¡Pero necesitaba un contingente bélico! Debía pensarlo con cuidado… Después de todo lo Cábala disponía de las más grotescas y peligrosas criaturas que poblaban aquella tierra y las de más allá. Tenían muertos vivientes y, los invocadores de demencia, podía traer desde aquel plano de oscuridad a los más aberrantes seres. En definitiva, era un enemigo peligroso.

-Esto puede ser peligroso… -se dijo así mismo-. ¡Ya se!

Se sacó de uno de los bolsillos de su túnica un papel y un carboncillo, con el que empezó a garabatear sobre la lámina. Se esteba retratando a sí mismo, de cuerpo entero, más solo trazó su silueta, sin ahondar en detalles. Cuando hubo terminado escribió junto a su retrato un x 9 y cerró los ojos, concentrándose. Cuando los abrió tenía frente a él a unas de sus más prácticas creaciones. Tal y como las había plasmado sobre el papel no eran más que negras siluetas, sombras de sí mismo. Y aquellos seres solo tenían una única y vital función, salvarle de algún aprieto. Aquellos seres eran portales. Si Oli se veía en algún aprieto solo tendría que lanzarse sobre uno de ellos, entonces él, y el resto de sus copias, serían transportados a otro lugar y la copia que usaron como vía de escapa se cerraría para siempre.

-¡Ja! Si me veo mal podré huir. Maniobra cobarde, patética y rastrera 100% Oli –se auto laureaba el creador, pletórico por su rastrera ocurrencia-. Ahora necesito a alguien que me ayude con las tareas del castillo… No pienso limpiar todo eso yo solo.

El creador volvió a meterse en la poza y a modelar con el barro, formando pequeñas figuritas humanoides. Concentrándose, sus pequeñas creaciones fueron creciendo hasta adoptar la estatura de un hombre adulto. No tenían rostro, ni vestiduras, ni ningún tipo de apéndice que los acreditase como humanos salvo su complexión. Su piel era y gris tersa, suave y fría al tacto. Aquellos eran los hombres de masilla.

-Bien, necesito más, muchos más –volvió a concentrarse y sus creaciones pronto se multiplicaron, hasta que fueron decenas-. Bien, y ahora… ¡Desfilando a limpiar!

En absoluto silencio se marcharon de allí.

-Vale, ya tengo mano de obra y vía de escape para perdedores sin orgullo propio, que me falta… -decía pensativo-. ¡Claro! Ahora tengo que ver qué es lo que pasa fuera de aquí. Digo más, quiero saberlo todo. Crearé unos seres que sean capaces de viajar por toda la tierra, y de meterse en las mentes de los demás para sacarles sus más profundos secretos –rió-. ¡Pero qué retorcido y penoso soy! ¡Me encanta!

Esta vez no usó nada para modelar, ya que lo que necesitaba debía ser incorpóreo. Pronto, centenares de pequeñas lucecitas azules aparecieron, danzando a su alrededor.

-¡Vosotros sois mis discípulos! ¡Viajareis por todas estas tierras, reuniendo información, y me las mostrareis! ¡Vamos, empezad!

Y aquellos pequeños destellos se diseminaron a gran velocidad por el cielo.

-¡Oye, pues esto no es tan difícil! Bien, que va ahora… ¡Ah, ya! ¡Guerreros! ¡Fuerza de ataque!

Oli regresó al barro, donde modeló medusas voladoras gigantes, tiburones voladores gigantes, rayas voladoras gigantes… etc.

Luego paso a la fuerza terrestre. Cangrejos gigantes, cocodrilos de dimensiones monstruosas, algunos dragones, mantis del tamaño de una casa…

Y por último llenó sus estanques de sierpes acuáticas devora hombres. ¡Todo era perfecto!

Cuando terminó de elaborar su retorcido ejército uno de sus discípulos regresó. Oli se puso en pie para recibirlo. El discípulo entró por su frente, atravesándola. La mente de Oli se llenó de imágenes. El Pantano de la Rabia había prácticamente desaparecido. En su lugar había un enorme Coliseo y decenas de puestos y pequeños comercios a su alrededor. La mente del creador siguió avanzando por aquel plano de imágenes hasta penetrar en el inmenso Coliseo. ¡Allí estaba él! Barquín, acompañado de otro sujeto barbudo con un burro.

Oli entreabrió la boca, por donde salió el discípulo.

