Completamente ajeno a la amenaza que le había estado siguiendo todo ese tiempo, Aarón llegó hasta un claro en medio de la maraña de árboles. Una especie de solar natural con el que la descontrolada vegetación parecía haber tenido clemencia. Una hoguera en su centro iluminaba aquel lugar al que la luz no tenía permitía la entrada. Los troncos de alrededor, las ramas de encima, todo estaba tan compactado que se había convertido aquello en una pequeña fortaleza vegetal.
Alrededor de la hoguera había reunidas una multitud de criaturas distintas: Centauros, elfos, tontukos, tontísimos, algunos goblins del bosque y, cómo no, muchas de las nuevas especies que el poder del Gitani había creado.
Al ver llegar al bárbaro, todos los presentes hicieron una inclinación de cabeza. Uno de los centauros se le acercó.
-Le estábamos esperando, señor.
-¿A mí? ¡Pa qué!
-Para que nos conduzca a la batalla. Usted es nuestro líder.
-¡Chorradas!
-Cuando usted lo disponga partiremos hacia nuestro objetivo y le plantaremos cara a nuestro destino.
Aarón le observó durante unos segundos con cara de “este es tonto”.
-¡¿Pero de qué coño hablas tú?!
-¿Es que no vamos a luchar?
-¡Claro que vamos a luchar! ¡Ahora mismo nos vamos todos a la Cábala y los corremos a ostias!
Aquello pareció contentar a todos los presentes, que hicieron un coro de vítores ante las evocadoras palabras de su nuevo dirigente.
-¡A callar! Bueno ¡Vamos!
-Espera, Aarón.
La voz del bosque se hizo oír entre los presentes.
-¡Es esa maldita voz ladrona y tramposa! ¡¿Dónde estás?! ¡Da la cara!
Aarón agitaba la vara en todas direcciones, buscando a su rival invisible. El resto de los presentes besaron en suelo, entre murmullos que decían: “Oh, es la voz de bosque, alabado sea Froxá”
-Cálmate, Aarón, solo quiero que hablemos.
-¡Yo no quiero hablar!
-Antes de partir hacia la Cábala hay dos cosas que debes saber.
-¡No me interesan!
-La primera es que necesitarás un ejército.
-¡¿Pero no ves que ya lo tengo?! ¡Son estos tíos raros!
-Me refiero a un ejército mejor. Usa tu vara Aarón. Usa el poder que se te ha dado y dales a tus guerreros la fuerza para derrotar a la Cábala.
-¡¿Y por qué no me das mi espada y así acabamos antes?!
A pesar de sus continuas demandas, la voz parecía ignorarle y seguir con sus indicaciones.
-Lo segundo que debes saber es que tu hermano se encuentra ahora en el Pantano de la Rabia.
-¡Han vuelto a secuestrarla!
-No, él ha dirigido la construcción de un nuevo Coliseo. La Cábala ha convertido el Pantano de Rabia en una feria. Es allí donde deberás atacar. Allí podrás recuperar a tu hermano.
Aarón alzó su puño amenazante y entrecerró los ojos.
-Esos malditos de la Cábala…
-Suerte en tu gesta, Aarón, puño de Froxá, sé que saldrás victorioso.
Y la voz se apagó de nuevo.
-¡Eh, voz estúpida! ¡Vuelve aquí y devuélveme mi espada!
-Así que los rumores eran ciertos… La Cábala ha construido un nuevo Coliseo… -dijo el Centauro que había hablando con Aarón antes, pensativo.
-¿Y tú quien coño eres?
-Soy el líder de uno de los clanes de centauros de Froxá, mi nombre es…
-¡Me da igual como te llames! A partir de ahora tú harás el trabajo.
-¿Perdón?
-Pues eso. Se supone que tengo que dirigir ¿no? Pues te ordeno que seas tú el que haga el trabajo.
El centauro parecía no acabar de entenderle.
