jueves, 16 de febrero de 2012

Capítulo 15: La Gran Inauguración

Marcos observaba todo a su alrededor, con gesto complacido.

-Vaya… No lo habéis hecho mal.

-¿Verdad? ¡Soy un genio! –Saltó Barquín.

El invocador acababa de llegar al nuevo Coliseo y le había echado un buen vistazo.

-El Patriarca está al llegar –soltó de pronto.

-¡¿Qué?! ¡Ay, Dios! ¡AY, DIOS!

El muy nervioso Barquín comenzó a dar vuelta en el reducido espacio de su jaula.

-Vamos, cálmate, seguro que le gusta –dijo un muy animado Murga.

Marcos observó al tío barbudo y a su burro gigante.

-¿Y estos quiénes son?

-Él es Murga, muy capataz y mejorcísimo amigo –contestó Barquín, con una sonrisa-. Jo, nos llevamos tan bien… Y el burro es Tiburón. ¡Somos muy muy amigos!

-Sí, eso… -respondió Murga, con una forzada sonrisa.

-Ya… que bien… -añadió Marcos, con una sonrisa igual de forzada, sintiéndolo enormemente por Murga.

Pero pronto Barquín volvió a la realidad.

-¡Ah! ¡El Patriarca! ¡¿Cuándo dices que…?!

Unas trompetas le interrumpieron.

-Ya está aquí –respondió Marcos, con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Argh! ¡No estoy presentable! ¡Tengo que arreglarme!

Marcos, Murga y Tiburón se echaron a reír ante la confusa mirada del campeón de la Cábala, que no entendía el motivo de las risas.

No muy lejos de allí el Patriarca desembarcaba en el caldero del Pantano. Observó el imponente Coliseo con una mezcla de satisfacción y desilusión.

-Aún no puedo creerme que lo haya conseguido pero…. ¡El caso es que está genial! ¡La de pasta que voy a ganar! –Reía.

Un carruaje de metal vino a recogerle para llevarle hasta las mismas puertas del Coliseo. Por el camino observaba las tiendas y puestos de comida que habían abierto. El Pantano de la Rabia se había convertido en una feria. Aquello atraería a una inmensa multitud de gente. ¡Dinero, dinero, dinero! Juan se frotaba las manos.

El carruaje se detuvo, y en cuanto Juan se bajó de él una multitud le rodeo y se arrodillo, adorándole entre lágrimas de felicidad. Y lanzados gritos de júbilo.

-¡El Patriarca al vuelto!

-¡Estamos salvados!

-¡Señor, tenga piedad de nosotros!

-¡Llévese a ese ser!

-¡No aguantamos más!

-¡O al menos mátenos!

Estaba claro de quién hablaban…

Juan dio un largo suspiro. Nos les culpaba. Es más, hasta se compadecía de ellos.

-Mis queridos obreros –dijo-. Han sido vuestras manos las que han erigido mi nueva casa. Una casa para todos. Solo puedo daros las gracias. Tenéis mi palabra de que seréis recompensados por vuestros esfuerzos y… Por lo que habéis tenido que soportar…

Una nueva ola de vítores siguió a aquellas palabras de aliento.

-¡Alabado sea el Patriarca!

-¡Bendito sea!

-¡Le queremos!

-¡Pero no olvide llevarse a ese ser!

Aquello mejoraba por momentos. La insoportable presencia de Barquín había provocado que sus súbditos le idolatrasen cada vez más. A cada segundo que pasaba Juan estaba más convencido de que al final aquella idea fue aún mejor de lo que creyó en un primer momento. Se sentía hasta de buen humor, cosa inusual en él. Pero eso no duró mucho…

-¡Mi señor!

Aquella vomitiva voz era inconfundible…

Allí estaba. Dentro de su jaula, que era arrastrada por un burro de extrañas proporciones. Marcos y otro sujeto con barbas (que parecía ir golpeando el aire con unas varillas invisibles), caminaban también hacia él, a una distancia prudencial de la jaula.

La gente que se había congregado alrededor del Patriarca salió en estampida de allí. Gritando, pisoteándose entre ellos, vomitando…

El patriarca aprovechó hasta que llegaran hasta él para ensayar alguna sonrisa creíble.