-Parece que ese condenado también ha estado ocupado… -gruñó, y miró a su discípulo, que titilaba frente a él, a espera de más ordenes-. Avisa a los demás, entrad en las mentes de todos los apostados en el Pantano de la Rabia, recabad toda la información posible sobre ese Coliseo.

El discípulo se marchó a gran velocidad de allí para cumplir su cometido.

-Bien. La venganza me sabrá mucho mejor si acabo con ese indeseable en su nuevo Coliseo, frente a todos –giró sobre sí mismo y se encaminó de nuevo hacia el palacio de Olus-. Hay mucho que hacer pero antes… -se miró de arriba abajo-. Tomaré otro baño…

Capítulo 13: Un Ejército Para Aarón

Completamente ajeno a la amenaza que le había estado siguiendo todo ese tiempo, Aarón llegó hasta un claro en medio de la maraña de árboles. Una especie de solar natural con el que la descontrolada vegetación parecía haber tenido clemencia. Una hoguera en su centro iluminaba aquel lugar al que la luz no tenía permitía la entrada. Los troncos de alrededor, las ramas de encima, todo estaba tan compactado que se había convertido aquello en una pequeña fortaleza vegetal.

Alrededor de la hoguera había reunidas una multitud de criaturas distintas: Centauros, elfos, tontukos, tontísimos, algunos goblins del bosque y, cómo no, muchas de las nuevas especies que el poder del Gitani había creado.

Al ver llegar al bárbaro, todos los presentes hicieron una inclinación de cabeza. Uno de los centauros se le acercó.

-Le estábamos esperando, señor.

-¿A mí? ¡Pa qué!

-Para que nos conduzca a la batalla. Usted es nuestro líder.

-¡Chorradas!

-Cuando usted lo disponga partiremos hacia nuestro objetivo y le plantaremos cara a nuestro destino.

Aarón le observó durante unos segundos con cara de “este es tonto”.

-¡¿Pero de qué coño hablas tú?!

-¿Es que no vamos a luchar?

-¡Claro que vamos a luchar! ¡Ahora mismo nos vamos todos a la Cábala y los corremos a ostias!

Aquello pareció contentar a todos los presentes, que hicieron un coro de vítores ante las evocadoras palabras de su nuevo dirigente.

-¡A callar! Bueno ¡Vamos!

-Espera, Aarón.

La voz del bosque se hizo oír entre los presentes.

-¡Es esa maldita voz ladrona y tramposa! ¡¿Dónde estás?! ¡Da la cara!

Aarón agitaba la vara en todas direcciones, buscando a su rival invisible. El resto de los presentes besaron en suelo, entre murmullos que decían: “Oh, es la voz de bosque, alabado sea Froxá”

-Cálmate, Aarón, solo quiero que hablemos.

-¡Yo no quiero hablar!

-Antes de partir hacia la Cábala hay dos cosas que debes saber.

-¡No me interesan!

-La primera es que necesitarás un ejército.

-¡¿Pero no ves que ya lo tengo?! ¡Son estos tíos raros!

-Me refiero a un ejército mejor. Usa tu vara Aarón. Usa el poder que se te ha dado y dales a tus guerreros la fuerza para derrotar a la Cábala.

-¡¿Y por qué no me das mi espada y así acabamos antes?!

A pesar de sus continuas demandas, la voz parecía ignorarle y seguir con sus indicaciones.

-Lo segundo que debes saber es que tu hermano se encuentra ahora en el Pantano de la Rabia.

-¡Han vuelto a secuestrarla!

-No, él ha dirigido la construcción de un nuevo Coliseo. La Cábala ha convertido el Pantano de Rabia en una feria. Es allí donde deberás atacar. Allí podrás recuperar a tu hermano.

Aarón alzó su puño amenazante y entrecerró los ojos.

-Esos malditos de la Cábala…

-Suerte en tu gesta, Aarón, puño de Froxá, sé que saldrás victorioso.

Y la voz se apagó de nuevo.

-¡Eh, voz estúpida! ¡Vuelve aquí y devuélveme mi espada!

-Así que los rumores eran ciertos… La Cábala ha construido un nuevo Coliseo… -dijo el Centauro que había hablando con Aarón antes, pensativo.

-¿Y tú quien coño eres?

-Soy el líder de uno de los clanes de centauros de Froxá, mi nombre es…

-¡Me da igual como te llames! A partir de ahora tú harás el trabajo.

-¿Perdón?

