Oli se hallaba en medio del gran coliseo de la Cábala. Era de noche y estaba totalmente vacío.
Miró en todas direcciones. Nada.
-Pues qué bien…
-¡Hola!
Aquella horrible y desagradable voz le hizo dar un bote. Se dio la vuelta para encontrarse él. Con el mayor de sus temores.
-¡Tú! –Gritó, asustado, retrocediendo.
-¡Sí! ¡Soy yo! ¡Barquín! ¡¿Te acuerdas de mí?! –Respondió el otro, que parecía muy contento de ver a Oli.
-¡Argh! ¡No te me acerques!
-Vamos, no seas así ¡Dame abrazos!
-¡No! ¡Socorro! -Echó a correr hacía las gradas, pero todas las salidas estaban bloqueadas-. ¡Mierda! ¡¿Seré desgraciao?!
El pobre Oli solo podía correr en círculos alrededor de la arena, gritando desesperadamente, mientras Barquín le iba pisando los talones.
-¡Jo, no corras! ¡Solo quiero que seamos amigos!
-¡Que me dejes en paz!
Oli ya no podía más. Se dejó caer sobre la fría arena y se abandonó su funesto destino. Mientras veía Barquín se acercaba rápidamente a él (con clara intención de tirársele encima en plancha), evocó el único recuerdo alegre que conservaba en su atormentada mente: Granizea.
Murmuró su nombre, cuando aquel repulsivo ser ya cernía sobre él, con los brazos abiertos.
Entonces ocurrió algo insólito. Un haz de luz descendió del cielo, cayendo sobre Barquín y derribándolo. Oli solo pudo protegerse los ojos de tan cegadora energía. Cuando volvió a mirar se encontró a Barquín en el suelo y a una imponente figura de pie, junto a él. Estaba totalmente cubierta de una luz blanca, lo que hacía imposible perder verla con claridad. Aquella perfecta silueta tenía complexión humana, la más exquisita que Oli había visto jamás, y un par de alas plegadas, igual que un ángel.
El dolorido Barquín se levanto, con dificultad, quejándose del dolor. Observó aquella figura y sus ojos se abrieron de par en par.
-Ala… ¿Tú también quieres ser mi amigo? –Dijo, señalándole.
Por toda respuesta el ángel de luz desenvainó un enorme espadón y de un solo tajo cercenó el brazo con el que Barquín le señalaba. El campeón de la Cábala pareció tardar unos segundos en ser consciente de lo que había ocurrido. Pero cuando su cerebro terminó de procesar toda la información… los alaridos histéricos y los lloriqueos ridículos no se hicieron de esperar.
-¡Au! ¡¿Por qué me has hecho eso?! ¡Me duele! ¡Buaaa! –Lloriqueaba.
Aquella figura hecha de pura luz lo agarró con la mano libre del cuello y lo elevó en el aire. Barquín trataba de zafarse del agarre pero pronto su cuerpo comenzó a desintegrarse, como si aquella luz lo disolviese. En cuestión de segundos y tras unos gritos más Barquín había desaparecido.
Oli, que había observado la escena en completo y anonado mutismo, observó como aquel imponente ser envainaba su espadón y caminaba hacia él. Asustado, retrocedió, arrastrándose torpemente por el suelo. Pero no había caso, aquella figura llegó a hasta él.
El acongojado artista se atrevió a alzar la mirada y mirar a ese ser a los ojos. Pero no había ojos, solo luz. Todo era un gran cúmulo de luz con forma humanoide. Pero aquella figura… aquella perfecta anatomía, esa exquisita complexión… Oli los conocía muy bien. Ya no había dudas… ¡Era Granizea! Él la había llamado y ella había vuelto para salvarle de su mortal enemigo.
-Gra… Granizea… -se atrevió a murmurar.
La figura alzó un poco el cuello, como si fuese a hablar. Oli estaba deseando volver a oír (o mejor dicho, oír por primera vez) la voz de su amada, volver a disfrutar de su compañía, decirla todo lo que no la había dicho, compartir con ella…
-¡ACHÚS!
El ser pegó un sonoro estornudo y la luz que lo recubría se desenvolvió de su cuerpo, diseminándose en pequeñas partículas brillantes que se esfumaron en el aire y… dejando a Oli con la boca abierta. Frente a él había un chaval con alas y un piercing en la ceja, que se frotaba la nariz, con molestia.
