viernes, 17 de febrero de 2012

Capítulo 17: El Combate Del Siglo

Tal y como Cara Pedrusco había dicho, el Pantano de la Rabia se había convertido en una feria. Y al parecer aquel era el día de su inauguración pues la multitud de gente hacían muy difícil el transito. Sobre todo si llevabas contigo a un ejército de enormes monstruos.

Aarón, montado sobre Jerry y con Cara Pedrusco a su lado, amenazaba con su vara a todo aquel que osara acercársele para venderle algo.

-¡Señor, pruebe mis albóndigas! ¡Son de carne gallinoceronte! ¿Eh? ¡ARGH!

Tom lo devoró de un solo bocado y cayó pesadamente al suelo. La pobre serpiente azul tenía el cuerpo lleno de enormes protuberancias que se movían. Voces salían del interior del cuerpo del reptil, algunas charlando animadamente entre ellas.

-¡Eh, tú! ¡Serpiente estúpida! ¡Levanta!

-Ya no puede más –dijo Cara Pedrusco-. Le ordenó que devorara a todo el que se pusiese por delante y… hemos entrado en una feria.

-¡Tú a callar! ¡Y tú, levanta!

Pero Tom solo pudo emitir dos moribundos siseos.

-Será mejor que descanse –aconsejó el centauro.

-¡Será mejor que nos callemos! –El bárbaro soltó un gruñido-. ¡Vosotros! –Dijo señalando a dos enormes elfos mutantes-. Llevareis a Tom ¡A rastras si hace falta! Sigamos, ahora yo abriré la marcha.

-¡Señor, pruebe nuestras salchichas! ¡Son de carne bufadrilo!

Pero el vendedor solo obtuvo un varazo en mitad de la cara.

-¡Que me dejéis en paz! ¡Que no quiero nada! ¡Apartaos de mi camino!

Y así, a base de varazo limpio, llegaron hasta las puertas del Coliseo.

Aarón se detuvo frente a una de las ventanillas, donde había una chica que se limaba distraídamente las uñas.

-Bienvenido a nuevo Coliseo de la Cábala ¿Desea una entrada para el espectáculo de hoy?

-¡No quiero entradas! ¡He venido a destruir la Cábala!

-¿Desea grada vip o grada normal?

-¡Deseo hacer pedazos a todos los de la Cábala!

-Grada quince oeste, centrado ¿Le parece?

-¡Bailaré sobre sus cadáveres!

-Le hacemos un 15% de descuento si presenta su Cábala Card ¿Posee una Cábala Card?

-¡NO!

-Son cinco monedas de oro.

-¡Cinco ostias que te voy a dar!

Aarón le pegó una soberana patada a los grandes portones y los echó abajo, indicándoles a continuación a sus subordinados que lo siguiesen.

-Muchas gracias y que disfrute del espectáculo ¿Siguiente, por favor?

Aarón atravesaba la galería que conducía a la entrada de las gradas, pero alguien les esperaba en mitad del camino.

-Sed bienvenidos –saludó el sonriente Marcos, con una leve inclinación de cabeza-. Os estábamos esperando.

-¡O te quitas o te quito! –Bramó Aarón.

-Me temo que no os puedo dejar pasar. Al menos a tu ejército.

-¡Sandeces! ¡Fuera de ahí!

-Vamos, Aarón, no te pongas así. Eres el invitado de honor. O, mejor dicho, la atracción principal.

-¡¿Quieres que te arree, verdad?!

-Has venido a por tu hermano ¿no? Pues lo hemos dispuesto todo para que os encontréis. Es más, todo el público esta esperándoos. Si haces salir a tu ejército de aquí podrás pasar y vértelas con él. Si no… Bueno, tendremos que sacar a los nuestros.

-¡Y me los comeré!

-No seas estúpido, no desperdicies una oportunidad como esta. ¿Sabes la de gente que ha pagado para ver esto?

Aarón parecía estar pensándoselo. Sin duda Marcos era un genio del embauco.

Cara Pedrusco se acercó a su líder.

-Señor, no creo que sea una buena idea, puede ser una trampa y…

-¡¿Me pagareis?!

Marcos sonrió, complacido.

-Claro, un montón de dinero.

-¡Ja! Mi señor no se dejará tentar por algo tan banal como el dinero –presumió el centauro.