-Pues eso. Se supone que tengo que dirigir ¿no? Pues te ordeno que seas tú el que haga el trabajo.

El centauro parecía no acabar de entenderle.

-¿Pero de que trabajo me habla?

-¡Pues del trabajo! ¡Lo de pensar y esas cosas!

-¿Me está diciendo que quiere que sea su capitán?

-Sí, lo que quieras, pero piensas tú.

-Soy el capitán… -repitió el centauro, con ojos brillantes. Parecía encantado con su nombramiento.

-Bueno, empecemos –dijo el bárbaro, y le arreó una soberana ostia a su nuevo capitán con la vara en mitad de la cabeza.

Hubo un quejido, acompañado de un fogonazo de luz verde que, cuando se apago, dejó a la vista al nuevo capitán de Aarón, que ahora lucía, aparentemente, más grande.

-¡Au! ¡¿Está loco?! –Protestaba el centauro, mientras se palpaba su dolorida testa. Se miró de arriba abajo-. No he cambiado mucho…

-Al menos eres menos canijo ¡Dame las gracias!

-Me esperaba mucho más del poder de Froxá…

Aarón le ignoró.

-Bien, a partir de ahora te llamarás Cara Pedrusco.

-¡Pero si me llamo David!

-¡Cara Pedrusco he dicho!

-¡No pienso llamarme Cara Pedrusco!

-Muy bien, entonces te llamarás Princesa. Princesa es nombre pony, te va genial.

-Cara Pedrusco está bien.

-Perfecto, ahora necesito una montura.

Miró de reojo a Cara Pedrusco.

-¡A mí no me mires! Yo soy un guerrero no un medio de transporte.

-¡Tú lo que eres es tonto! ¡Cállate! –El bárbaro siguió oteando el terreno a su alrededor con ojo escrutor, hasta que pareció dar con algo que llamó su atención-. ¡Ahá! ¡Ahí está mi montura! –Dijo señalando un par de culebras que se deslizaban hacia la maleza-. ¡Eh, vosotras, volved aquí!

-Son un par de serpientes ordinarias, no pueden entenderte –le decía el centauro.

-¡Que volváis he dicho!

Con un suspiro, Cara Pedrusco fue hasta las serpientes y las atrapó, llevándolas ante su impaciente señor.

Aarón acaricio la cabeza de ambos reptiles con el extremo de vara.

-Ah, a ellos no les machacas la cabeza ¿eh?

-¡Que te calles!

Cara Pedrusco soltó a ambos reptiles cuando comenzaron a convulsionarse entre chispazos verdes. Los dos ofidios empezaron a aumentar de tamaño y a cambiar de color. Incluso unas hileras de afiladas escamas brotaron de sus lomos. Aarón contempló su obra, satisfecho.

-¡Tú! –Dijo señalando a la serpiente color rojo-. A partir de ahora serás mi montura, y te llamarás Jerry. ¡Y tú! –Dijo señalando a la otra, de color azul-. Estarás encargado de ir por delante de nosotros comiéndote a todo el que se nos cruce por delante ¡Vendedores ambulantes incluidos! Te llamarás Tom.

Las dos serpientes se miraron, sisearon con sus bífidas lenguas y volvieron a mirar a Aarón con su neutro y reptiliano semblante.

-Me tomaré eso como un sí. Bien –se volvió hacia el resto de su campaña-. ¿Quién quiere ser en el siguiente?

Sus siervos se señalaron entre ellos.

Aarón, el puño de Froxá, se acercaba amenazadoramente, dándose golpecitos con el extremo de la vara sobre la palma de su mano y con una sonrisa de oreja a oreja que invitaba a la desconfianza.

Una ola de golpes, gritos, y fogonazos verdes, inundo Froxá durante un buen rato…

Una hora después Aarón, montando a Jerry, con Cara Pedrusco a un lado y Tom al otro, encabezaba un ejército de monstruos de lo más variopinto.

-Vale –dijo, mirando hacia lontananza-. Vayamos a machacar a esos de la Cábala y darle un buen escarmiento a esa hermana desobediente que tengo.

Capítulo 12: Entre Las Sombras

Juan esperó a que anocheciera, cuando su poder era mayor, para salir en su misión. Deslizándose entre las sombras, como un cazador en busca de su presa, avanzó a gran velocidad, invisible y sigiloso, hasta llegar al bosque de Froxa.

