viernes, 1 de junio de 2012
Epílogo: El Principio De Una Nueva Era
Capítulo 28: Silencio
Capítulo 27: El Último Recurso
Capítulo 26: Encuentro Predestinado
Capítulo 25: El Principio Del Fin
lunes, 28 de mayo de 2012
Capítulo 24: El Verdadero Enemigo
Capítulo 23: Las Sierpes De La Muerte
Capítulo 22: La Batalla De Olilandia
Capítulo 21: Se Inicia La Guerra
viernes, 17 de febrero de 2012
Capítulo 20: El Pacto
Barquín, Aarón, Cara Pedrusco, Murga y Marcos se hallaban en la sala de audiencias del Patriarca, donde el susodicho ocupaba su trono de negro y retorcido metal.
-Bien, hablaré claro –dijo Juan-. Aarón, quiero que tú y yo nos unamos.
-¡Y yo quiero un castillo hecho de oro, no te jode!
-Ahora tenemos un enemigo común, necesitamos unir fuerzas para derrotarle.
-¡No necesito ayuda!
-Deja de ser tan obstinado. Nos enfrentamos a un enemigo muy fuerte. Debemos unirnos y destruir al ángel.
-¿Pero de dónde ha salido? –Preguntó Murga.
-He estado mirando en mi bola de cristal y he dado con sus orígenes –respondió el Patriarca-. En el norte ha emergido, en cuestión de un día, todo un reino.
-¿Pero cómo? –Quiso saber ahora Cara Pedrusco-. ¿Acaso allí hay otro Gitani?
-O eso o ahora venden semillas instantáneas de reinos –rió Murga.
-Ni lo uno ni lo otro –habló de nuevo Juan-. Todo es obra de Oli.
Aquel nombre pareció ser familiar para todos los presentes, excepto para Aarón, que se distraía mirando mal a todos los presentes.
-¿De qué me suena ese nombre? –Se preguntaba Murga.
-Fue el anterior campeón de la Cábala –contestó Marcos-. Hasta que Barquín lo derrotó a él y a su… pelele…
-¿Y cómo es que tiene semejante poder?
-No lo sé –respondió ahora el Patriarca-. Pero ha sido capaz de crear un ser que ha logrado colarse en mi nuevo Coliseo y darles una buena zurra a los dos campeones.
-¡Me pilló distraído! ¡Y encima mi palo se volvió loco! ¡Ya verás cuando le vuelva a pillar! –Estalló Aarón, furioso.
-Sea como sea, debemos acabar con Oli para que no siga extendiendo su reino –declaró Juan-. Y para eso debemos acabar primero con el ángel.
-¿Y cómo hacemos eso? –Preguntó Marcos.
Juan mostró una siniestra sonrisa.
-No os preocupéis, lo tengo todo pensado.
De nuevo, en las arenas del Coliseo, había una gran conmoción. El Patriarca había salido a escena, acompañado de los dos campeones y sus hombres. Al parecer iban a dar una noticia de suma importancia.
Unos ogros enormes hicieron acto de presencia, portaban una enorme fragua, que depositaron en el centro de la arena y encendieron con una antorcha. Después, dos goblins, portando cada uno un enorme estuche negro, los depositaron junto a la fragua.
Juan se situó junto a la ardiente fragua y hablo, proyectando mágicamente su voz a todo el Coliseo:
-Mi querido público. Hoy es un día que pasará a formar parte de nuestra historia. Hoy, en este día, la Cábala y el bosque de Froxá se unirán para hacer frente a un enemigo común.
-¡Eh! ¡Que yo he dicho que no! –Gritó Aarón, pero Juan le ignoró.
-En el norte ha crecido una amenaza como nadie se imagina. Pero no debéis preocuparos. Nosotros la destruiremos.
Aunque no entendían muy bien de qué iba la cosa, el público vitoreaba al Patriarca. Juan prosiguió con su discurso.
-Nuestro enemigo es inmortal pero… -Juan abrió un de los estuches, y extrajo de él una espada negra y retorcida-. He aquí a Espina del Diablo, la espada maldita con la que en su día fui campeón de las arenas –la gente aplaudía, eufórica. Juan abrió el otro estuche y extrajo otra espada, más grande y basta-. Y he aquí a Mata Estúpidos, la espada con la que Aarón se convirtió en una leyenda viva de los fosos.
-¡Eh, mi otra espada! ¡Así que la tenías tú! ¡Ladrón! ¡Dámela!
Pero los ensordecedores gritos del público taparon las sonoras demandas de Aarón.
