Marcos llegó dando saltos hasta el palco de honor del Patriarca, desde donde el absoluto dirigente de la Cábala estaba observando el combate.
-Señor ¿Y ahora qué hacemos? –Preguntó el invocador, que se había quedado sin ideas.
Juan observaba la blanca figura que había osado irrumpir en su Coliseo, con neutro semblante.
-Que el espectáculo continúe –declaró.
-Pero…
Juan le fulminó con la mirada y Marcos se marchó de allí como una flecha, entre nerviosas risitas.
Mientras, en la arena, el ángel seguía observando, con curiosidad, al público, que aún le miraba en completo mutismo. Nadie entendía que había pasado.
-¡Eh, tú!
Dándose por aludido, el ángel plegó sus alas y se volvió hacia Aarón, mirándole como si acabara de reparar en su presencia.
-¡Nadie le pega a mi hermana!
El ángel sonrió.
-He venido a matar a… a… -pareció quedarse en blanco.
-¡Señoras y señores, tenemos a un nuevo luchador! –Marcos pegó un saltó y aterrizó sobre la arena. Luego corrió hasta el ángel-. ¿Puede decirme su nombre?
-Willy.
-¡Willy, el ángel! ¡Que acaba de darle un buen golpe a nuestro capeón, Barquín!
-¡Sí, eso, Barquín! –Saltó de pronto Willy, que parecía haber logrado desentrañar una gran incógnita personal. Observó el maltrecho cuerpo que se retorcía a unos metros de él con una sonrisa-. Menos mal que no me equivoqué.
Con un suspiro de alivio y recuperando su sonrisa, el ángel desenvainó su enorme espadón y camino hacía Barquín. Marcos hizo mutis de allí y regresó a las gradas.
-¡Parece que el ángel está dispuesto a rematar su tarea!
Cuando Willy ya se cernía sobre él, Barquín se movió y el ángel pudo verle bien. Rápidamente retrocedió de un salto y dejó caer su espada, espantado.
-¡Oh, dios! ¡¿Qué es eso?! –Se hincó sobre una rodilla y comenzó a frotarse la pierna-. ¡Qué asco! ¡Le he tocado! ¡Tendré que desinfectarme con lejía!
Barquín aprovecho ese momento para ponerse en pie y mirar mejor a su agresor.
-¿Quién eres…? –Preguntó, aún dolorido-. ¿Y por qué me has hecho eso?
Con un gesto de sumo asco, el ángel recogió su espada y se puso en pie.
-Verás, como ya habrás oído de ese que anda graznando por ahí yo soy Willy. Y… Me han creado para matarte –concluyó, con una sonrisa.
-Oh… pues vaya… -respondió Barquín, retrocediendo poco a poco. En la perrera donde le criaron no le habían enseñado a combatir contra ángeles y se sentía un poco descolocado.
Willy se acercaba a él conforme este retrocedía.
-Créeme, no es nada personal. Es más, preferiría no tener que acercarme a ti pero… así están las cosas.
El ángel agitó su espadón frente a él, haciendo un par de cabriolas, para luego alzarla, preparada para segar la vida de aquel a quien debía matar.
Pero un súbito y devastador golpe por la espalda lo hizo caer de morros al suelo.
-¡Que a mi hermana no la pega nadie excepto yo! ¡Y a mí no se me ignora!
Aarón, vara en mano, había irrumpido en la escena, y lucía más que cabreado.
El ángel se levantó y se hizo crujir los huesos del cuello. Miró a Aarón con cara de pocos amigos.
-Au…
-¡¿Qué les parece eso?! ¡Menudo cambio de trama! ¡Ahora los dos hermanos están unidos para hacer frente a un enemigo inmortal! ¡Hagan sus apuestas!
-¡Hermano, me has salvado! ¡Te quiero! –Gritó Barquín, con lágrimas de felicidad.
-¡Tú a callar! En cuanto me encargue de este verás la que te espera.
-¿Y quién eres tú? –Preguntó el ángel.
-¡Tú peor pesadilla!
Aarón tenía la costumbre de no contestar nunca a las preguntas que se le hacían…
-Él es mi hermano –respondió entonces Barquín-. Aarón, el campeón de los fosos y ahora señor de los bosques de Froxá.
El ángel se volvió ahora hacia Barquín, algo confundido.
-Aha… ¿Y tú eras…?
-Barquín…
-Sí, eso, Barquín, es verdad. Aquel al que debo matar. En fin… Vamos a ello.
Y volvió a alzar su espada. Pero Aarón, cada vez más harto de que ese sujeto le ignorase, volvió a descargar su vara sobre él. Pero esta vez el ángel se giró de improvisto y detuvo la vara con la mano para, a continuación, propinarle a Aarón una patada que lo lanzó por los aires (Lo sé, difícil de creer que esto le pase a Aarón, pero hay que darle interés a la historia…).
Willy, que se había quedado con la vara del bárbaro en la mano, la arrojó lejos y volvió a centrar su atención en Barquín, que ya estaba arrodillado en el suelo rezando un padre nuestro.
Con un grito de furia, el bárbaro se levanto y se lanzó a por el ángel, que volvió a girarse sobre sí mismo para hacerle frente.
-Oye, que a mi nadie me ha mandado matarte ¡Deja que acabe mi trabajo, leches!
-¡Y un jamón! ¡Que a mi hermana solo la pego yo!