El Patriarca no cabía en su asombro. Sabía perfectamente que el Gitani ahora residía en el que corazón del bosque y que su poder estaba cambiando toda la foresta. Pero jamás habría imaginado que el poder de ese artefacto hubiese podido provocar aquello. Estaba claro que el poder desconocido que emanaba el Gitani se había unido al propio poder del bosque, dimanando en una fuerza rebosante de vida que estaba provocando que el bosque creciera de forma exagerada.

Observó la retorcida jungla que se extendía ante él. El camino resultaría difícil para cualquiera pero no para el Patriarca de la Cábala. Con una sonrisa, Juan se quitó los guantes metálicos y se remango las mangas de seda de su oscura túnica. Bastaba un simple roce con cualquier brizna de vegetación para que la podredumbre se extendiese varias hectáreas. Así avanzó el Primero a través de la maleza, abriendo un negro camino de descomposición a su paso que no tardaba en volver a cerrarse a sus espaldas. El poder de la vida que rezumaba aquellas tierras era increíble.

No llevaba demasiado tiempo avanzando cuando divisó la figura de Aarón a lo lejos. Aunque no entraba dentro de sus planes encontrarse con su objetivo tan rápidamente era una oportunidad que debía aprovechar.

El bárbaro avanzaba a grandes zancadas, llevándose por delante literalmente cuanto se interponía en su camino, y con evidente enfado dibujado en el rostro.

El patriarca cerró los ojos, concentrándose, y se elevó por encima de la maleza. Avanzó como una oscura y fría corriente de aire y no tardó en adelantar el bárbaro. Había llegado el momento de tenderle su trampa.

Juan se concentró.

Unas sombras ondulantes comenzaron fluir alrededor de Aarón, como oscuras y retorcidas siluetas que danzaban en torno a él. El bárbaro, que ni tan siquiera se preocupaba en ponerlas atención daba algún que otro manotazo de vez en cuando, intentando disiparlas, como una vaca espantando moscas con el rabo, como si aquel fenómeno fuese simplemente atmosférico, propio de aquel surrealista bosque. El Patriarca, que lo observaba oculto tras la maleza, enfureció. Se concentró aún más y pronto aquellas sombras comenzaron a adquirir una consistencia más sólida, revelándose como horribles bestias de las sombras dispuestas a devorar su presa. Aarón agitó su vara, que refulgió con aquella luz verde cargada de vida, golpeando a los horrores de las sombras y disipándolos.

-¡Maldito bichos! –Gruñó.

Juan no cabía en su asombro. Decidió volver a adelantar al bárbaro y atacarlo de frente. Corrió entre la maleza, literalmente deshaciéndola a su paso, pero algo se interpuso en su camino. Era una criatura enorme que no recordaba haber visto jamás. Su cuerpo era tan grande como el de un verdefante, pero tenía una larga cola anillada y plagada de enormes espinas y un cuello igual de largo terminado en una cabeza similar a la de un camaleón pero de dimensiones enormes y testada con una cornamenta imponente. El Patriarca supuso que ese era otro de los especímenes surgidos del retorcido poder de mutación del Gitani. Aquel artefacto estaba creando bestias tan horribles e inverosímiles como las del plano de demencia.

Los enormes ojos del monstruo estaban fijos en él. Se lanzó sobre la oscura figura del amo y señor de la Cábala, abriendo sus enormes fauces y mostrando dos hileras de colmillos tan largos y afilados como espadas.

El Patriarca se elevó en el aire, esquivando con suma facilidad la arremetida de la bestia y subiéndose en su inmenso lomo. Poso su mano desnuda en la dura y gris piel de la criatura. El contacto mortal no hizo esperar que la maldición se propagase. La bestia emitió un chirriante aullido y se desplomó sobre sus voluminosas patas, ya estaba muerta cuando la descomposición aún devoraba su gigantesco cuerpo. Pero Juan tenía otros planes. Con un simple movimiento de su muñeca hizo que la descomposición se detuviese. Fijo su mirada en el cuerpo semi pútrido de la criatura, concentrando su negra energía, y la bestia se levantó de nuevo, abriendo sus ojos, ahora vacíos de vida. Ese sería el primer siervo del Patriarca en esa nueva y floreciente tierra que parecía querer desafiar su poder.