-Mierda de lucecitas… -gruñó.
-¿Pero quién coño eres tú…? –Susurró Oli, el pobre estaba en shock-. ¡¿Dónde está Granizea?!
El ángel alzó una ceja y le miro con expresión escéptica.
-¿Quién?
-¡Granizea! ¡Mi amada! ¡¿Dónde está?! ¡Yo la llamé, ella me salvó! ¡¿Qué has hecho con ella?!
El ángel lo miraba como si fuese un loco.
-Mira, no sé de qué me hablas pero… -señaló con un brazo todo alrededor-. Estamos aquí solos.
-Entonces… ¿Tú has matado a Barquín?
-¿A quién?
Oli se puso en pie, como un resorte, y adoptó una pose triunfal.
-¡A Barquín, mi archienemigo! ¡Aquel que me arrebató a mi amada! ¡Aquel del que debía vengarme!
-Claro…
-Pero bueno, como ahora ya lo has matado… ¡Ahora solo tendré que vengarme de la Cábala por ser tan cabrones! ¡Hay que ver como se arreglado el día!
Oli se puso a reírse en solo ante la mirada del ángel, que por su rostro parecía que no sabía cómo calificar el estado mental del creador.
-Ya… Verás… Me sabe más decírtelo pero… Esto no es más que un sueño.
Ante aquella revelación Oli solo pudo… deprimirse de nuevo. Le miró, exigiendo saber más.
-¿De verdad que esto es sueño?
-Sip.
-Pues vaya mierda… -se dejó caer de rodillas al suelo-. Entonces… ¿Quién eres?
Aquella pregunta pareció gustarle al ángel que, por toda respuesta, volvió a desenvainar su espadón y lo elevó por encima de la cabeza de Oli, dispuesto a dar un mandoblazo fatal.
-¡¿Pero qué haces?! ¡No! ¡NOOO!
Se incorporó. Estaba en su cama. Aún era de noche. La débil luz de la luna y las estrellas se filtraba desde el gran ventanal abierto. Allá, en la torre más alta de palacio de Olus.
Esperó a que su respiración se normalizara. ¡¿A qué coño había venido todo eso?!
-Joe… Vaya mierda de pesadilla… Creí que… ¡ARGH!
Al ladear la cabeza se encontró con el ángel, que al parecer había vuelto del sueño con él. ¡Y aún seguía con la espada en ristre!
-¡¿Qué haces tú aquí?! –Exigió saber el amo del castillo, señalándole con su… con su… -.¡Argh! ¡Mi brazo! ¡Lo he perdido! –El pobre Oli comenzó a buscar desesperadamente, con el brazo que le quedaba, su extremidad perdida, entre las sabanas-. ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está?! –Lloriqueaba.
-Estoy aquí –contestó en ángel.
Oli volvió a fijar su atención en su invitado, del que al parecer se había olvidado. El sonriente ángel volvió a envainar su espada y se situó frente a los pies de la cama del artista.
-Veamos… A ver cómo te explico esto… -guardó silencio durante unos segundos, intentando encontrar una manera de explicarse, ante la preocupada y dolorida mirada de Oli-. Bueno, en resumen. Yo soy tu nueva creación.
-¡¿Qué?!
-¡Que soy tú nueva creación!
-¡Ya te he oído! Pero quiero que te expliques.
-Manda huevos… me crea él y encima se lo tengo que explicar… –farfulló el ángel, poniendo los ojos en blanco-. A ver. Tú estabas teniendo un sueño, y entonces me creaste a partir de él. Ese sueño guardaba tu mayor deseo. O algo así…
-Sí, ya, eso no me lo creo. Porque si eso fuese así, tú serías Granizea, o al menos tendrías su aspecto. Ella es mi único deseo, mi mayor anhelo. ¡¿De dónde coño sales tú?! ¡¿Por qué no eres Granizea?!
-Me duele ser yo el que te lo diga, pero es porque esa tal Granizea de la que hablas no es…
-Bueno, no importa –le cortó Oli-. Volvamos al sueño. Algo no encaja. Los sueños no son reales. ¡No tenía material para modelar!