Juan arrojó ambas espadas al interior de la ardiente fragua. Una columna de luz roja y sombras salieron eyectadas del interior, como un geiser. El público enmudeció ante tan increíble espectáculo.
A los pocos segundos, una nueva y enorme espada negra emergió del interior de la fragua, flotando frente a Juan, rodeada de un aura de fuego y sombras.
Juan la tomó por la empuñadura y la alzó.
-¡Observad a Segadora Letal! ¡En esta espada están aunados el ardiente poder rojo de las montañas y el negro poder de los pantanos de los que emergió la Cábala! ¡Juntos, eclipsaran y destruirán la luz del ángel asesino!
Más gritos de satisfacción por parte del público.
-¡Ahora, la Cábala y Froxá partirán al norte, a las Tierras de Pesadilla, llamadas también Olilandia, el enemigo de esta tierra! ¡Destruiremos al ángel y someteremos a ese reino maldito! ¡Esto es una guerra, mí querido público! Y… ¡Todo el que quiera podrá asistir para verlo en primera fila!
Ahora sí que el griterío se hizo ensordecedor. Aquello sí que merecía la pena ser alabado. Solo al Patriarca podría ocurrírsele convertir una guerra en un espectáculo abierto para los curiosos y los amantes del riesgo.
-¡Señor, esta vez se ha superado a sí mismo! –Saltó Marcos-. ¡Este espectáculo si que será toda un éxito!
-Sí –coincidió el Patriarca, con una sonrisa-. Y no será nada barato. ¡Marcos! ¡Empieza a prepararlo todo!
-¡A sus órdenes!
-¡¿Y yo qué?! ¡¿Qué hago?! –Gritaba Barquín.
-¡A tú jaula!
-Jo…
Todos se marcharon a preparar aquel gran evento. Pero alguien no se movió de allí. Juan sintió la penetrante mirada de Aarón sobre él.
-¿Qué ocurre?
Aarón le mostró su amenazador puño.
-¡Dame mi espada!
Juan sonrió.
-Desde luego, aquí la tienes –y le tendió la espada al bárbaro-. ¿Quién mejor que tú para acabar con el ángel? La gente pagará una fortuna por ver ese encuentro.
-¡Calla! –Aarón miró hacia el cielo, con su amenazadora mirada entrecerrada-. Ahora solo me falta recuperar mi otra espada…
Capítulo 19: Renacer
-¡Que increíble final, damas y caballeros! ¡Los dos hermanos, luchando codo con codo, han logrado hacer retroceder al ángel vengador! ¡Un fuerte aplauso!
Con un gruñido, Oli lanzó el mando a distancia contra su enorme tele de plasma, reventándola.
-¡Vaya mierda! ¡¿Cómo se atreven a hacerle eso a mi creación?! Ese maldito Aarón… ¡Hermano de Barquín tenía que ser! ¡¿Pero qué diablos le he hecho yo a esa familia?!
Se levanto de su sillón, hecho una furia y salió a su enorme balcón, donde observó el cielo del atardecer. Un punto se acercaba. Oli entrecerró los ojos para verlo mejor. Algo revoloteaba torpemente hacía él. Pronto fue adquiriendo forma, conforme se acercaba. Era Willy. Oli retrocedió un poco y el ángel aterrizó, pesadamente, sobre el impoluto suelo de mármol blanco. No tenía piernas, y había comenzado a dejar un charco de sangre a su alrededor.
-¡¿Pero qué estás haciendo?! –Gritó Oli-. ¡Mira cómo me estás poniendo el suelo!
El semblante del ángel pasó del dolor a la sorpresa y luego… a la más absoluta ira homicida.
-¿El suelo…? –Masculló, entre dientes.
Asustado, Oli veía como su creación avanzaba hacia él, con cara de asesino, impulsándose con los brazos, arrastrando sus alas y esparciendo su sangre tras él.
-Qui… Quieto… que estás poniendo el suelo peor… -decía Oli, cada vez más nervioso, al ver esos ojos inyectados en sangre.
-Lo mato… -gruñía el ángel.
-¡Vale, vale, perdona! Vamos, que no es para tanto.
-¡¿Que no es para tanto?! ¡Mírame! ¡Ahora en vez de ser el ángel vengador seré el ángel vendedor de cupones! ¡Por tu culpa, mamón!
-¡¿Por mi culpa?!
-¡Sí, por tu culpa! No me dijiste nada del tipo ese, del… como se llame… del… hermano de este otro… este… ¿Cómo era…?
-Barquín…
-Sí, eso. ¡No me dijiste nada de él! ¡Es una mala bestia! ¡Y tampoco me hablaste del poder que tenía! ¡No me dijiste nada!