Con gesto imperturbable, el Patriarca tomó asiento sobre su nueva montura y la ordenó mentalmente ir a por el bárbaro. Debía acabar con aquello. Si era necesario arrancaría de raíz todo rastro de vida de ese bosque para hacerlo después levantarse desde la propia inmundicia sobrante, tal y como acababa de hacer con aquel monstruo. Así actuaba el Patriarca, ese era su poder, la muerte.

Sobre su nueva y grotesca montura y ya algo cansado de aquella situación, el Patriarca ordenó a aquel ser que cargara contra el bárbaro y lo arrollara.

Aarón vio venir a la enorme criatura, más no reparó en su jinete.

-Hoy tenemos el día tonto ¿eh? –Gruñó el bárbaro, preparando su vara.

Cuando la criatura ya iba a llevárselo por delante Aarón le dio un fuerte golpe con la vara (como un jugador de beisbol). Hubo un fogonazo de luz verde. Con un horrible aullido la criatura salió disparada por los aires, junto con el Patriarca.

-¡No tiene graciaaaa…! –Gritó el Primero, perdiéndose en el estrellado cielo.

Aarón se volvió una vez más, algo extrañado.

-Qué raro, me ha parecido oír a alguien –se encogió de hombros, y siguió su camino-. ¡Bah!

A varios kilómetros de allí, Juan yacía en el suelo, con evidentes dolores. Afortunadamente unas rocas afiladas amortiguaron su caída.

-Creo que mejor de esto para otro momento… -murmuró para sí.

Se puso en pie.

Sí, aquello era lo mejor que podía hacer. No tendría gracia matar a Aarón así, sin que nadie lo viese. Debía humillar a ese maldita bárbaro que había osado retar su poder. Y sabía muy bien cómo hacerlo.

Ahora volaría hacia el puerto más cercano y allí tomaría un barco que lo llevase hasta el Pantano de la Rabia, donde vería que tal estaba yendo su obra y donde prepararía el final de Aarón.

Con una sádica risita se frotó las manos y se le elevó en el aire, fundiéndose con las sombras de la noche.

Capítulo 11: Olilandia

Describir la creación de todo un reino (y más teniendo en cuenta que ha salido de una mente perturbada), tomaría demasiado tiempo y detalle. Así que omitiremos esta parte de la historia y la dejaremos a vuestra imaginación.

Oli, completamente lleno de barro de pies a cabeza, alzó la vista. Lucía una expresión exultante y esbozaba una sonrisa triunfo. Frente a él se alzaba su obra maestra. Su primera creación. O mejor dicho, el epicentro de una maravilla que se extendería hasta los confines de mundo. Su legado.

-¡Olilandia! –Chilló el ex luchador, agitando los brazos.

Se hallaba sobre una pequeña elevación de tierra cubierta de verde pasto. Tan solo el principio del verde mar de vida que se extendía frente a él. Tal y como había lo había planeado, había convertido aquella pequeña zona de playa en un vergel que exhalaba vida por cada rincón. La vegetación había destruido y cubierto las antiguas cosas del pueblo (provocando la huída de sus habitantes). Arboles inmensos lo cubrían todo, de todas las clases, incluso algunos jamás vistos en aquel mundo. Todo ello salido de la mente de su hacedor. Que también había cambiado la propia geografía del lugar, haciendo emerger montes que escupían cataratas que relucían con los rayos del sol que la verde techumbre de aquella demencial jungla permitía pasar. Aquella mezcla de bosque y jungla podía resultar retorcida e incomprensible, pero indudablemente hermosa.

Oli se giró para observar ahora a sus espaldas la cúspide de su utopía. La inmensa fortaleza blanca, Olus, que se erguía, imponente, sobre la meseta central del bosque. Un conjunto de desiguales torres de imponente tamaño fortificadas con un inmenso muro que rodeaba toda la parte baja. Decorado con gárgolas en forma de criaturas angelicales o dragones que exhalaban grandes chorros de agua que iban a parar al foso que rodeaba aquella obra maestra.