-¡Hecho! –Saltó Aarón, dejando mudo a su capitán. Se bajo de Jerry-. Y vosotros... ale ¡A hacer puñetas por ahí!

Gruñendo, sumamente molestos, los guerreros de Aarón salieron del Coliseo.

-Vamos, te conduciré hasta tu habitación para que te prepares –le indicó el invocador.

Aarón fue conducido hacia una especie de zulo, que conectaba directamente con la arena. Allí era donde los combatientes se preparaban. Un grupo de sirvientes le trajeron ropas de batalla y armas.

-¡No quiero nada de eso! ¡Dejadme! ¡¿Dónde está mi hermana?!

La campana no tardó en oírse sonar.

Fuera, en el centro del Coliseo, las atestadas gradas rugían de impaciencia. La gente estaba deseosa de ver el combate del siglo.

Marcos se paseaba dando saltos entre las gradas y su voz era proyectada por medio de la magia por todo el Coliseo.

-¡Damas y Caballeros! ¡El momento que tanto han estado esperando por fin ha llegado! ¡El combate entre Barquín, actual campeón de la Cábala, contra su hermano, Aarón, el retirado campeón de los fosos! ¡Una lucha a muerte entre los dos hermanos! ¡Sí, lo han oído bien, a muerte!

El público estalló en vítores aún más fuertes. No cabían de la emoción.

Las puerta de reja ascendieron y los combatientes salieron a la arena. Barquín entró saludando efusivamente con la mano al público. Aarón les exigía que se callasen la boca, amenazándoles con el puño, pero los gritos del público eran tan ensordecedores que incluso tapaban los rugidos del bárbaro.

Ahora estaban frente a frente. A penas un metro les separaba.

-Ha llegado el momento, hermano –dijo Barquín, con una sombría sonrisa.

-Sí, el momento de que te unos buenos azotes y te lleva pa casa ¡gamberra!

-¡Y dale! ¡Que no soy una mujer! Marcos bueno… ¡¿Pero yo?!

-¡A callar! ¡Tú serás lo que yo diga!

-¡Hagan sus apuestas, damas y caballeros! ¡¿Quien sobrevivirá a esta encarnizada reyerta?! ¡¿El intocable Barquín?! ¡¿O el invencible Aarón?! ¡Apuesten sin miedo!

El mensaje de Marcos hizo que la gente pronto comenzase a salir en estampida hacia las ventanillas de apuestas, que pronto quedaron anuladas ante el 100% absoluto a favor de Aarón.

-¡Empezad!

Ambos contrincantes se colocaron en posición, tanteándose.

-No te molestes, hermano –decía Barquín, con suficiencia-. Ya sabes que nadie puede tocarme. Pronto sabrás lo que es…

Aquel bofetón resonó por todo el Coliseo, en el que se hizo el absoluto silencio. Algunas personas incluso hicieron gestos de dolor al ver semejante guantazo. Aarón le había cruzado la cara a Barquín de un tortazo, y este se retorcía en el suelo, agarrándose su dolorido rostro entre penosos gemidos de dolor.

Pronto el asombro se adueñó del Coliseo, y poco a poco empezaron los murmullos tales como:

-Es increíble…

-¡La ha tocado, ha tocado al intocable!

-Y sigue vivo…

-Ni tan siquiera ha vomitado.

-Vaya estómago.

-Si me están dando nauseas hasta a mí…

Marcos observó el asombro general algo preocupado, no podía permitir que el ánimo del público mermase.

-¡Esto sí que ha sido un grito brutal de los acontecimientos! ¡Pero no den nada por hecho aún, señoras y señores! ¡Este combate solo acaba de empezar!

Con dificultad Barquín se levantó del suelo y encaró de nuevo a su hermano.

-Muy bien, hermano, no me dejas más opción que ponerme serio –amenazó el campeón de la Cábala-. Ahora voy a mostrarte lo que soy capaz de…

Un nuevo y devastador golpe ensordeció el Coliseo de nuevo. Algo había bajado en picado desde el aire a una velocidad de espanto y había impactado sobre Barquín, golpeándole en la espalda y mandándole casi al otro extremo de la arena.

Todos contemplaban, absortos, al nuevo integrante del combate.

El ángel observó a su alrededor y sonrió.

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