-¡Que increíble final, damas y caballeros! ¡Los dos hermanos, luchando codo con codo, han logrado hacer retroceder al ángel vengador! ¡Un fuerte aplauso!
Con un gruñido, Oli lanzó el mando a distancia contra su enorme tele de plasma, reventándola.
-¡Vaya mierda! ¡¿Cómo se atreven a hacerle eso a mi creación?! Ese maldito Aarón… ¡Hermano de Barquín tenía que ser! ¡¿Pero qué diablos le he hecho yo a esa familia?!
Se levanto de su sillón, hecho una furia y salió a su enorme balcón, donde observó el cielo del atardecer. Un punto se acercaba. Oli entrecerró los ojos para verlo mejor. Algo revoloteaba torpemente hacía él. Pronto fue adquiriendo forma, conforme se acercaba. Era Willy. Oli retrocedió un poco y el ángel aterrizó, pesadamente, sobre el impoluto suelo de mármol blanco. No tenía piernas, y había comenzado a dejar un charco de sangre a su alrededor.
-¡¿Pero qué estás haciendo?! –Gritó Oli-. ¡Mira cómo me estás poniendo el suelo!
El semblante del ángel pasó del dolor a la sorpresa y luego… a la más absoluta ira homicida.
-¿El suelo…? –Masculló, entre dientes.
Asustado, Oli veía como su creación avanzaba hacia él, con cara de asesino, impulsándose con los brazos, arrastrando sus alas y esparciendo su sangre tras él.
-Qui… Quieto… que estás poniendo el suelo peor… -decía Oli, cada vez más nervioso, al ver esos ojos inyectados en sangre.
-Lo mato… -gruñía el ángel.
-¡Vale, vale, perdona! Vamos, que no es para tanto.
-¡¿Que no es para tanto?! ¡Mírame! ¡Ahora en vez de ser el ángel vengador seré el ángel vendedor de cupones! ¡Por tu culpa, mamón!
-¡¿Por mi culpa?!
-¡Sí, por tu culpa! No me dijiste nada del tipo ese, del… como se llame… del… hermano de este otro… este… ¿Cómo era…?
-Barquín…
-Sí, eso. ¡No me dijiste nada de él! ¡Es una mala bestia! ¡Y tampoco me hablaste del poder que tenía! ¡No me dijiste nada!
-¡¿Cómo iba a saber yo que no sabía nada?!
-¡Tío, que nací ayer!
Oli dio un suspiro.
-Bueno, no es el fin del mundo. Podrás llevar una vida más o menos digna.
-¡ARGH!
Willy agitó las alas y se lanzó sobre él, estrangulándole.
-¡Va… vale…! ¡Te arreglare…! ¡Pero suéltame, que me ahogas…!
El ángel le liberó de su agarre y Oli se puso en pie.
-Está bien. Supongo que aún no eras perfecto, pero eso voy a arreglarlo ahora mismo –miró a su tullida creación, con serio semblante-. ¿Estás dispuesto a…?
-¡Que lo hagas de una puta vez!
-¡Vale, vale, joder! Solo quería darle más dramatismo a la historia. Bien, veamos… -el artista dio un silbido y, al cabo de un par de minutos, un jaguar blanco se presentó en la terraza-. He aquí tus nuevas piernas.
El ángel paseó su mirada del jaguar al creador, con una ceja alzada.
-¿Perdón?
-Si quieres estar completo. Si deseas ser perfecto, toma lo que necesites de ese animal.
-¿Me estás diciendo que le arranque las patas a ese pobre bicho? ¡Tú estás mal!
-No solo las patas. El cuerpo. Todo, menos la cabeza. Vamos.
El ángel observó durante unos segundos al artista con una fría mirada para, a continuación, alzar un puño y tensar sus alas, preparado para arremeter contra su creador y reventarle la cabeza.
-¡Vale, de acuerdo! No hagas nada. Ya me ocupo yo…
Oli se sacó hoja y carboncillo de uno de los bolsillos de su túnica, se sentó en el suelo y comenzó a garabatear en ellas.
-Sitúate junto a él –le indició a su creación.
Willy obedeció y se arrastró hasta el sumiso jaguar, al que acarició la cabeza.
Oli terminó de su dibujo, cerró los ojos y se concentró, aunando todas sus fuerzas en aquel deseo.
Cuando los abrió tenía ante él a su obra definida. Más alto, más letal. Willy, de cintura para arriba seguía igual, pero de cintura para abajo poseía un enorme cuerpo de jaguar. Para haceros una idea… Era como un centauro pero con cuerpo felino.
-Ya está… -dijo Oli, en un suspiro. Aquello le había agotado-. Ahora sí que eres perfecto. El arma perfecta. Contigo como guardián estaré a salvo.
Willy se miraba de arriba abajo, ceñudo.
-Sí, lo que quieras, pero… ¿Qué coño se supone que soy ahora?
-Bueno, pues… Un especie de… ángel-jaguar-centauro… Aunque, de perfil, tiras más a esfinge.
-Y tú tiras a tonto. A tonto del culo.
Oli se puso en pie.
-Bien, ahora sí que serás invencible. ¡La próxima vez matarás a Barquín!
-¿A quién?
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