-¿Pero de que trabajo me habla?
-¡Pues del trabajo! ¡Lo de pensar y esas cosas!
-¿Me está diciendo que quiere que sea su capitán?
-Sí, lo que quieras, pero piensas tú.
-Soy el capitán… -repitió el centauro, con ojos brillantes. Parecía encantado con su nombramiento.
-Bueno, empecemos –dijo el bárbaro, y le arreó una soberana ostia a su nuevo capitán con la vara en mitad de la cabeza.
Hubo un quejido, acompañado de un fogonazo de luz verde que, cuando se apago, dejó a la vista al nuevo capitán de Aarón, que ahora lucía, aparentemente, más grande.
-¡Au! ¡¿Está loco?! –Protestaba el centauro, mientras se palpaba su dolorida testa. Se miró de arriba abajo-. No he cambiado mucho…
-Al menos eres menos canijo ¡Dame las gracias!
-Me esperaba mucho más del poder de Froxá…
Aarón le ignoró.
-Bien, a partir de ahora te llamarás Cara Pedrusco.
-¡Pero si me llamo David!
-¡Cara Pedrusco he dicho!
-¡No pienso llamarme Cara Pedrusco!
-Muy bien, entonces te llamarás Princesa. Princesa es nombre pony, te va genial.
-Cara Pedrusco está bien.
-Perfecto, ahora necesito una montura.
Miró de reojo a Cara Pedrusco.
-¡A mí no me mires! Yo soy un guerrero no un medio de transporte.
-¡Tú lo que eres es tonto! ¡Cállate! –El bárbaro siguió oteando el terreno a su alrededor con ojo escrutor, hasta que pareció dar con algo que llamó su atención-. ¡Ahá! ¡Ahí está mi montura! –Dijo señalando un par de culebras que se deslizaban hacia la maleza-. ¡Eh, vosotras, volved aquí!
-Son un par de serpientes ordinarias, no pueden entenderte –le decía el centauro.
-¡Que volváis he dicho!
Con un suspiro, Cara Pedrusco fue hasta las serpientes y las atrapó, llevándolas ante su impaciente señor.
Aarón acaricio la cabeza de ambos reptiles con el extremo de vara.
-Ah, a ellos no les machacas la cabeza ¿eh?
-¡Que te calles!
Cara Pedrusco soltó a ambos reptiles cuando comenzaron a convulsionarse entre chispazos verdes. Los dos ofidios empezaron a aumentar de tamaño y a cambiar de color. Incluso unas hileras de afiladas escamas brotaron de sus lomos. Aarón contempló su obra, satisfecho.
-¡Tú! –Dijo señalando a la serpiente color rojo-. A partir de ahora serás mi montura, y te llamarás Jerry. ¡Y tú! –Dijo señalando a la otra, de color azul-. Estarás encargado de ir por delante de nosotros comiéndote a todo el que se nos cruce por delante ¡Vendedores ambulantes incluidos! Te llamarás Tom.
Las dos serpientes se miraron, sisearon con sus bífidas lenguas y volvieron a mirar a Aarón con su neutro y reptiliano semblante.
-Me tomaré eso como un sí. Bien –se volvió hacia el resto de su campaña-. ¿Quién quiere ser en el siguiente?
Sus siervos se señalaron entre ellos.
Aarón, el puño de Froxá, se acercaba amenazadoramente, dándose golpecitos con el extremo de la vara sobre la palma de su mano y con una sonrisa de oreja a oreja que invitaba a la desconfianza.
Una ola de golpes, gritos, y fogonazos verdes, inundo Froxá durante un buen rato…
Una hora después Aarón, montando a Jerry, con Cara Pedrusco a un lado y Tom al otro, encabezaba un ejército de monstruos de lo más variopinto.
-Vale –dijo, mirando hacia lontananza-. Vayamos a machacar a esos de la Cábala y darle un buen escarmiento a esa hermana desobediente que tengo.
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