-El sueño fue el medio, y el material… -señaló, con una sonrisa, el muñón bajo el hombro izquierdo de Oli, allá donde antes hubo un brazo, ante la aterrada mirada del artista.
-Pero… yo no…
Oli parecía a punto de echarse a llorar. Pero entonces las alas del ángel se abrieron, mostrando sus imponentes dimensiones, se elevó unos centímetros y una cegadora luz blanca cubrió su cuerpo. Y entonces, con una retumbante voz que parecía venir de todos lados, comenzó a hablar (A lo Galadriel xD):
-Me has creado de tu sangre y de tu alma. Por eso yo soy la mayor de tus creaciones. Soy el colofón de tu obra. La guinda de tu pastel. La apoteosis de tu legado. Ya no necesitarás tu brazo pues ahora seré yo quien te defienda. Yo haré llegar tu mensaje a oídos de todos. Yo seré tu voz en este mundo y el brazo que ejecute tu voluntad. Yo purgaré este mundo de tus enemigos y te allanaré el camino hacía tu gloria.
La arenga terminó y ángel volvió a apagarse y a tocar suelo. Oli se había quedado con la boca abierta y los ojos como platos.
-Jo… ¿Todo eso en serio?
-Ah, no sé, es lo que ponía en la etiqueta que tenía pegada –contestó el ángel, arrancándose la susodicha etiqueta del dorso del cuello de su blanca camisa.
Se la tendió a Oli, que la ojeó, ceñudo.
-¿Pagar a contra reembolso?
-Lo dicho, que yo soy tu nueva creación.
Se miraron a los ojos, en completo silencio. Oli parecía querer atravesarle con su dura mirada. El ángel… se mantenía con la ceja arqueada, como si aquel tío le diese muy mal rollo. De pronto, Oli se saltó de la cama y se tiró encima del ángel.
-¡Ladrón! ¡Devuélveme mi brazo! ¡Joputa!
Pero el ángel se zafó de él de un empujón.
-¡Quita, loco!
-Vale, tengo que calmarme y pensar… Quizá no esté tan mal. He perdido un brazo pero he ganado el arma definitiva.
El artista comenzó a frotarse las manos y a reír por lo bajo. El ángel le miraba, preocupado.
-¿Estás bien?
-¿Que si estoy bien? ¡Estoy mejor que bien! ¡Ahora ya nada podrá detenerme! ¡Mi venganza es inminente! ¡Acabaré con Barquín y luego con toda la Cábala! –Señaló al ángel, ahora con su brazo derecho, que era el único que le quedaba-. ¡Y tú serás el que me ayude en mi venganza! ¡Ahora que te tengo podré cumplir mis demenciales ambiciones! –Más risas-. ¡No perdamos más tiempo! ¡Primero a matarás a Barquín!
El ángel ladeó un poco la cabeza y frunció el ceño, como si no le hubiese entendido.
-¿A quién?
-¡A Barquín, joder! ¡Ya te lo he explicado! ¡Mi archienemigo!
-Ah, bueno, como quieras…
-¡Sí, es perfecto! ¡Ahora…! –Cayó-. Un momento… -dijo, volviendo su atención de nuevo al ángel-. Hay algo que sigue sin cuadrarme.
-¿El qué?
-Bueno, no sé, pero… Lo normal hubiese sido que hubiese perdido mi brazo derecho ¿no? Pero he perdido el izquierdo y… ¡Soy zurdo! No lo habrás hecho a posta ¿verdad?
El ángel sonrió y miró hacia otro lado, haciéndose el desentendido.
-¿Yo? Que va…
Oli le fulminó con la mirada.
-Bueno, supongo que necesitas un nombre –se rascó la barbilla, pensativo-. Uhm… ¿Qué tal Akromo, el ángel de la ira?
-¿Qué tal si te rompo la cara? –Contestó el ángel, con una sonrisa de oreja a oreja.
-Vale, vale, que genio. Pues… Willy.
-Me vale.
-Bien, Willy. Gracias a mis discípulos ya sé lo que se ha estado fraguando en el Pantano de la Rabia. ¡Ja! Que irónico. La gran obra de la Cábala será el lugar de su caída –señaló hacía el ventanal-. ¡Ahora ve! ¡Ve al nuevo Coliseo y destruye a Barquín!
-¿A quién?
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