El burro se detuvo a un escaso metro del señor de la Cábala y Barquín, que estaba pegado a los barrotes de su jaula con una desencajada sonrisa de satisfacción, agitaba la mano efusivamente a forma de saludo, a través de los barrotes.

-¡Señor! ¡No sabe cuánto me alegro de verle! ¡¿Ha venido para la inauguración?! ¡No puedo creerlo! ¡Parece un sueño! ¡¿Qué le parece el Coliseo?! ¡¿Le gusta?! ¡Me he esforzado mucho! ¡¿Qué la parece sí…?!

-¡Cállate! –Bramó Juan. Carraspeó y trató de serenarse-. Bien… He decir que me congratula el resultado. Es un hermoso Coliseo ¿A quién debo darle las gracias?

Marcos señaló con el pulgar a Murga, que estaba a su lado.

-A este.

-¡¿Qué?! ¡Pero si el encargado era yo! –Gritaba Barquín, pero nadie la hacía caso.

-¿Cuál es tu nombre?

-Murga. Y este es Tiburón –dijo señalando a su burro gigante-. Usted es el Patriarca de la Cábala ¿no? Es un gran honor, le daría la mano pero… ya sabe, eso me mataría y como que no me hace mucha gracia –y soltó una estúpida carcajada.

-¿Cómo lograste hacer todo esto?

-Al parecer Barquín terminó delegando en él (justo como habíamos pensado) –se tomó Marcos la libertad de contestar.

Juan frunció el ceño, algo escéptico.

-¿Y te escucharon?

-¡Cualquier cosa antes que tener que ir a hablar con eso! –Se oyó una voz a lo lejos.

Miraron en todas direcciones pero no vieron a nadie. Se encogieron de hombros y siguieron con su conversación.

-No es tan sorprendente –contestó Murga-. Tengo buen trato con la gente y había muy buena mano de obra. Fue fácil.

-¿Y de donde sacaste a los feriantes? –Quiso saber ahora al Patriarca-. Yo había pensado en ello cuando el Coliseo estuviese terminado pero aún no había hablado con nadie.

-Ah, pues… Llamé a unos amigos que llamaron a otros amigos, que también eran amigos míos y… Bueno, al final se formó aquí un buen mercado.

Juan sonrió.

-Vaya… interesante…

-¡Eh! ¡¿Y yo qué?! ¡Que me he esforzado mucho! ¡Yo dibujé unos planos! ¡Me costaron mucho! ¡Eh! ¡¿Hola?! ¡Jo! ¡Hacedme caso! –Chillaba Barquín, colgándose de los barrotes y lloriqueando para llamar la atención, pero nadie le hacía ni puto caso.

De pronto un goblin se acercó y le dijo algo a Marcos, que sonrió.

-Señor –dijo Marcos, refiriéndose al Patriarca-. Nos informan de que Aarón viene hacía acá. Al parecer encabezando un ejército salido del Bosque de Froxá.

-Antes de lo que esperábamos –respondió Juan, con una maliciosa sonrisa-. ¿Qué mejor atracción para la inauguración de mi Coliseo que un combate entre el actual campeón de la Cábala y el ex campeón de los fosos? Aarón y Barquín, los dos hermanos enfrentados. Refriegas familiares, sangre… ¡Es perfecto! ¡Vamos! ¡Hay mucho que hacer! Marcos, comienza con la publicidad, ya puedes vender todas las entradas que haya. Quiero el Coliseo lleno.

-Eso está hecho.

-Y tú, Murga. Encárgate de organizar todos los puestos. Diles que pronto llegará una descomunal masa de gente.

-A mandar.

-¡¿Y yo?! ¡Yo que hago!

-¡Callarte la boca! ¡Tú irás a tu mazmorra para prepararte para el combate contra tu hermano!

-Vale.

-Bien… ¡Vosotros! ¡Marcos, Murga y… bueno, y Barquín! –Dijo el Patriarca, señalándoles uno por uno-. ¡Vosotros tres seréis los que convirtáis mi nuevo Coliseo en la mayor atracción del mundo!

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