Y se lanzó sobre Willy. Ambos rodaron por el suelo, el bárbaro logró quedar encima pero el ángel no tardó en zafarse du su agarre. Se levanto de un salto y abrió sus imponentes alas, que lo alzaron lo suficiente para pasar sobre Aarón y propinarle otra patada que lo derribó.
Barquín aprovechó el momento en que aterrizó para acercársele y… abrazarlo.
-¡Ja! Siente el abrazo de la muerte.
-¡Argh! ¡Suéltame! ¡Qué asco!
De un manotazo se lo quitó de encima. Barquín rodó por el suelo y Willy comenzó a tratar de limpiarse con las manos, entre arcadas. Pero Aarón aprovecho ese momento para ir hasta él y propinarle una serie de golpes que lo derribaron. Entonces el bárbaro recuperó su vara, justo en el momento en que el ángel se ponía de nuevo en pie, espada en mano. Aarón cargó de nuevo contra él, pero Willy batió las alas, levantando una ola de arena que cegó al señor de Froxá. Aprovechando esto, el ángel se elevó un poco y se lanzó de nuevo sobre Barquín, con la espada preparada para matar. El campeón de la Cábala soltó un chillido histérico, viendo su inminente final. Pero entonces Aarón se tiró sobre ángel, agarrándole de las piernas y haciéndole caer al suelo justo en el momento en el que este iba a descargar su espada sobre su hermano. Aunque no pudo evitar que la afilada punta del arma rozase el hombro de Barquín, haciéndole un arañazo.
Cada vez más cansado de la situación, Willy se sacudió a Aarón de una patada y se puso de nuevo en pie, ahora ya cabreado. Barquín se retorcía en el suelo, taponándose aquel rasguño del que apenas habían salido dos gotitas de sangre.
-¡Ay, qué dolor! ¡Me muero, me desangro! ¡Adiós mundo cruel!
Willy miró su espada, en la punta aún había restos de la sangre de Barquín.
-¡Puaj! Esto ya es para tirar…
Y dejó caer la espada.
-¡Ahá! –Gritó entonces Aarón-. ¡Mala jugada! ¡Tontolculo!
Y arremetió contra él, vara en mano. Willy volvió a frenar aquella brutal embestida con sus propias manos. Ahora ambos contrincantes sujetaban la vara y luchaban por hacerse con ella.
-Que pesadito eres –gruñó el ángel.
-¡Deja a mi hermana en paz!
-¡Si me encantaría! ¡¿Tú sabes el yuyu que da?! ¡Pero es que me han creado para matarle!
-¡Entonces acabaré contigo!
-Qué cruz…
De pronto las manos del ángel, que asían con fuerza la vara de Aarón, comenzaron a destilar una luz blanca, mientras que la propia vara refulgía con su luz verde. Ambas energías habían colisionado. La energía de luz del maná blanco que insuflaba la vida, y la energía vital del maná verde, que hacía crecer la vida. Ambas fuerzas eran afines por lo que, por ende, hacían que Willy se hiciese cada vez más fuerte.
-¡Anda! ¡Esto no está tan mal! –Dijo el ángel.
-¡Devuélveme mi palo de mierda! ¡O esa estúpida voz no me devolverá mi espada!
Aarón hizo acopió de todas sus fuerzas para arrancarle su vara de las manos al ángel, pero este cada vez se hacía más fuerte gracias al poder de la misma.
-Me tienes hasta las narices con tu palito –dijo el ángel-. ¿Lo quieres? ¡Pues para ti!
Lo soltó de una mano y, con la misma, partió la vara en dos.
Gran error…
Hubo un tremendo fogonazo de luz verde que hizo que Aarón volase a varios metros de allí. El bárbaro, mascullando improperios, se puso de nuevo en pie, para darle a ese ángel un buen escarmiento. Pero al parecer eso no iba a ser necesario.
Willy estaba atrapado dentro de una fuente de llamas verdes que emergían de los dos extremos de vara partida. Sin habérselo propuesto había fusionado su propia energía con la energía del bosque de Froxá y ahora no lograba despegarse de ella. Maldijo para sus adentros a su creador por no darle una nociones básicas sobre la energía de los distintos manás.
El ángel trataba de elevarse en él aire, de escapar de esas llamar que se retorcían en torno a su cuerpo y tiraban de él. Agitó sus alas con todas y sus fuerzas y, tras un esfuerzo final, logró alzar el vuelo. Pero se dejó algo por el camino…
Las piernas del ángel se habían quedado ahí, arrancadas de cuajo. Con una maldición a pleno pulmón, el tullido ángel se perdió de vista en el cielo.
Aarón se acercó hasta los vestigios de lo que fue su vara, que se consumieron entre llamas verdes juntos a las extremidades perdidas del ángel, hasta desaparecer.
Silencio absoluto. El público ni pestañaba. Aún estaban alucinando con el espectáculo que acaban de presenciar.
Tuvo que ser Marcos el que avivara de nuevo las llamas del show.
-¡Que increíble final, damas y caballeros! ¡Los dos hermanos, luchando codo con codo, han logrado hacer retroceder al ángel vengador! ¡Un fuerte aplauso!
Y ahora sí. El público estalló de nuevo en gritos y alabanzas hacia los campeones.
Pero había alguien que no sonreía. Juan, el Patriarca de la Cábala, estaba realmente preocupado. Al parecer Aarón y Barquín no eras los únicos baches en su camino.
Llamó mentalmente a Marcos, que se presentó de inmediato en el palco de honor.
-¿Señor?
-Tengo que hablar con Aarón…
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