-¡¿Cómo iba a saber yo que no sabía nada?!
-¡Tío, que nací ayer!
Oli dio un suspiro.
-Bueno, no es el fin del mundo. Podrás llevar una vida más o menos digna.
-¡ARGH!
Willy agitó las alas y se lanzó sobre él, estrangulándole.
-¡Va… vale…! ¡Te arreglare…! ¡Pero suéltame, que me ahogas…!
El ángel le liberó de su agarre y Oli se puso en pie.
-Está bien. Supongo que aún no eras perfecto, pero eso voy a arreglarlo ahora mismo –miró a su tullida creación, con serio semblante-. ¿Estás dispuesto a…?
-¡Que lo hagas de una puta vez!
-¡Vale, vale, joder! Solo quería darle más dramatismo a la historia. Bien, veamos… -el artista dio un silbido y, al cabo de un par de minutos, un jaguar blanco se presentó en la terraza-. He aquí tus nuevas piernas.
El ángel paseó su mirada del jaguar al creador, con una ceja alzada.
-¿Perdón?
-Si quieres estar completo. Si deseas ser perfecto, toma lo que necesites de ese animal.
-¿Me estás diciendo que le arranque las patas a ese pobre bicho? ¡Tú estás mal!
-No solo las patas. El cuerpo. Todo, menos la cabeza. Vamos.
El ángel observó durante unos segundos al artista con una fría mirada para, a continuación, alzar un puño y tensar sus alas, preparado para arremeter contra su creador y reventarle la cabeza.
-¡Vale, de acuerdo! No hagas nada. Ya me ocupo yo…
Oli se sacó hoja y carboncillo de uno de los bolsillos de su túnica, se sentó en el suelo y comenzó a garabatear en ellas.
-Sitúate junto a él –le indició a su creación.
Willy obedeció y se arrastró hasta el sumiso jaguar, al que acarició la cabeza.
Oli terminó de su dibujo, cerró los ojos y se concentró, aunando todas sus fuerzas en aquel deseo.
Cuando los abrió tenía ante él a su obra definida. Más alto, más letal. Willy, de cintura para arriba seguía igual, pero de cintura para abajo poseía un enorme cuerpo de jaguar. Para haceros una idea… Era como un centauro pero con cuerpo felino.
-Ya está… -dijo Oli, en un suspiro. Aquello le había agotado-. Ahora sí que eres perfecto. El arma perfecta. Contigo como guardián estaré a salvo.
Willy se miraba de arriba abajo, ceñudo.
-Sí, lo que quieras, pero… ¿Qué coño se supone que soy ahora?
-Bueno, pues… Un especie de… ángel-jaguar-centauro… Aunque, de perfil, tiras más a esfinge.
-Y tú tiras a tonto. A tonto del culo.
Oli se puso en pie.
-Bien, ahora sí que serás invencible. ¡La próxima vez matarás a Barquín!
-¿A quién?
Capítulo 18: Un Enemigo Común
Marcos llegó dando saltos hasta el palco de honor del Patriarca, desde donde el absoluto dirigente de la Cábala estaba observando el combate.
-Señor ¿Y ahora qué hacemos? –Preguntó el invocador, que se había quedado sin ideas.
Juan observaba la blanca figura que había osado irrumpir en su Coliseo, con neutro semblante.
-Que el espectáculo continúe –declaró.
-Pero…
Juan le fulminó con la mirada y Marcos se marchó de allí como una flecha, entre nerviosas risitas.
Mientras, en la arena, el ángel seguía observando, con curiosidad, al público, que aún le miraba en completo mutismo. Nadie entendía que había pasado.
-¡Eh, tú!
Dándose por aludido, el ángel plegó sus alas y se volvió hacia Aarón, mirándole como si acabara de reparar en su presencia.
-¡Nadie le pega a mi hermana!
El ángel sonrió.
-He venido a matar a… a… -pareció quedarse en blanco.
-¡Señoras y señores, tenemos a un nuevo luchador! –Marcos pegó un saltó y aterrizó sobre la arena. Luego corrió hasta el ángel-. ¿Puede decirme su nombre?
-Willy.
-¡Willy, el ángel! ¡Que acaba de darle un buen golpe a nuestro capeón, Barquín!
-¡Sí, eso, Barquín! –Saltó de pronto Willy, que parecía haber logrado desentrañar una gran incógnita personal. Observó el maltrecho cuerpo que se retorcía a unos metros de él con una sonrisa-. Menos mal que no me equivoqué.
Con un suspiro de alivio y recuperando su sonrisa, el ángel desenvainó su enorme espadón y camino hacía Barquín. Marcos hizo mutis de allí y regresó a las gradas.