Oli bajó del montículo en que se encontraba y caminó hacía su nuevo hogar. El enorme puente levadizo cayó ante él automáticamente. El creador se adentró en su impoluta morada. Caminaba por el patio central admirando su obra, impresionado. Ni él mismo recordaba haber modelado aquello con tanto detalle, pero lo cierto era que no se quejaba. Aquella impresionante fortaleza, hecha enteramente de puro mármol blanco que relucía al sol, ofrecía a la vista todo un espectáculo de maravillas. Cada torre estaba pulida y rematada con símbolos que parecían cincelados al milímetro. Todo era desigual y caótico en su conjunto, pero detallado y minucioso en sus partes. Incluso de algunas de las torres caían cascadas de agua cristalina de daban a parar a pequeños pozos en el fondo. Todo el patio estaba lleno de fuentes y estatuas en forma de angelicales seres, muchas de ellas tenían la forma de mujeres de belleza hipnótica (según Oli representaciones de Granizea). Si Dios tenía una morada desde luego era algo muy parecido a eso. O al menos, así lo pensaba el creador.

Las enormes puertas dobles de blanca piedra se abrieron, permitiéndole el paso a su señor al centro de aquella enorme base.

Oli camino por la entrada, observando las maravillas que seguía sin recordar haber creado. Después de todo él modelo todo aquello desde la arcilla, dándole forma en su mente. Pero aunque no recordase haber imaginado tanto detalle lo cierto era que no resultaba descabellado pensar que tal vez todo aquello si hubiese salido de su mente, aunque fuese de forma inconsciente para él. Tal vez su poder podía hacer emerger de su mente ideas que él mismo ocultaba sin saberlo. En cualquier caso esas minucias no importaban, su castillo molaba, y mucho.

Todo el interior era del mismo e impoluto mármol que el exterior. La decoración era abundante y vistosa. Estatuas que flanqueaban los largos pasillos, como silenciosos centinelas. Tapices con grabados de celestiales criaturas aladas. Frescos con representaciones de querubines o dragones blancos sobrevolando azules cielos cubiertos de nubes. Todo se aunaba en una desigual, pero al mismo tiempo perfecta, armonía. Todo era brillo y pureza. Luz y vida. Tal y como Granizea habría querido (o eso pensaba Oli).

Oli ascendió –con mucho esfuerzo- la enorme escalera principal, que subía en espiral hasta la titánica torre central. Aquella se erguía por encima de sus hermanas menores. Allí, en lo alto, estaban sus aposentos, ya preparados y provistos de todo. Una enorme cama ya provista de suaves sabanas de seda azul de la mejor calidad y armarios repletos de las más elegantes galas. Había dos puertas, una a cada lado de la habitación. Una conducía a un baño, y la otra a un estudio provisto de todo. Mesas llenas de pergaminos en blanco, pinceles y pinturas para crear más arte vivo, arcilla, piedra para escupir… Todo lo que necesitaba para seguir creando.

Atravesó la habitación hasta las grandes puertas dobles de cristal que conducían al balcón. Oli se asomó, y desde la torre más alta admiró su creación. Desde allí podía ver incluso las tierras de más allá de lo que ahora era su reino. Sonrió, con complacencia. Ya había creado su propio imperio, ahora podría atacar a la Cábala y destruirla. Asestaría un único y letal golpe y borraría todo indicio de la existencia de aquella retorcida secta de dementes.

-Hay mucho que hacer –dijo para sí mismo, apartando las manos de la baranda de brillante platino. Alzó un dedo, adoptando una resuelta pose en actitud triunfante-. ¡Mañana mismo atacaremos!

Silencio. El viento le azuzo los rizos y fue consciente de un muy importante detalle que hasta ahora había parecido escapársele de las manos.

-¡¿Atacaremos?! ¡¿Quiénes?! ¡Si estoy yo solo!

Se dejó caer de rodillas al suelo de mármol. ¿Cómo podía ser tan imbécil? Había creado un reino, sí, pero excepto él mismo nadie más lo habitaba. ¿Cómo iba a destruir a la Cábala él solo? Necesitaba un ejército.

-¡¿Y de donde puñetas me saco un ejército?! –Se lamentó.

Pero entonces volvió a caer en la cuenta de otro importantísimo detalle.

Una vez más se puso en pie y alzó su dedo de triunfo.

-¡Soy un creador! –Declaró, a voz en grito-. ¡Así que yo mismo me crearé un ejercitó igual que he creado este paraíso! –Volvió a asomarse al balcón, apoyándose en la baranda para mirar en lontananza-. ¡Prepárate Barquín! ¡Preparaos todos los de la Cábala! ¡Pronto seréis destruidos! ¡Pagareis por arrebatarme a Granizea! Pero… -se miró de arriba abajo, aún seguía cubierto de barro enteramente-. Primero tomaré un baño.

Y dicho todo lo que tenía de decir, se echó a reír como un loco.