-¡Parece que el ángel está dispuesto a rematar su tarea!
Cuando Willy ya se cernía sobre él, Barquín se movió y el ángel pudo verle bien. Rápidamente retrocedió de un salto y dejó caer su espada, espantado.
-¡Oh, dios! ¡¿Qué es eso?! –Se hincó sobre una rodilla y comenzó a frotarse la pierna-. ¡Qué asco! ¡Le he tocado! ¡Tendré que desinfectarme con lejía!
Barquín aprovecho ese momento para ponerse en pie y mirar mejor a su agresor.
-¿Quién eres…? –Preguntó, aún dolorido-. ¿Y por qué me has hecho eso?
Con un gesto de sumo asco, el ángel recogió su espada y se puso en pie.
-Verás, como ya habrás oído de ese que anda graznando por ahí yo soy Willy. Y… Me han creado para matarte –concluyó, con una sonrisa.
-Oh… pues vaya… -respondió Barquín, retrocediendo poco a poco. En la perrera donde le criaron no le habían enseñado a combatir contra ángeles y se sentía un poco descolocado.
Willy se acercaba a él conforme este retrocedía.
-Créeme, no es nada personal. Es más, preferiría no tener que acercarme a ti pero… así están las cosas.
El ángel agitó su espadón frente a él, haciendo un par de cabriolas, para luego alzarla, preparada para segar la vida de aquel a quien debía matar.
Pero un súbito y devastador golpe por la espalda lo hizo caer de morros al suelo.
-¡Que a mi hermana no la pega nadie excepto yo! ¡Y a mí no se me ignora!
Aarón, vara en mano, había irrumpido en la escena, y lucía más que cabreado.
El ángel se levantó y se hizo crujir los huesos del cuello. Miró a Aarón con cara de pocos amigos.
-Au…
-¡¿Qué les parece eso?! ¡Menudo cambio de trama! ¡Ahora los dos hermanos están unidos para hacer frente a un enemigo inmortal! ¡Hagan sus apuestas!
-¡Hermano, me has salvado! ¡Te quiero! –Gritó Barquín, con lágrimas de felicidad.
-¡Tú a callar! En cuanto me encargue de este verás la que te espera.
-¿Y quién eres tú? –Preguntó el ángel.
-¡Tú peor pesadilla!
Aarón tenía la costumbre de no contestar nunca a las preguntas que se le hacían…
-Él es mi hermano –respondió entonces Barquín-. Aarón, el campeón de los fosos y ahora señor de los bosques de Froxá.
El ángel se volvió ahora hacia Barquín, algo confundido.
-Aha… ¿Y tú eras…?
-Barquín…
-Sí, eso, Barquín, es verdad. Aquel al que debo matar. En fin… Vamos a ello.
Y volvió a alzar su espada. Pero Aarón, cada vez más harto de que ese sujeto le ignorase, volvió a descargar su vara sobre él. Pero esta vez el ángel se giró de improvisto y detuvo la vara con la mano para, a continuación, propinarle a Aarón una patada que lo lanzó por los aires (Lo sé, difícil de creer que esto le pase a Aarón, pero hay que darle interés a la historia…).
Willy, que se había quedado con la vara del bárbaro en la mano, la arrojó lejos y volvió a centrar su atención en Barquín, que ya estaba arrodillado en el suelo rezando un padre nuestro.
Con un grito de furia, el bárbaro se levanto y se lanzó a por el ángel, que volvió a girarse sobre sí mismo para hacerle frente.
-Oye, que a mi nadie me ha mandado matarte ¡Deja que acabe mi trabajo, leches!
-¡Y un jamón! ¡Que a mi hermana solo la pego yo!
Y se lanzó sobre Willy. Ambos rodaron por el suelo, el bárbaro logró quedar encima pero el ángel no tardó en zafarse du su agarre. Se levanto de un salto y abrió sus imponentes alas, que lo alzaron lo suficiente para pasar sobre Aarón y propinarle otra patada que lo derribó.
Barquín aprovechó el momento en que aterrizó para acercársele y… abrazarlo.
-¡Ja! Siente el abrazo de la muerte.
-¡Argh! ¡Suéltame! ¡Qué asco!
De un manotazo se lo quitó de encima. Barquín rodó por el suelo y Willy comenzó a tratar de limpiarse con las manos, entre arcadas. Pero Aarón aprovecho ese momento para ir hasta él y propinarle una serie de golpes que lo derribaron. Entonces el bárbaro recuperó su vara, justo en el momento en que el ángel se ponía de nuevo en pie, espada en mano. Aarón cargó de nuevo contra él, pero Willy batió las alas, levantando una ola de arena que cegó al señor de Froxá. Aprovechando esto, el ángel se elevó un poco y se lanzó de nuevo sobre Barquín, con la espada preparada para matar. El campeón de la Cábala soltó un chillido histérico, viendo su inminente final. Pero entonces Aarón se tiró sobre ángel, agarrándole de las piernas y haciéndole caer al suelo justo en el momento en el que este iba a descargar su espada sobre su hermano. Aunque no pudo evitar que la afilada punta del arma rozase el hombro de Barquín, haciéndole un arañazo.
Cada vez más cansado de la situación, Willy se sacudió a Aarón de una patada y se puso de nuevo en pie, ahora ya cabreado. Barquín se retorcía en el suelo, taponándose aquel rasguño del que apenas habían salido dos gotitas de sangre.
-¡Ay, qué dolor! ¡Me muero, me desangro! ¡Adiós mundo cruel!
Willy miró su espada, en la punta aún había restos de la sangre de Barquín.
-¡Puaj! Esto ya es para tirar…
Y dejó caer la espada.
-¡Ahá! –Gritó entonces Aarón-. ¡Mala jugada! ¡Tontolculo!
Y arremetió contra él, vara en mano. Willy volvió a frenar aquella brutal embestida con sus propias manos. Ahora ambos contrincantes sujetaban la vara y luchaban por hacerse con ella.
-Que pesadito eres –gruñó el ángel.
-¡Deja a mi hermana en paz!
-¡Si me encantaría! ¡¿Tú sabes el yuyu que da?! ¡Pero es que me han creado para matarle!
-¡Entonces acabaré contigo!
-Qué cruz…
De pronto las manos del ángel, que asían con fuerza la vara de Aarón, comenzaron a destilar una luz blanca, mientras que la propia vara refulgía con su luz verde. Ambas energías habían colisionado. La energía de luz del maná blanco que insuflaba la vida, y la energía vital del maná verde, que hacía crecer la vida. Ambas fuerzas eran afines por lo que, por ende, hacían que Willy se hiciese cada vez más fuerte.
-¡Anda! ¡Esto no está tan mal! –Dijo el ángel.
-¡Devuélveme mi palo de mierda! ¡O esa estúpida voz no me devolverá mi espada!
Aarón hizo acopió de todas sus fuerzas para arrancarle su vara de las manos al ángel, pero este cada vez se hacía más fuerte gracias al poder de la misma.
-Me tienes hasta las narices con tu palito –dijo el ángel-. ¿Lo quieres? ¡Pues para ti!
Lo soltó de una mano y, con la misma, partió la vara en dos.
Gran error…
Hubo un tremendo fogonazo de luz verde que hizo que Aarón volase a varios metros de allí. El bárbaro, mascullando improperios, se puso de nuevo en pie, para darle a ese ángel un buen escarmiento. Pero al parecer eso no iba a ser necesario.
Willy estaba atrapado dentro de una fuente de llamas verdes que emergían de los dos extremos de vara partida. Sin habérselo propuesto había fusionado su propia energía con la energía del bosque de Froxá y ahora no lograba despegarse de ella. Maldijo para sus adentros a su creador por no darle una nociones básicas sobre la energía de los distintos manás.
El ángel trataba de elevarse en él aire, de escapar de esas llamar que se retorcían en torno a su cuerpo y tiraban de él. Agitó sus alas con todas y sus fuerzas y, tras un esfuerzo final, logró alzar el vuelo. Pero se dejó algo por el camino…
Las piernas del ángel se habían quedado ahí, arrancadas de cuajo. Con una maldición a pleno pulmón, el tullido ángel se perdió de vista en el cielo.
Aarón se acercó hasta los vestigios de lo que fue su vara, que se consumieron entre llamas verdes juntos a las extremidades perdidas del ángel, hasta desaparecer.
Silencio absoluto. El público ni pestañaba. Aún estaban alucinando con el espectáculo que acaban de presenciar.
Tuvo que ser Marcos el que avivara de nuevo las llamas del show.
-¡Que increíble final, damas y caballeros! ¡Los dos hermanos, luchando codo con codo, han logrado hacer retroceder al ángel vengador! ¡Un fuerte aplauso!
Y ahora sí. El público estalló de nuevo en gritos y alabanzas hacia los campeones.
Pero había alguien que no sonreía. Juan, el Patriarca de la Cábala, estaba realmente preocupado. Al parecer Aarón y Barquín no eras los únicos baches en su camino.
Llamó mentalmente a Marcos, que se presentó de inmediato en el palco de honor.
-¿Señor?
-Tengo que hablar con Aarón…